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sábado, 13 de noviembre de 2010

LIBÉRATE DE LOS CONFLICTOS


Todos los conflictos que el ser humano tiene en su existencia son producto de algún tipo de ignorancia. Sobre todo la ignorancia de su verdadero ser real.

Los conflictos son:

*de la persona consigo misma
*con los demás

Los conflictos consigo mismo son o los referentes a su cuerpo físico o los originados en su mente.
Los conflictos físicos de nuestro cuerpo se refieren a las deficiencias y anomalías propias de todo ser viviente, por sus normales cambios naturales.
La inconsciencia nos conduce muchas veces a querer detener, cristalizar, la evolución natural de nuestro cuerpo que sigue la ley general de todo ser vivo como es la entropía, por la que se rige, con el nacimiento, crecimiento y decadencia lógica con sus deficiencias y molestias consiguientes.
Si somos conscientes de la impermanencia de todas formas de la existencia, hemos de ser consecuentes con los ciclos naturales de todo ser vivo, entre los que están el decaimiento y decrepitud, salud y enfermedad.
La no aceptación de estos ciclos y cambios naturales nos conduce al conflicto en forma de rechazo. Y cuanto más nos resistimos a aceptar esta ley de la impermanencia y cambio, más dolor y sufrimiento creamos.
Hemos de aceptar que todas las formas de nuestro cuerpo son cambiantes e impermanentes con sus consecuencias. ¿Por qué no aceptar de buen grado la ley tal como es? ¿Por qué no permitir fluir La Vida en todas sus formas según su naturaleza?

Los conflictos mentales son más y de peores consecuencias.
Estos conflictos de la persona consigo misma se crean por la oposición y divergencia entre los deseos egotélicos y raquíticos del yo personal, por una parte, que siempre anhela su provecho particular y, por otra, las aspiraciones profundas de nuestro ser real verdadero, que aspira a la plenitud total.
Esta aspiración profunda está siempre presente aun en aquellas personas que parecen embebidas y cegadas por los deseos más sensuales. En el fondo de todo ser humano hay una exigencia a la plenitud total, aunque muchos traten de ignorarla o negarla.
Pablo de Tarso decía: "Veo lo que es mejor y lo apruebo, pero en cambio sigo lo peor". La luz interior de su ser lo empujaba hacia arriba, pero la esclavitud de su yo personal lo arrastraba hacia abajo.
Además del yo personal existe un yo colectivo de la Humanidad, arraigado por los hábitos mentales erróneos de miles y miles de años.
Hace 2.600 años, Buda ya dijo que la vida humana está marcada por la insatisfacción y el sufrimiento. Y todo sufrimiento tiene su origen en los constantes deseos del yo personal del hombre. Si este se situara en su verdadero ser real, los deseos indebidos y esclavizantes no se darían porque el ser real no necesita nada, pues es Todo y es plenitud.
Todos estamos llamados a vivir desde ese YO Real que no necesita tantas cosas como las que nuestro yo personal exige, pero son pocos los que se lanzan a la feliz y noble aventura de conocerlo y vivirlo como lo más importante de nuestra existencia.


La vida moderna está organizada sobre la exaltación de los egos o yoes personales y desconociendo la naturaleza dichosa y plena de nuestro verdadero ser real.
A ese yo personal tan complejo e inestable es normal que le surjan conflictos sin fin. Lo sabemos todos, por propia experiencia.

Nuestro trabajo principal, el de esas tantas personas que dicen que buscan su desarrollo o crecimiento personal, debe consistir en llegar a comprender y desenmascarar con toda claridad esa falsedad permanente en la que estamos sumidos, creyendo y viviendo como si fuéramos algo que realmente no somos.

A quien crea que estoy repitiendo con insistencia algo que ya he dicho varias veces, les aconsejo que no se engañen y no se anden por las ramas. Si consiguen tener una clara comprensión de esto, no necesitarán andas buscando técnicas y métodos para mejorar su vida.
No se trata de un conocimiento teórico e intelectual sino operativo y eficaz. Debe haber una convicción clara y taxativa de esta simple verdad. Yo no soy el yo personal que creo ser.
El yo personal es una estructura mental vulnerable e inestable. Mientras una persona esté dependiendo de tal falsedad, los conflictos serán interminables. De modo que es necesario salir de esa dirección errónea de nuestra vida.
La pregunta que se hacen muchas personas es sencilla: Observando, observando y observando en cada momento del día: ¿quién está hablando?, ¿quién trabaja?, ¿quién sufre?, ¿quién se alegra?, ¿quién ama?, ¿quién se enoja?...
Al darnos cuenta de que estamos constantemente pivotando sobre una entidad mental que llamo yo pero que no tiene entidad alguna más que en mi mente, llegaremos a darnos cuenta de que en nosotros hay algo mucho más estable y básico. Así nos acercaremos a intuir la realidad del ser real que somos.
Esa intuición, que es la verdad de nosotros, llega cuando hay un deseo muy sincero y profundo de conocer y sentir esa Verdad.
El proceso interminable que se forma con la acción del yo personal es: genera deseos ilusorios - desilusiones - más deseo - más desilusiones - insatisfacción - inquietud...

Los conflictos en la relación con los demás tienen también su causa y origen en este yo personal del que estamos hablando.
En realidad, la vida social viene a ser una permanente lucha de egos o yoes personales. Cada una quiere imponerse al otro. Y cada uno intenta afirmarse sobre el otro. La lucha es inevitable.
Las envidias, los celos, los enfados, los desencuentros y desamores, la venganza, el odio, el desprecio, la indiferencia despectiva... todas las formas de una deficiente o mala relación personal tienen su causa y origen en el predominio del yo personal sobre el Yo Real de cada uno.
No nos engañemos y descubramos el origen de nuestros conflictos.


Darío Lostado
(Atrévete A Ser Libre)


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