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jueves, 7 de octubre de 2010

AFÁN DE FAMA


Hombre, mujer, ¿por qué te afanas tanto por tener nombre, prestigio y fama?
¿Por qué perder la paz, el sosiego, el equilibrio porque los demás te conozcan, te nombren, te alaben...?
¡Cuánto trabajo, cuánto esfuerzo, cuántos sinsabores, cuánto tiempo perdido por construirnos castillos de aire!
¡Cuánta injusticia cometida, cuántos derechos ajenos pisoteados, cuántas personas avasalladas, cuántas heridas abiertas, cuántas ridículas posturas hipócritas..., por adquirir fama, por estar en el candelero!
¿Por qué adoptar esas posturas dramáticamente serias o falsamente modestas o hipócritamente generosas y serviciales o vanidosamente snobistas y modernas o artificialmente virtuosas...?
¡Es tan fácil SER sin tanto afán por aparentar...!
Parece como si viviéramos en una gran escuela donde cada día se nos enseñara el arte de parecer, aparentar, de engañar adoptando posturas falsas y artificiales.
Llamamos loco a don Quijote que lucha contra castillos imaginarios.
¿No luchamos nosotros cada día por construirlos?
Me ha llamado siempre la atención el afán (ellos lo llaman celo porque es una palabra disimulada y santificada) que ponen algunas personas o organizaciones por crear fama alrededor de algunos personajes.
Se crean mitos sobre personas y hechos.
Sobre personas vivas y muertas.
Si esas personas son o fueron verdaderamente virtuosas, me temo que no les hagan mucha gracia todos esos panegíricos, cualidades y virtudes, hinchadas y aumentadas.
Las cualidades y virtudes, cuando son verdaderas, ellas solas se imponen. No es necesario imponerlas y pregonarlas. Y mucho menos exagerarlas.
Es muy digno y útil dar a conocer, comunicar lo ejemplar de la vida virtuosa y valiosa de ciertas personas. Para estímulo nuestro que necesitamos ver que como ellos, también nosotros podemos.
Pero me temo que el culto exagerado a la persona de ciertos personajes suele ser una proyección personal vanidosa de propios celosos propagadores.
Se reforman, con deformaciones pomposas ajenas a la realidad, las casas de nacimiento y lugares del personaje mitificado.
Se inventan orígenes de linajes nobiliarios...
Hasta se propone a esos personajes como modelos de modestia y humildad.
¿Por qué rehuir la sencilla, fácil, honrosa, clara y dignificadora verdad?
Quizás esta escuela de la vida moderna que nos enseña cada día a aparentar, disfrazar, disimular, alardear, afanarse por una volátil fama, tenga demasiados alumnos aventajados.
Quizás la otra escuela de la vida, la que enseña la sencilla y clara verdad de vivir y SER, no sea aparentemente tan atractiva y tenga menos alumnos.
Pero los tiene. Afortunada y felizmente los tiene.
Estos seguidores de la sencilla verdad no hacen ruido.
Es que el bien no hace ruido y el ruido no hace bien.
Para verlos y reconocerlos hay que mirarlos con ojos sencillos y sinceros.




¿Te has preguntado qué es realmente la fama?
Es la idea que otros tienen sobre una persona.
Es mayor o menor la fama cuando son más o menos los que tienen esa idea sobre dicha persona.
Pero las ideas son ideas. No son realidades.
Algunas veces esas ideas que no son la realidad misma coinciden con la realidad, se van creando, inventando, añadiendo otras ideas que no tienen ningún apoyo en la realidad.
El gran drama de la vida quizás consista en vivir de ideas sin apoyo en la realidad.
El que se esfuerza en aparecer en lugar de SER, se está esforzando en crear falsedades y mentiras.
Generalmente los que se esfuerzan por crear fama sobre su persona suelen hacer eso: crear ideas fantasiosas sobre sí, sin apoyo en la realidad.
Los que son valiosos no suelen esforzarse en aparecerlo. Su realidad se impone y llegan a tener fama con apoyo en la realidad. Pero éstos son los que más huyen de la fama.
La fama, la fama, la fama...
La fama creadora de ídolos míticos, de ídolos falsos.
La fama devoradora de la paz interior.
La fama profanadora de la verdad limpia.
La fama transmisora de mentiras descaradas y verdades a medias.
La fama constructora de guerras y enemistades personales.
La fama edificadora de estatuas inestables. Monumentos construidos de ideas sin realidad, con pedestal de barro que otra idea peregrina al azar destruye.
Si el esfuerzo que se pone en crear fama se pusiera en transformarse en la clase de persona que queremos ser y que nos vean los demás, pronto seríamos mucho mejores. Tú ¿quieres SER, o que los demás crean que eres? ¿Las dos cosas?
Entonces empieza por SER. Lo demás ya llegará.
Y aunque no llegue, habrás conseguido lo principal, lo mejor: SER.


Darío Lostado
(La Alegría De Ser Tú Mismo)



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