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domingo, 8 de abril de 2012

AYUDA AL PRÓJIMO


Tu servicio al otro puedes dirigirlo hacia su desarrollo personal primero, para que tome conciencia de sí mismo, como ser consciente.

Recuerda que solamente podrás hacérselo ver si tú previamente lo tienes claro contigo mismo.

Esta ayuda, más que con palabras, debe hacerse con ejemplos de la propia experiencia diaria.


Si tú no estás en un nivel de conciencia en que puedas decir con toda seguridad y claridad: Yo sé quién soy y qué soy, difícilmente podrás enseñarlo a otros. Debes saber con toda evidencia que tú eres el testigo de cuanto ocurre en ti y fuera de ti.

Ayudar a otros a tomar conciencia de su naturaleza y su lugar en el mundo es un laudable servicio.


Darío Lostado
(Mensajes De Realización)


viernes, 2 de diciembre de 2011

¡EL MUNDO ESTÁ DESPERTANDO!

Os dejo aquí un gran documental (un poco larguito) que abrirá los ojos y las mentes de muchos, y confirmará las sospechas e intuiciones de otros.

Os ruego que lo veáis y lo difundáis. ¡A cuanta más personas llegue mejor!

domingo, 12 de septiembre de 2010

SABER DAR. SABER RECIBIR


Tú has visto muchas flores, muchas veces.
Pero ¿has mirado, has observado una flor?
Una flor del campo, una flor cualquiera.
La flor nos habla. Sin palabras.

He estado en el campo y he tomado una flor silvestre.
Su colorido espontáneo y puro, su agradable perfume sin mezclas, el orden y perfección de sus pétalos sin artificio, su brillante luminosidad, su suave sencillez...
Y he recibido su mensaje: El dar y el recibir.
Dar y recibir.
Sin regateos y sin exigencias.
Sin regateos y sin exigencias.
Sin tanto-cuanto.
Las flores reciben luz, calor, agua, frescura, admiración y cariño.
Las flores dan belleza, aroma, colorido y alegría.
Toda la vida es un constante dar y recibir.
Y la flor es un bello y sencillo exponente de vida.

Nosotros, hombres, los seres de la creación en quienes palpita en su más alta expresión la vida, con su naturaleza casi divina, vivimos muchas veces de espaldas a la misma vida.
Pasamos junto a las flores, junto a tantos seres vivos, sin escuchar el mensaje de la vida.
Vivimos preocupados por nuestras pequeñas ambiciones, nuestras ridículas vanidades, nuestros negros pensamientos de venganza, nuestros groseros deseos materialistas, nuestra inquietud constante por tener más cosas, más comodidades más gustos sensibles, más recompensas, más alabanzas...

Hemos de aprender de las flores que la vida es un dar y recibir. Sin egoísmos. Sin actidudes orgullosas.


Hay que estar abierto tanto a dar como a recibir. Sólo los orgullosos y engreídos creen que no necesitan nada de nadie.
Sólo los egotélicos ruines creen que el mundo es sólo ellos y para ellos.
El pan que comemos cada día está dado por muchas manos. Todo lo que tenemos es recibido.
Con un precio o sin precio.
No todo lo hemos pagado con dinero.
(El dinero solo es un convencionalismo de los hombres.)
Mirad las aves del cielo, mirad las flores del campo. Esa lección bíblica, la tomamos como si fuera una broma.
Dan y reciben gratis.
Están sencillamente abiertas a la vida. ¡Hemos recibido tantas cosas gratis!


El consumismo calculador nos ciega, nos nubla los ojos.
Y sólo vemos precios.
Te doy si me das. Te doy si me pagas.
Ponemos precio a nuestros favores.
Y ¿qué favor es si tiene un precio y se le exige un pago?
A la bondad que damos también le ponemos precio.
Si no nos devuelven con bondad, nos quejamos.
Y decimos con aire de suficiencia: A fuerza de golpes aprende uno en la vida que no se puede ser bueno.
Pero la vida enseña lo contrario.
El que da generosamente no se lleva nunca ninguna desilusión.
Porque da sin esperar ninguna recompensa.
Cuando damos mal. Interesadamente, nos desilusionamos al no encontrar la respuesta, al no recibir la correspondencia, la paga que esperábamos.
La flor, la vida nos enseña a dar generosamente, sin esperar la para de recibir algo. Ya hemos recibido antes. Por eso podemos dar.
Pero también hay que saber recibir.
No es fácil recibir con humildad y sencillez.
Porque es necesario reconocer que no nos bastamos solos, que somos parte de la vida, aunque sepamos que somos casi divinos.
¡Tenemos tantas capacidades internas sin desarrollar...!
Cuando las conocemos y desarrollamos nos sentimos más generosos y solidarios con la VIDA.
Hay que estar abiertos para dar como para recibir.
Hay que aceptar que necesitamos de los otros. Hay que aceptar que otros necesitan de nosotros. Unas veces será algo material y físico lo que debamos dar o recibir.
Otras veces será un poquito de amor, de conocimiento, de fe, de esperanza, de amistad...
Pero en cada momento hemos de estar dispuestos a dar y recibir.


Cuando nos cerramos para lo uno o lo otro, estamos bloqueando la vida. Y se produce el atrofiamiento.
Si el alimento no circula por todo el organismo, éste se atrofia en alguno de sus órganos o miembros.
En la sociedad cuando algunos miembros reciben pero no dan se produce también una atrofia, un desorden, un desequilibrio.
Hay que estar abiertos para dar y para recibir. Como la flor.


Darío Lostado.
(La Alegría De Ser Tú Mismo)