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martes, 23 de julio de 2013

NO HUYAS NI TE QUEJES


Sariputra era un discípula de Buda. Estaba junto a un lago haciendo sazen, o sea, meditando. Los peces del lago saltaban y al verlo no podía concentrarse para meditar. Entonces se retiró un poco y se puso debajo de unos árboles. Allí el canto de los pájaros le impedían también meditar. Por fín cansado y enojado con los peces y pájaros pescó los peces y cazó los pájaros y los comió. Pero se indigestó con la comida y enfermó. Entonces tampoco podía meditar.


La agitación y la distracción están más dentro que fuera. Es la mente la que salta con sus pensamientos y deseos más que los peces. Siempre encontramos excusas para dejar de hacer lo que tenemos que hacer.

Huimos, huimos de todo lo que nos molesta y desagrada de fuera. Pero jamás podremos huir de lo más molesto, de los deseos caprichosos que anidan dentro.


Darío Lostado
(Vivir Como Persona)

lunes, 1 de abril de 2013

TRASCENDER LA MENTE


Las divisiones son siempre creadoras de conflictos.

Yo y mi ego, mi cuerpo y mi espíritu, yo y el otro, el mundo y yo..., yo y el objeto percibido y deseado.


Nuestra mente siempre está fluctuando y dividida entre varios deseos. Ella es la creadora de todas las divisiones.


La solución a los conflictos de nuestras divisiones consiste en trascender la mente y llegar al origen de nuestra conciencia. Ahí quedamos centrados y situados en la visión simple, descondicionada, sin dualidad ni multiplicidad.

La mente, que es un simple mecanismo existencial de conocimiento, se ha convertido en centro y directora de nuestra vida. La solución reside, por tanto, en vivir desde el centro de nuestra conciencia y reducir la mente a su función asistencial.


Darío Lostado
(Mensajes De Realización)


domingo, 24 de febrero de 2013

MÁS ALLÁ DE LOS SENTIDOS Y LA MENTE


Solemos vivir pendientes de realidades sensoriales e interpretaciones del pensamiento.

Tanto las sensaciones como los pensamientos aparecen en el espacio-tiempo, cambian en él y desaparecen también en esa variable de la existencia, creada por la mente que es el espacio-tiempo.


Una vida fundamentada en tales categorías variables e inestables no tiene muchos motivos para el enamoramiento. Pero La Vida, la auténtica Vida no está sometida a nada variable.

Más allá de los sentidos y la mente, está la Conciencia-Vida que da sostén y forma a todas las percepciones y pensamientos y que es la luz que da sentido a cuanto percibimos, pensamos y sentimos.


Darío Lostado
(Mensajes Para Elevar La Conciencia)


viernes, 20 de julio de 2012

CONCIENCIA ATEMPORAL


Tu cuerpo es temporal y tu mente también.

Tú, en cambio, en lo que eres como realidad, eres atemporal. No hay tiempo en ti.

Mientras te veas supeditado el tiempo, tendrás miedos del futuro, añoranzas y tristezas del pasado y estarás permanentemente preocupado por conservar lo que crees tener, para que el tiempo no te lo arrebate.


Si te centras e instalas en la conciencia atemporal de ti, encontrarás la paz y libertad que tanto anhelas. No es difícil ni mucho menos imposible. Quédate sereno y abierto a la intuición que proviene de dentro y todo se te hará luminoso y te sentirás seguro, porque el tiempo no puede quitarte lo que lo supera y está fuera de él porque es atemporal. El miedo sólo amenaza a lo temporal.


Darío Lostado
(Mensajes De Verdad)

viernes, 4 de mayo de 2012

TU NATURALEZA ESENCIAL


Muchos psicólogos y psiquiatras modernos tratan de resolver los traumas y problemas psíquicos humanos como las neurosis, los complejos, los estados anímicos depresivos, etc... por medio del análisis racional de los mismos. Creen que por la mente racional por medio de la asociación de ideas o por otros métodos psicoanalíticos pueden resolver los problemas profundos que aquejan al alma humana.

Pero mi voz me dice:

Jamás podrás entender el fondo de la naturaleza humana por medio de la mente racional. Lo que es más, no se puede entender ni explicar por lo que es menos. Tú, tu vida no es únicamente el compuesto y la suma de los elementos y factores físicos y mentales.

Tú, tu ser profundo, la esencia básica de tí está más allá de tus reacciones automáticas físico-biológicas y mentales.

Querer circunscribirte a los contenidos mentales y tus tendencias físico-biológicas, es reducirte a lo que tú realmente no eres. Porque tú no eres tu personalidad ni el ego que la dirige y la mantiene. Tú no eres tampoco tus mecanismos de expresión física, mental o afectiva.


Tu naturaleza verdadera está en un nivel superior y mucho más elevado que tus tendencias orgánicas y tus contenidos mentales y afectivos.

Un psicólogo o psiquiatra con métodos científicos y racionales puede ayudar a armonizar, comprender y equilibrar ciertos aspectos de tu personalidad. Nada más. Pero para conocerte, comprenderte y orientarte integral y totalmente has de ir más allá de tu personalidad. Has de conocer y sentir la naturaleza esencial de ti, de la fuente de donde surge y se origina toda expresión y manifestación de tu vida.


Darío Lostado
(...Pero Mi Voz Me Dice...)


sábado, 25 de febrero de 2012

¿POR QUÉ ESTAMOS AQUÍ?


Todos los problemas que existen en el mundo, están en el interior de cada uno.
El ser humano tal y como existe "aquí y ahora" en este planeta Tierra es un ser autodesarrollante.
No sabemos cómo ni por qué pero lo cierto es que el hombre no está completamente hecho, "perfecto". Su misión en la vida es "hacerse", perfeccionarse, realizarse o lo que es lo mismo, hacer efectivo, llevar al acto lo que es en potencia.
Al olvidar esta su misión, el hombre se lanza en la vida a una actividad frenética por "realizar" una idea que tiene de sí mismo, que consiste en satisfacer ciertas exigencias físico-materiales de los sentidos y en sobreponer la idea de sí a la idea de los demás o lo que es lo mismo hacer que su ego o "yo" inferior esté siempre por encima del ego o yo inferior de los demás.
Y aquí surgen los problemas.
Los problemas los crea cada uno cuando en lugar de dedicarse a realizar su misión, su propia naturaleza verdadera, se lanza a defender y fortalecer ese fantasma imaginario que se ha creado de sí mismo.
Todas las guerras, todas las injusticias sociales, todos los conflictos humanos internacionales tienen su origen en los desajustes y conflictos internos del hombre. Y no del hombre abstracto sino bien concreto, en ti, en mí y en cada uno de los que caminan por la calle. Es cierto que los conflictos internos de los hombres que dirigen y gobiernan los pueblos y los Estados tienen más influencia e importancia que los de un simple ciudadano sin poder alguno en la sociedad. Pero cada uno de nosotros cooperamos a nuestro modo en ese estado de cosas.
Las ciencias psicológicas han creado e ideado terapias diversas para cambiar o mejorar la conducta humana. Las más avanzadas tratan de cambiar la actitud mental del hombre. Se dice que la mente con un determinado tipo de ideas conduce a un determinado tipo de conducta. Por tanto basta cambiar los contenidos mentales que son las ideas para que la conducta también cambie.
Hasta ahí todo eso es correcto.
Pero hay que resolver el problema base que es la base de todos los problemas.
Entre todas las ideas que albergamos en la mente, hay una que tiene la máxima relevancia e importancia en nuestra vida. Es la idea que tenemos sobre nosotros mismos.
Es evidente que siempre hemos de tener una idea sobre nosotros como la tenemos sobre todas las demás cosas. Pero lo grave y nefasto es que constituyamos y hagamos de esa idea el eje y centro de nuestra existencia y nuestras preocupaciones.
Eso es exactamente lo que se intenta cuando se propone como un gran método terapéutico el cambiar y mejorar la propia imagen. Es cambiar la idea que tenemos de nosotros mismos por otra más elevada y positiva. Así estamos constantemente dando vueltas alrededor de un mundo de ideas, planeando sobre un mundo irreal en lugar de aterrizar, posarnos y afianzarnos en la realidad de nosotros mismos.
Se trata de descubrir por vivenciación y experimentación al sujeto de todas esas ideas. Quién es el que vive en este cuerpo, quién es el sujeto y actor de estos pensamientos, quién es el que percibe más allá de todas las sensaciones y percepciones.
Cuando nos demos cuenta de que el origen de las ideas que tenemos de las cosas y de nosotros mismos no es otra idea ni el cerebro sino una energía-realidad consciente y amorosa, sutil, perfecta, omnipotencial y tengamos una experiencia directa de ello, eliminando y anulando todas las ideas preconcebidas por bellas y sanas que parezcan, entonces nuestra vida dará un giro radical y no necesitaremos de psicoterapias para cambiar de ideas o de imagen.


Nos han enseñado muchas cosas en el colegio y en la Universidad, pero no nos han enseñado a vivir. Es que son muy escasos los maestros de vida. A vivir sólo se enseña viviendo, como a amar sólo se enseña amando. De poco sirven las teorías, en esas dos asignaturas, que en realidad ambas son una sola. Lo importante es vivir consciente y amorosamente.
No nos han enseñado qué significa estar completamente vivos.
Nos enseñan cómo mantener vivo y robusto nuestro cuerpo. Pero no cómo estar completamente vivos y despiertos. Las preocupaciones de nuestros padres y educadores se han reducido a que nuestro cuerpo funcione lo mejor posible y que nuestra conducta se acomode lo más perfectamente posible a la sociedad en que vivimos.
Vivimos alejados de nosotros mismos. Es necesario volver al reconocimiento de nuestra verdadera identidad real.
No sabemos con exactitud qué somos porque no nos lo hemos propuesto como problema básico y fundamental.
Creemos que somos lo que en realidad no somos.
 No sabemos vivir porque no sabemos quién y qué es el que vive en esto que llamamos nuestro cuerpo, quién es el que vive esta vida que llamamos nuestra.
Las guerras, las crueldades, las injusticias... no son producto de unos cuantos señores más o menos locos, déspotas o ambiciosos. Somos todos, los que producimos y creamos ambiente de guerra. Vivimos permanentemente en pie de guerra porque vemos por todas partes actuales o potenciales rivales y enemigos.
La causa de las guerras y de las injusticias está en el corazón de cada uno de nosotros.
Has guerra, desunión y desintegración dentro de nosotros. Desintegración o lucha entre el consciente y el inconsciente, contradicción entre lo que realmente somos y lo que vivimos.
No somos lo que vivimos. No vivimos lo que somos. Vivimos lo que no somos.
Somos todos un cielo. Pero la vida de muchos suele ser un infierno o por lo menos un purgatorio.
Cada uno de nosotros somos una maravilla potencial.
Esa potencialidad puede actualizarse, puede realizarse cuando lo decidamos nosotros mismos. Pero únicamente lo decidiremos cuando lo veamos con toda claridad, cuando nos convenzamos de que esto no es una mera frase sino una auténtica realidad vivenciable y experimentable.
Vivimos dormidos. Mientras no despertemos, seguiremos viviendo este ensueño en el que estamos metidos creyendo que somos esto o aquello, que somos así y debemos ser asá. Todo son imaginaciones, sueños falsos, ideas e ideales. Muchas veces cuando vemos que no somos como deberíamos ser nos abandonamos al sueño de imaginar que alún día llegaremos a ser lo que imaginamos como nuestro ideal.
Todo esto es real. Aunque es posible que algunos de mis lectores lleguen a pensar que son unas simples remotas y bellas ideas.
Está muy lejos de mí la intención de acaramelar las mentes con un optimismo barato. No hablo de esperanzar de futuro sino de realidades presentes. Lo que digo no es válido para una vida posterior a esta. Sólo hay una vida. Cuando el cuerpo muere casi todo sigue igual. Solamente desaparecen las limitaciones del cuerpo material. Tu yo, tu ser, sigue vivo.
Lo más duro en el trabajo sobre la búsqueda de nosotros mismos radica en la dificultad de reconocer nuestros errores y falsedades. No nos gusta reconocer que vivimos engañando y engañándonos y que los seres más queridos también nos han engañado. Todo esto es muy duro y preferimos seguir en nuestro sueño antes que reconocer la verdad lisa y llana, que nos abriría la puerta de nuestra feliz y verdadera realidad.
Lo que yo propongo es un trabajo de investigación.
La investigación en las ciencias sociales se basa en buscar la naturaleza de la realidad fuera de uno mismo, en las cosas, en la materia, analizándola a través del cerebro, los sentidos externos y algunos sofisticados instrumentos que aumentan la capacidad de los sentidos orgánicos. Se investiga lo que se ve, lo que se oye, lo que se palpa, lo que se percibe por los sentidos y es medible, manejable y constatable.
El mundo occidental ha desarrollado esta clase de investigación en la medicina, física, química, biología, cibernética... Ha llegado a manejar hasta unos ciertos grados la materia, tanto la llamada viva de los organismos como la materia inerte.
La investigación de la vida interna humana en su aspecto más profundo e íntimo no puede hacerse a través de los sentidos ni puede demostrarse a los demás. Es un trabajo individual e intransferible por palabras.
La investigación interior no consiste en creencias ni en ideologías. Consiste en una visión clara interior de la propia realidad, de La Realidad.
Cuando esa visión se da, el que la tiene, siente el gozo de Ser la realidad siempre idéntica a sí misma. Entonces sabe quién y qué es él mismo.
Este estado de conciencia es posterior y superior al estadio de desarrollo que T. de Chardin llama la noósfera.
Cuando el ser humano llega a este estado de conciencia está preparado para contactar con otros niveles superiores del Ser.


La razón, la mente, los sentidos externos y los instrumentos sofisticados modernos nos proporcionan un tipo de investigación de la materia limitada. Pero no pueden darnos ningún conocimiento sobre la infinitud de La Vida y del mundo invisible que es el origen del mundo visible.
Los sistemas filosóficos empíricos solamente daban validez de realidad a todo y solo aquello que nos llegaba por los sentidos. Luego los racionalistas con su indiosamiento de La Razón, a la que levantaron incluso altares y estatuas, creyeron que el único medio fiable era la razón o la mente o el intelecto. Pero tanto la razón o la mente como el instrumento orgánico de que se sirve, el cerebro, son limitados. Con tales medios no se puede explorar lo más fino, lo más perfecto, lo más sutil. Lo más perfecto es siempre lo más simple, lo menos complejo.
Ahí se encuentra la dificultad de la investigación espiritual. Estamos acostumbrados a vivir de ideas y con ideas, siempre pendientes de la mente. Y la mente sólo sirve para lo complejo. No para lo simple. Lo simple solamente puede percibirse en la simplicidad del silencio mental con la luz de la inteligencia intuitiva y el sentir profundo más allá de los sentidos y las emociones.
Ver esto claro es una señal de demanda interior. Es señal de estar llamado a este trabajo de un nivel superior. Cada uno vive en su nivel. Cuando se siente la demanda de "algo" más, hay que trabajar o disponerse a "ese algo más". Entonces uno supera su nivel anterior y poco a poco va viendo que lo que antes le llevaba y satisfacía, ahora le deja indiferente. Y también a la inversa: las cosas que antes le molestaban y le hacían sufrir, ahora no le hacen mella alguna.
A medida que va subiendo el nivel de conciencia, la perspectiva y los valores cambian.
Antes teníamos quizá muchos proyectos de cosas y muchas metas. Ahora aquellos proyectos y metas han perdido fuerza. Y entonces uno se pregunta: ¿Cómo es posible que eso que antes me parecía la antesala de la felicidad ahora se vea como una tontería sin sentido?
A medida que se van descubriendo aspectos del mundo interior, los valores que daba a las cosas exteriores cambian.
Casa día vemos, que el mundo no es precisamente un paraíso. Una tras otra van cayendo y fracasando las teorías políticas, económicas, sociales...
Las ideologías y hasta las religiones no logran que nuestro mundo sea más humano y más feliz.
¿Qué hacer?
Si queremos que el mundo sea un poco mejor y más feliz solamente hay un camino que nosotros podemos y tengamos que recorrer. Cada uno puede hacer que su pequeño mundo, el mundo de su vida con parte de su entorno cambie de signo. Nadie puede impedirnos el vivir desde nuestro mundo interior. Es éxito seguro. Cada uno puede transformar su vida. Todos podemos ser hombres nuevos.
No hay que hacer muchas cosas. Solamente hay que hacer una sola: ser auténticamente en cada momento de nuestra vida expresión clara y directa de lo que somos en nuestra realidad profunda.
Muchos queriendo cambiar el mundo, olvidan lo más importante: cambiarse ellos.
Un joven le dijo a Ramana Maharshi si en lugar de trabajar en conocerse a sí mismo, no sería más importante ocuparse de la justicia social. A lo que el maestro respondió: Desde luego, si ello es realmente importante y necesario para tu equilibrio interior.
Poco podemos hacer realmente efectivo por el mundo si no tenemos equilibrio interior, si no hay justicia dentro de nosotros.
Cada uno está donde está, para ser realmente lo que es, para cumplir la justicia consigo mismo y con La Vida, con la naturaleza que ha recibido. ¿Conoces tu naturaleza? Ocúpate de conocerla a fondo para que cumplas LO QUE ERES.



Darío Lostado
(Hacia La Verdad De Ti Mismo)



viernes, 10 de febrero de 2012

¡POBRE DE MÍ!


Es frecuente encontrar personas que se quedan con el pensamiento y la atención fijos en alguna calamidad o desgracia que les ha ocurrido. Piensan, como si el mundo se circunscribiera a su personal desgracia. Durante el día, durante la noche, en cualquier momento su atención está fija y reducida a lamentar su desgracia.

Pero mi voz me dice:

Cuanto más piensas en algo, más te pesa y te afecta ese algo. Tu dolor, tu resentimiento, tu tristeza, tu preocupación, tu sufrimiento aumenta cuanto más te encierras en él.

Si te dieras cuenta que no eres ese cuerpo que tienes, ni eres tampoco esa idea que tienes de ti y sobre ti y centraras tu atención de la consciencia que se está dando cuenta de lo que pasa en ti, en la consciencia que observa y no en lo que observa, si entraras la atención en quien ve y no en lo que ve, te darías cuenta que tu dolor, tu tristeza y sufrimiento se van diluyendo.


Ningún acontecimiento puede afectarte a ti. Afecta tu mente o tu cuerpo. Pero tú no eres ni la una ni el otro.

Tú, que eres el observador, el testigo de todo cuanto pasa en ti, eres más que todo cuanto pueda ocurrir alrededor de ti.

Cambia tu atención de lo que ocurre y ponla en el que se da cuenta de lo que ocurre, en el testigo que eres tú.

Cuando dejes de sentirte como un círculo pequeño, el reducido círculo de tu personalidad, te darás cuenta que lo que te ocurre no es tan importante como para reducir la vida a tu pequeño "ego".


Darío Lostado
(...Pero Mi Voz Me Dice...) 

domingo, 8 de enero de 2012

DEJA QUE LAS COSAS SEAN COMO SON


Un caluroso día de verano, estaba Nasrudin sentado a la sombra de una morera, al mismo tiempo que veía frente a sí una débil mata llena de grandes melones.

Perplejo pensaba: ¿Cómo es posible que un árbol tan grande y fuerte como este tenga unos frutos tan pequeños y una planta tan débil, unos tan enormes?

Mientras él pensaba estas cosas, una mora le cayó en la cabeza.


Nasrudin, mirando al árbol, dijo:

"ahora entiendo que todo es como debe ser y ha sido mejor que haya sido así".

Nos quejamos y no entendemos por qué ciertas cosas son como son.

Siempre miramos y juzgamos con nuestra mente racional muy limitada a lo más inmediato y superficial.

El tiempo y los hechos nos descubren que todo está bien tal como está, aunque algunas cosas sobrepasen las razones aparentes de nuestra mente que tan sólo ve lo inmediato.


Darío Lostado
(Atrévete A Ser Libre)


martes, 1 de noviembre de 2011

TU VERDAD


Leemos y conocemos muchas definiciones del hombre y muchas teorías psicológicas y sociológicas sobre la conducta humana...

Esos conceptos y teorías suelen explicar la conducta social y personal de los hombres. Pero como las conductas están regidas por los contenidos mentales, dichas teorías se quedan en el nivel mental y no llegan al origen último y causa primera de toda nuestra actividad o manifestación.

Nuestra existencia cotidiana suele ser mecánica y condicionada. La Vida, en cambio, es totalmente descondicionada y libre.


El camino más eficaz para cambiar nuestro comportamiento y nuestra mente reside en identificarte con La Verdad de ti, de donde brota toda la energía para tu actividad física y mental. No necesitas ni muchos libros ni extrañas teorías.


Darío Lostado
(Mensajes De Verdad)

lunes, 15 de noviembre de 2010

MI MUNDO


Yo no estoy en el mundo.
El mundo está en mí.
Todo lo que conozco y vivo del mundo lo conozco y vivo en tanto y en cuanto está en mi conciencia.
Ese mundo que ven mis ojos está ahí, fuera. Pero el mundo que yo conozco, siento, juzgo, valoro, comprendo, el mundo que me da gusto o disgusto, gozo o dolor, ese mundo no es el que está fuera de mí sino dentro de mí, en mi conciencia. Y es tal como está en ella.
El mundo que yo critico, amo, alabo o detesto es el mundo tal como está en mi conciencia.
Mi cuerpo está en el mundo, pero el mundo y mi cuerpo con él están en mí, en mi conciencia.
Mi conciencia es la creadora de mi mundo. No hay ningún mundo para mí fuera de mi.
"Mi" mundo no es el entorno en el que vivo, sino todo el mundo que conozco e imagino. Es el único mundo que existe para mí. No hay otro. Incluso el que pienso que hay en las mentes y las conciencias de otros es mío, en tanto lo pienso y está en mi conciencia


Darío Lostado
(Despertar A La Conciencia Día A Día)


sábado, 13 de noviembre de 2010

LIBÉRATE DE LOS CONFLICTOS


Todos los conflictos que el ser humano tiene en su existencia son producto de algún tipo de ignorancia. Sobre todo la ignorancia de su verdadero ser real.

Los conflictos son:

*de la persona consigo misma
*con los demás

Los conflictos consigo mismo son o los referentes a su cuerpo físico o los originados en su mente.
Los conflictos físicos de nuestro cuerpo se refieren a las deficiencias y anomalías propias de todo ser viviente, por sus normales cambios naturales.
La inconsciencia nos conduce muchas veces a querer detener, cristalizar, la evolución natural de nuestro cuerpo que sigue la ley general de todo ser vivo como es la entropía, por la que se rige, con el nacimiento, crecimiento y decadencia lógica con sus deficiencias y molestias consiguientes.
Si somos conscientes de la impermanencia de todas formas de la existencia, hemos de ser consecuentes con los ciclos naturales de todo ser vivo, entre los que están el decaimiento y decrepitud, salud y enfermedad.
La no aceptación de estos ciclos y cambios naturales nos conduce al conflicto en forma de rechazo. Y cuanto más nos resistimos a aceptar esta ley de la impermanencia y cambio, más dolor y sufrimiento creamos.
Hemos de aceptar que todas las formas de nuestro cuerpo son cambiantes e impermanentes con sus consecuencias. ¿Por qué no aceptar de buen grado la ley tal como es? ¿Por qué no permitir fluir La Vida en todas sus formas según su naturaleza?

Los conflictos mentales son más y de peores consecuencias.
Estos conflictos de la persona consigo misma se crean por la oposición y divergencia entre los deseos egotélicos y raquíticos del yo personal, por una parte, que siempre anhela su provecho particular y, por otra, las aspiraciones profundas de nuestro ser real verdadero, que aspira a la plenitud total.
Esta aspiración profunda está siempre presente aun en aquellas personas que parecen embebidas y cegadas por los deseos más sensuales. En el fondo de todo ser humano hay una exigencia a la plenitud total, aunque muchos traten de ignorarla o negarla.
Pablo de Tarso decía: "Veo lo que es mejor y lo apruebo, pero en cambio sigo lo peor". La luz interior de su ser lo empujaba hacia arriba, pero la esclavitud de su yo personal lo arrastraba hacia abajo.
Además del yo personal existe un yo colectivo de la Humanidad, arraigado por los hábitos mentales erróneos de miles y miles de años.
Hace 2.600 años, Buda ya dijo que la vida humana está marcada por la insatisfacción y el sufrimiento. Y todo sufrimiento tiene su origen en los constantes deseos del yo personal del hombre. Si este se situara en su verdadero ser real, los deseos indebidos y esclavizantes no se darían porque el ser real no necesita nada, pues es Todo y es plenitud.
Todos estamos llamados a vivir desde ese YO Real que no necesita tantas cosas como las que nuestro yo personal exige, pero son pocos los que se lanzan a la feliz y noble aventura de conocerlo y vivirlo como lo más importante de nuestra existencia.


La vida moderna está organizada sobre la exaltación de los egos o yoes personales y desconociendo la naturaleza dichosa y plena de nuestro verdadero ser real.
A ese yo personal tan complejo e inestable es normal que le surjan conflictos sin fin. Lo sabemos todos, por propia experiencia.

Nuestro trabajo principal, el de esas tantas personas que dicen que buscan su desarrollo o crecimiento personal, debe consistir en llegar a comprender y desenmascarar con toda claridad esa falsedad permanente en la que estamos sumidos, creyendo y viviendo como si fuéramos algo que realmente no somos.

A quien crea que estoy repitiendo con insistencia algo que ya he dicho varias veces, les aconsejo que no se engañen y no se anden por las ramas. Si consiguen tener una clara comprensión de esto, no necesitarán andas buscando técnicas y métodos para mejorar su vida.
No se trata de un conocimiento teórico e intelectual sino operativo y eficaz. Debe haber una convicción clara y taxativa de esta simple verdad. Yo no soy el yo personal que creo ser.
El yo personal es una estructura mental vulnerable e inestable. Mientras una persona esté dependiendo de tal falsedad, los conflictos serán interminables. De modo que es necesario salir de esa dirección errónea de nuestra vida.
La pregunta que se hacen muchas personas es sencilla: Observando, observando y observando en cada momento del día: ¿quién está hablando?, ¿quién trabaja?, ¿quién sufre?, ¿quién se alegra?, ¿quién ama?, ¿quién se enoja?...
Al darnos cuenta de que estamos constantemente pivotando sobre una entidad mental que llamo yo pero que no tiene entidad alguna más que en mi mente, llegaremos a darnos cuenta de que en nosotros hay algo mucho más estable y básico. Así nos acercaremos a intuir la realidad del ser real que somos.
Esa intuición, que es la verdad de nosotros, llega cuando hay un deseo muy sincero y profundo de conocer y sentir esa Verdad.
El proceso interminable que se forma con la acción del yo personal es: genera deseos ilusorios - desilusiones - más deseo - más desilusiones - insatisfacción - inquietud...

Los conflictos en la relación con los demás tienen también su causa y origen en este yo personal del que estamos hablando.
En realidad, la vida social viene a ser una permanente lucha de egos o yoes personales. Cada una quiere imponerse al otro. Y cada uno intenta afirmarse sobre el otro. La lucha es inevitable.
Las envidias, los celos, los enfados, los desencuentros y desamores, la venganza, el odio, el desprecio, la indiferencia despectiva... todas las formas de una deficiente o mala relación personal tienen su causa y origen en el predominio del yo personal sobre el Yo Real de cada uno.
No nos engañemos y descubramos el origen de nuestros conflictos.


Darío Lostado
(Atrévete A Ser Libre)


miércoles, 20 de octubre de 2010

¿TE ABURRES?


¿Eres tú de los que se aburren?
El aburrimiento es la paralización del corazón y la cerrazón de la mente.
Para algunos, cada día es una penosa repetición del anterior.
Puede ser que tengas todo para vivir cómodamente. Pero quizá te falta el frescor y la lozanía de una conciencia lúcida y atenta, consciente de sí misma.
Mira hacia dentro y mira hacia fuera.
Dentro verás La Verdad de ti.
Fuera verás el colorido de las flores, el candor del niño, el alegre revoloteo de los gorriones y calandrias y el azul brillante del cielo. Puedes ver sombras, nubes y negrura.
Pero es porque hay sol y luz.

Photo by Guillem


Darío Lostado
(Mensajes de alegría)


jueves, 23 de septiembre de 2010

LA CIENCIA DEL "SE DICE..."



Sé sincero contigo mismo.
Observa tus pensamientos, observa tus juicios, observa incluso tus gustos. Verás que nada es tuyo.
Si quitas de tí, de tu mente, todo lo que "te han dicho", lo que "te han enseñado", todo lo que te han dicho que debes creer, pensar, preferir, hacer, sentir...
Si quitas todo aquello que piensas y sientes "porque te lo han metido en tu cabeza" y en "tu mente", ¡qué te queda?
Sé sincero contigo mismo. Mira cuántas ideas, pensamientos, convicciones hay en tí que sean fruto de tu visión propia, de tu percepción personal, de tu propia intuición.
Verás que casi todo lo que piensas, lo que sientes, lo que prefieres y deseas te ha sido impuesto de una manera o de otra, en un momento u otro de tu vida. Casi nada es tuyo. Casi nada ha sido adquirido por tu propia elección libre y espontáneamente por ti.
Lo más grave de todo es que entre todas esas ideas que nos han sido impuestas hay una que hemos llegado a adoptar que es la más importante de nuestra vida y es la idea acerca de nosotros mismos.
Desde niños nos han dicho nuestros padres y educadores: tú eres malo, no sirves para nada, eres tonto, eres un inútil... Y aquello que nos dijeron nuestros padres y educadores quedó en nosotros grabado como un dogma, como una verdad irrefutable, como algo indiscutible y taxativamente cierto. Nosotros pensábamos entonces: yo sólo valgo si soy muy obediente y me someto a todo lo que quieren de mí. Es decir, yo sólo valgo por lo bueno que hago, pero no valgo nada por mí mismo. Yo soy poca cosa. Lo único que tiene importancia es lo que piensen los demás de mí.
Así fuimos creciendo con el concepto de que la valoración de nosotros mismos no se fundamentaba en nuestro propio ser y naturaleza sino en la idea que los demás y nosotros teníamos acerca de nosotros mismos.

Lo mismo ha ido ocurriendo cuando hemos sido mayores. Hemos aceptado ciertos postulados, ciertos principios, ciertas frases, ciertas ideas porque todo el mundo las admite o por la autoridad de alguna persona importante o de cierta autoridad ante nosotros.
Nos hemos ido alimentando de la ciencia del "se dice", olvidando o despreciando la sabiduría del "yo veo", "yo intuyo", "yo sé", " mi voz interior me dice"...
Esa voz interior es más valiosa que todos los "se dice" juntos. Es necesario ver, mirar, juzgar, sentir, opinar, pensar y saber por nosotros mismos.
Las opiniones y pensamientos de los demás pueden ser muy valiosos para ellos si realmente son de ellos. Y para mí serán valiosos cuando yo los vea, los sienta, cuando sean realmente míos.
Solemos vivir de prestado.
Vivimos con ideas ajenas, heredadas, prestadas.
Vivimos como los niños que no saben andar sin andaderas, apoyándonos permanentemente en ideas, opiniones gustos, pareceres o juicios de otros.
Vivimos de estereotipos siempre repitiendo las mismas cancioncitas. Repetimos frases o pensamientos de personajes famosos o no tan famosos y los damos sin más como válidos.
Vivimos alienados como si fuéramos incapaces de pensar, hablar, juzgar, sentir, ver y vivir por nosotros mismos.
Necesitamos urgentemente una revisión y saber qué es lo que nuestra voz interior nos dice. Es la auténtica autoridad para nosotros.
Observa tu modo de pensar y hablar. Observa cómo te atas a giros y vocablos. Observa cómo te esfuerzas en convencer a otros de ciertos sinsentidos que mantienes por costumbre, por autoridad ajena, por interés o por miedo a quedarte fuera del rebaño de quienes piensan así. Observa tus frases y palabras estereotipadas, rutinariamente repetidas, ciegamente aprendidas en algún librito o de algún maestrito... Oye y ve que tu voz es un simple eco de voces y palabras de otros. ¿Qué encuentras en ti verdaderamente tuyo?
De todo lo que crees, piensas, opinas, hablas... ¿qué hay que sea verdaderamente tuyo? ¿qué hay en todo ello que sea fruto de tu visión personal, de tu visión directa y convicción interior?
Sientes temor por las amenazas que has recibido desde tu niñez de que debes ser dócil y debes aceptar lo que te dicen y enseñan otros que tienen autoridad.
Es cierto que el conocimiento intelectual, científico y experimental de algunas personas es mayor que el tuyo y merece todo respeto. Pero en lo que respecta a la sabiduría, al sentido de tu vida, al formarte opinión de las cosas y de los acontecimientos, tú tienes tanta capacidad como los demás para mirar, ver y sentir por tí mismo. Lo que necesitas realmente es aprender a ver por ti mismo y a oír tu voz interior.
Tu voz interior no es lo que dice tu mente. La mente únicamente repite lo que ve y oye de fuera.
Tu voz interior no es inferior a la de ninguna otra persona por encumbrada que ella esté en algún puesto de autoridad.
El que ES La Inteligencia y La Verdad te dotó a ti como a todos los demás seres humanos de la misma capacidad de Ver y conocer la Verdad de la Sabiduría. ¿Por qué confías más en lo que otros te dicen que en lo que te dice el Creador que te dio la inteligencia que eres?
Cuando dejes de pensar con y por los condicionamientos y contenidos mentales que has recibido de fuera y mires y veas por ti mismo, por lo que tú eres como inteligencia interna, entonces podrás sentirte tú, y verás y sentirás que dentro de ti está la Verdad.
Muchas personas mantienen ciertas creencias por intereses de conveniencia, por tradiciones familiares, por motivos autoritarios o sociales. En tales casos es imposible llegar a conocer y saborear La Verdad.

Libérate de todos los motivos "interesados" por los que piensas y crees esto o aquello. Libérate del miedo a quedarte solo con "tus" creencias propias y auténticas. Libérate de la necesidad y obligación que has sentido siempre desde tu niñez de pensar y creer de una determinada manera... y empezarás a sentir y gozar el aire fresco y puro de la libertad a la que fuiste destinado por el Creador que sabe muy bien lo que hace y te hizo consciente, inteligente y libre.
Mi voz me dice que no debes aceptar nada de lo que te digo, si tú no lo ves. Como tampoco debes aceptar lo que otros te han dicho si no lo ves por ti mismo.
Mi voz me dice que sólo debes aceptar lo que tu voz te dice. Pero solamente oirás lo que tu voz te dice, cuando tu mente esté libre de condicionamientos previos mentales y cuando tu corazón está limpio de intereses y conveniencias personales y de absurdos temores infantiles esclavizantes.
No creas en mí. Cree en ti.
No me creas a mí. Créete a ti.
No creas en mi voz. Cree en tu voz.
Cuando oigas lo que mi voz me dice, escucha tu propia voz. Tu voz y la mía son la misma voz. Lo que tu voz te diga será lo válido, cierto y verdadero. Digo "lo que tu voz te diga". No lo que digan las ideas que tienes ahora enmarañando tu mente. Digo "lo que tu voz interior te diga" cuando hayas logrado deshacerte de las ideas enraizadas en tu mente y los sutiles y ocultos motivos interesados de tu voluntad y tu ego.
Mi voz no te propone ni impone doctrina o ideología alguna. Mi voz me dice y te dice que vacíes tu mente de contenidos condicionantes para que quedes limpio y seas libre para ver con ojos puros e inocentes, pienses con mente descondicionada y sientas y vivas la verdadera y auténtida libertad interior.


Darío Lostado
(...Pero Mi Voz Me Dice...)



miércoles, 18 de agosto de 2010

¡POR QUE ESTAMOS AQUÍ?


Todos los problemas que existen en el mundo, están en el interior de cada uno.
El ser humano tal y como existe "aquí y ahora" en este planeta Tierra es un ser autodesarrollante.
No sabemos cómo ni por qué pero lo cierto es que el hombre no está completamente hecho, "perfecto". Su misión en la vida es "hacerse", perfeccionarse, realizarse o lo que es lo mismo, hacer efectivo, llevar al lo que es en potencia.
Al olvidar esta su misión, el hombre se lanza en la vida a una actividad frenética por "realizar" una idea que tiene de sí mismo, que consiste en satisfacer ciertas exigencias físico-materiales de los sentidos y en sobreponer la idea de sí a la idea de los demás o lo que es lo mismo hacer que su ego o "yo" interior esté siempre por encima del ego o yo inferior de los demás.
Y aquí surgen los problemas.
Los problemas los crea cada uno cuando en lugar de dedicarse a "realizar" su misión, su propia naturaleza verdadera, se lanza a defender y fortalecer ese fantasma imaginario que se ha creado de sí mismo.
Todas las guerras, todas las injusticias sociales, todos los conflictos humanos internacionales tienen su origen en los desajustes y conflictos internos del hombre. Y no del hombre abstracto sino bien concreto, en tí, en mí y en cada uno de los que caminan por la calle. Es cierto que los conflictos internos de los hombres que dirigen y gobiernan los pueblos y los Estados tienen más influencia e importancia que los de un simple ciudadano sin poder alguno en la sociedad. Pero cada una de nosotros cooperamos a nuestro modo en ese estado de cosas.
Las ciencias psicológicas han creado e ideado terapias diversas para cambiar o mejorar la conducta humana. Las más avanzadas tratan de cambiar la actitud mental del hombre. Se dice que la mente con un determinado tipo de ideas conduce a un determinado tipo de conducta. Por tanto basta cambiar los contenidos mentales que son las ideas para que la conducta también cambie.
Hasta ahí todo eso es correcto.
Pero hay que resolver el problema base que es la base de todos los problemas.
Entre todas las ideas que albergamos en la mente hay una que la máxima relevancia e importancia en nuestra vida. Es la idea que tenemos sobre nosotros mismos.
Es evidente que siempre hemos de tener una idea sobre nosotros como la tenemos sobre todas las demás cosas. Pero lo grave y nefasto es que constituyamos y hagamos de esa idea el eje y centro de nuestra existencia y nuestras preocupaciones.
Eso es exactamente lo que se intenta cuando se propone como un gran método terapéutico el cambiar y mejorar la propia imagen. Es cambiar la idea que tenemos de nosotros mismos por otra más elevada y positiva. Así estamos constantemente dando vueltas alrededor de un mundo de ideas, planeando sobre un mundo irreal en lugar de aterrizar, posarnos y afianzarnos en la realidad de nosotros mismos.
Se trata de descubrir por vivenciación y experimentación al sujeto de todas esas ideas. Quién es el que vive en este cuerpo, quién es el sujeto y actor de estos pensamientos, quién es el que percibe más allá de todas las sensaciones y percepciones.
Cuando nos demos cuenta de que el origen de las ideas que tenemos de las cosas y de nosotros mismos no es otra idea ni el cerebro sino una energía-realidad consciente y amorosa, directa de ello, eliminando y anulando todas las ideas preconcebidas por bellas y sanas que parezcan, entonces nuestra vida dará un giro radical y no necesitaremos de psicoterapias para cambiar de ideas o de imagen.


Nos han enseñado muchas cosas en el colegio y en la Universidad, pero no nos han enseñado a vivir. Es que son muy escasos los maestros de vida. A vivir sólo se enseña viviendo, como a amar sólo se enseña amando. De poco sirven las teorías, en esas dos asignaturas, que en realidad ambas son una sola. Lo importante es vivir consciente y amorosamente. No nos han ensañado qué significa estar completamente vivos.
Nos enseñan cómo mantener vivo y robusto nuestro cuerpo. Pero no cómo estar completamente vivo y despiertos.
Las preocupaciones de nuestros padres y educadores se han reducido a que nuestro cuerpo funcione lo mejor posible y que nuestra conducta se acomode lo más perfectamente posible a la sociedad en que vivimos.
Vivimos alejados de nosotros mismos. Es necesario volver al re-conocimiento de nuestra verdadera identidad real.
No sabemos con exactitud qué somos porque no nos lo hemos propuesto como problema básico y fundamental.
Creemos que somos lo que en realidad no somos.
No sabemos vivir porque no sabemos quién y qué es el que vive en esto que llamamos nuestro cuerpo, quién es el que vive esta vida que llamamos nuestra.
Las guerras, las crueldades, las injusticias... no son producto de unos cuantos señores más o menos locos, déspotas o ambiciosos. Somos todos, los que producimos y creamos ambiente de guerra. Vivimos permanentemente en pie de guerra porque vemos por todas partes actuales o potenciales rivales y enemigos.
La causa de las guerras y de las injusticias está en el corazón de cada uno de nosotros.
Hay guerra, desunión y desintegración dentro de nosotros. Desintegración o lucha entre el consciente y el inconsciente, contradicción entre lo que pensamos, decimos y hacemos y sobre todo desintegración entre lo que realmente somos y lo que vivimos.
No somos lo que vivimos. No vivimos lo que somos. Vivimos lo que no somos.
Somos todos un cielo. Pero la vida de muchos suele ser un infierno o por lo menos un purgatorio.
Cada uno de nosotros somos una maravilla potencial. Esa potencialidad puede actualizarse, puede realizarse cuando lo decidamos nosotros mismos. Pero únicamente lo decidiremos cuando lo veamos con toda claridad, cuando nos convenzamos de que esto no es una mera frase sino una auténtica realidad vivenciable y experimentable.
Vivimos dormidos. Mientras no despertemos, seguiremos viviendo este ensueño en el que estamos metidos creyendo que somos esto o aquello, que somos así y debemos ser asá. Todo son imaginaciones, sueños falsos, ideas e ideales. Muchas veces cuando vemos que no somos como deberíamos ser nos abandonamos al sueño de imaginar que algún día llegaremos a ser lo que imaginamos como nuestro ideal.
Todo esto es real. Aunque es posible que algunos de mis lectores lleguen a pensar que son unos simples remotas y bellas ideas.
Está muy lejos de mí la intención de acaramelar las mentes con un optimismo barato. No hablo de esperanzas de futuro sino de realidades presentes. Lo que digo no es válido para una vida posterior a esta. Sólo hay una vida. Cuando el cuerpo muere casi todo sigue igual. Solamente desaparecen las limitaciones del cuerpo material. Tu yo , tu ser, sigue vivo.
Lo que yo digo es válido para todos y para este mismo momento. Está destinado a todos y no sólo a unos cuantos privilegiados. Aunque sí es cierto que solamente lo ven lo viven y lo disfrutan los que se deciden con toda su alma y lo toman como el asunto más importante de su vida.


Lo más dura en el trabajo sobre la búsqueda de nosotros mismos radica en la dificultad de reconocer nuestros errores y falsedades. No nos gusta reconocer que vivimos engañando y engañándonos y que los seres más queridos también nos han engañado. Todo esto es muy duro y preferimos seguir en nuestro sueño antes que reconocer la verdad lisa y llana, que nos abriría la puerta de nuestra feliz y verdadera realidad.
Lo que yo propongo es un trabajo de investigación.
La investigación en las ciencias sociales se basa en buscar la naturaleza de la realidad fuera de uno mismo, en las cosas, en la materia, analizándola a través del cerebro, los sentidos externos y algunos sofisticados instrumentos que aumentan la capacidad de los sentidos orgánicos. Se investiga lo que se ve, lo que se oye, lo que se palpa, lo que se percibe por los sentidos y es medible, manejable y constatable.
El mundo occidental ha desarrollado esta clase de investigación en la medicina, física, química, biología, cibernética... Ha llegado a manejar hasta unos ciertos grados la materia, tanto la llamada viva de los organismos como la materia inerte.
La investigación interior no consiste en creencias ni en ideologías. Consiste en una visión clara interior de la propia realidad, de La Realidad.
Cuando esa visión se da, el que la tiene, siente el gozo de Ser la realidad siempre idéntica a sí misma. Entonces sabe quién y qué es él mismo.
Este estado de conciencia es posterior y superior al estadio de desarrollo que T. de Chardin llama la noósfera.
Cuando el ser humano llega a este estado de conciencia está preparado para contactar con otros niveles superiores del Ser.
La razón, la mente, los sentidos externos y los instrumentos sofisticados modernos nos proporcionan un tipo de investigación de la materia limitada. Pero no pueden darnos ningún conocimiento sobre la infinitud de La Vida y del mundo invisible que es el origen del mundo visible.
Los sistemas filosóficos empíricos solamente daban validez de realidad a todo y solo aquello que nos llegaba por los sentidos. Luego los racionalistas con su endiosamiento de La Razón, a la que levantaron incluso altares y estatuas, creyeron que el único medio fiable era la razón o la mente o el intelecto. Pero tanto la razón o la mente como el instrumento orgánico de que se sirve, el cerebro, son limitados. Con tales medios no se puede explorar lo más fino, lo más perfecto, lo más sutil. Lo más perfecto es siempre lo más simple, lo menos complejo.
Ahí se encuentra la dificultad de la investigación espiritual. Estamos acostumbrados a vivir de ideas y con ideas, siempre pendientes de la mente. Y la mente sólo sirve para lo complejo. No para lo simple. Lo simple solamente puede percibirse en la simplicidad del silencio mental con la luz de la inteligencia intuitiva y el sentir profundo más allá de los sentidos y las emociones.
Ver esto claro es una señal de demanda interior. Es señal de estar llamado a esta trabajo de un nivel superior. Cada uno vive en su nivel. Cuando se siente la demanda de "algo" más, hay que trabajar o disponerse a "ese algo más". Entonces uno supera su nivel anterior y poco a poco va viendo que lo que antes le llenaba y satisfacía, ahora le deja indiferente. Y también a la inversa: las cosas que antes le molestaban y le hacían sufrir, ahora no le hacen mella alguna.
A medida que va subiendo el nivel de conciencia, la perspectiva y los valores cambian.
Antes teníamos quizá muchos proyectos de cosas y muchas metas. Ahora aquellos proyectos y metas han perdido fuerza. Y entonces uno se pregunta: ¿Cómo es posible que eso que antes me parecía la antesala de la felicidad, ahora se vea como una tontería sin sentido?
A medida que se van descubriendo aspectos del mundo interior, los valores que daba a las cosas exteriores cambian.
Cada día vemos, que el mundo no es precisamente un paraíso. Uno tras otra van cayendo y fracasando las teorías políticas, económicas, sociales...


Las ideologías y hasta las religiones no logran que nuestro mundo sea más humano y más feliz.
¿Qué hacer?
Si queremos que el mundo sea un poco mejor y más feliz solamente hay un camino que nosotros podamos y tengamos que recorrer. Cada uno puede hacer que su pequeño mundo, el mundo de su vida com parte de su entorno cambie de signo. Nadie puede impedirnos el vivir desde nuestro mundo interior. Es éxito seguro. Cada uno puede transformar su vida. Todos podemos ser hombres nuevos.
No hay que hacer muchas cosas. Solamente hay que hacer una sola: ser auténticamente en cada momento de nuestra vida expresión clara y directa de lo que somos en nuestra realidad profundo.
Muchos queriendo cambiar el mundo, olvidan lo más importante: cambiarse ellos.
Un joven le dijo a Ramana Maharshi si en lugar de trabajar en conocerse a sí mismos, no sería más importante ocuparse de la justicia social. A lo que el maestro respondió: Desde luego, si ello es realmente importante y necesario para tu equilibrio interior.
Poco podemos hacer realmente efectivo por el mundo si no tenemos equilibrio interior, si no hay justicia dentro de nosotros.
Cada uno está donde está, para ser realmente lo que es, para cumplir la justicia consigo mismo y con La Vida, con la naturaleza que ha recibido. ¿Conoces tu naturaleza? Ocúpate de conocerla a fondo para que cumplas LO QUE ERES.

Darío Lostado
(Hacia La Verdad De Ti Mismo)


lunes, 28 de junio de 2010

TU ERES FELICIDAD



LA FELICIDAD ESTÁ DENTRO DE NOSOTROS

¿Por qué buscas esto o aquello, por aquí o por allá para ser feliz?
Aquel amigo mío se estaba volviendo loco, buscando sus lentes por toda la casa, cuando los tenía puestos ante sus propios ojos.
Es exactamente lo que nos ocurre cada día. Buscamos y buscamos lo que tenemos ante nosotros, dentro de nosotros.
Este es uno de esos graves errores en los que estamos metidos de lleno y del que son muy pocos los que se disponen a salir porque son muy pocos los que creen lo que estamos diciendo.
Si una persona tiene una gran fortuna en una cuenta de un banco, pero vive pobremente porque siempre ha creído que es pobre y así le han dicho durante toda su vida, le resulta difícil creer que es rico si alguien un buen día le dice que lo es.
Alguno me dirá: pero ¿cómo voy a creer que yo tengo o soy la felicidad si me siento tan infeliz tantas veces en mi vida?
Te respondo que no tienes que creerme a mí ni a nadie. Solamente es necesario que veas por ti mismo y examines por ti mismo lo que ocurre y lo que hay en ti.
Es un gravísimo error el creer que la felicidad nos llega de afuera, de algo exterior a nosotros mismos. Y este error está tan profundamente enraizado en nuestra mente y nuestro nodo de pensar que lo que estoy diciendo es difícilmente aceptable para muchos.
En nuestra vida vivimos muchos momentos de gozo, de alegría, de felicidad. Pues bien, todo ese gozo, toda esa alegría, toda esa felicidad la sentimos porque ya está en nosotros. Más todavía, nuestra naturaleza consiste o es esa plenitud, esa felicidad. Y cuando no sentimos la felicidad se debe exclusivamente a que estamos ausentes de lo que somos, no vivimos lo que ya somos. Cuando estás esperando que alguien o alguna cosa te dé felicidad te pareces a un millonario que está pidiendo limosna en la calle y está deseando que pongan unas monedas insignificantes en su mano para sentirse feliz.
En este error de base se originan casi todas nuestras desilusiones, frustraciones y depresiones. Al estar siempre pendientes ansiosamente de ser felices con algo que queremos conseguir o que alguien nos debe dar y esperamos que nos dé, sentimos tristeza y frustración cuando eso no llega o quizá nos llega del signo contrario al que esperábamos.
Aunque pueda parecer a algunos algo exagerado, es completamente cierto y evidente que hemos de cambiar la polarización de nuestra vida dando un giro de ciento ochenta grados si queremos ser felices. En lugar de mirar y buscar afuera, hay que mirar y buscar adentro. El recorrido de la felicidad no es de afuera hacia adentro sino de adentro hacia afuera.
Suele decirse que en esta vida no se puede ser plenamente feliz. Y eso es absolutamente falso.
Lo que ocurre es que como creemos que la felicidad es algo así como un recipiente que debe llenarse de cosas y no podemos en esta vida llenarlo completamente de esas cosas porque no podemos conseguir todas las que caben, llegamos a decir y pensar esa absurda y generalizada frase.



Basta que nos demos cuenta de lo que somos y veremos que no hemos de recibir nada, que ya somos todo, que ya tenemos más de lo que podemos desear.
Puede argüirse que son pocos los que llegan a darse cuenta de lo que son y se sienten felices. Pero afortunadamente no es una sola persona la que vive por lo que es. Son muchas.
Es curioso y paradójico advertir que en nuestra sociedad generalmente cristiana, al menos teóricamente, parezca una utopía lo que estamos diciendo, cuando el mismo Cristo dijo clarísimamente que el reino de los cielos está dentro de nosotros mismos.
El cielo no es por tanto, algo que hay que conseguir para después de muertos, sino algo que ya está en nosotros. Y no es ni consiste en nada que podamos conseguir de afuera sino que ya está en nosotros tengamos o no tengamos cosas de afuera.
Lo que ocurre es creer que la felicidad consiste en conseguir algo y al no poder conseguir ese algo con las cosas de esta vida nos hacemos la ilusión de que nos lo darán en la vida después de la muerte. Y entonces nadie nos dará nada. Lo que ocurrirá entonces es que desaparecerá la ignorancia de nuestra mente en la que estamos metidos ahora y al no existir los límites de los sentidos y la mente veremos a Dios cara y cara, que es lo mismo que ver al Dios que vive en nosotros.
El reino de los cielos que ahora existe en nosotros, lo veremos y disfrutaremos sin las limitaciones de nuestro cuerpo, las oscuridades de nuestra mente y las pequeñeces individuales de nuestro ego.
Entonces no seremos más, sino que desaparecerá la ignorancia, desaparecerán los velos que no impiden ahora ver, gozar y ser lo que somos. La muerte por tanto es la liberadora de nuestra ignorancia y de las limitaciones que nos impiden ver, gozar y ser. Por eso, los que se liberan ahora, en esta vida presente, de la ignorancia y las limitaciones que nos impone la mente y llegan a VER y comprender lo que somos, saben que ya somos plenitud y nada ni nadie puede darnos un ápice de felicidad, porque ya somos toda la felicidad que podemos llegar a soñar. Esa es la verdadera liberación. Esa es la verdadera realización humana: Liberarnos de la ignorancia sobre nosotros mismos y ver y vivir la Realidad que ya somos.
Mientras no nos convenzamos de que para ser y sentirnos felices no nos hace falta nada, absolutamente nada más que darnos cuenta de lo que somos, no sólo intelectual sino vivencialmente, jamás podremos gozar profundamente la verdadera felicidad.
Nuestra vida actual está basada en unos ciertos condicionamientos mentales. Pensamos que el día que se cumplan esos condicionamientos seremos felices. Si encuentro el trabajo que quiero y me gusta, si logro tal situación económica, si tal o cual persona me llegan a querer como yo deseo, si logro tener la fama y el prestigio que busco, si tengo la casa o las cosas que me gusta tener, si puedo comprar el auto que toda la vida he deseado, si tengo buena salud y mi familia esta unida alrededor de mí, si...
Infinitas condiciones que no se darán nunca juntas. Pero aunque se dieran quedaría siempre la espada de Damocles pendiente sobre nuestra cabeza de que todo eso puede perderse, puede quebrarse en cualquier momento. Siempre pendientes de algo que no depende enteramente de nosotros sino de infinitas circunstancias exteriores. Es penoso vernos a nosotros mismo mendigando constantemente de la vida las migajas que se caen de la mesa, siendo nosotros mismos los dueños del banquete.
Vivimos bajo unos condicionamientos mentales que desde niños se nos han ido imponiendo. Se nos ha enseñado una jerarquía de valores en cuya cúspide está el tener cosas, fama, prestigio... y hemos llegado a creer que arribar a esa meta es ser feliz.
En algunos pueblos orientales no era así, hasta que se les contagió la mentalidad occidental.
Recuerdo aquel santón, pobremente vestido, a la puerta de un templo. Su cara era el verdadero reflejo de la felicidad.
Estoy escuchando ya las objeciones de los que se creen muy progresistas y adelantados. Les oigo decir que esas personas o esos pueblos no han evolucionado y se han quedado sumidos en la miseria por esa actitud de falta de ambición y competencia. No es así. Pero aunque así fuera ¿no es acaso el fin del progreso técnico y material el dar al hombre más felicidad? Ellos la tienen sin ese endiosamiento del progreso.
Pero no se trata de contraponer felicidad a progreso. Se trata de ver y comprender que la felicidad no va a remolque del progreso técnico-material. Se trata de ver claro qué es fin y que es medio, relativamente útil, aunque no necesario y mucho menos imprescindible. Se trata de liberarse de la esclavitud de los condicionamientos absurdos y falsos para ver que eso es lo primero y que todo lo demás debe ir a remolque de lo que es primero, y no a la inversa. Se trata de ver que ahora en la condición actual nos sentimos felices o infelices dependiendo de unas ideas inestables cuando yo soy una realidad y las ideas no son ni siquiera esto. Son únicamente ideas, que lo mismo que son de felicidad pueden serlo de infelicidad.
Es lamentable que estemos constantemente dependiendo de las ideas que llegan u ocupan nuestra mente para ser felices o infelices. Nos dan una noticia buena y nos sentimos felices. Si la desmienten y nos dan la contraria, nos sentimos abatidos. Y así andamos de un lado a otro arrastrados por unas simples palabras o ideas cambiantes y volubles.
Es decir, que la felicidad está donde está, dentro de nosotros. Pero la puerta queda cerrada mientras existen los bloqueos mentales por los que se nos impide gozarla directamente. El día que nos liberemos de los condicionamientos mentales podremos contactar directamente con la realidad gozosa que somos.
Suele decirse frecuentemente como un extraordinario descubrimiento que como es nuestra mente, así es nuestra vida o también que somo lo que son nuestras ideas. Esto es lo que suele ocurrir. Pero no es de ningún modo lo que debería ser si fuéramos conscientes de lo que somos.
Casi todos los métodos mentales se dirigen a cambiar nuestro modo de pensar. Se pretende cambiar la mentalidad que llaman negativa en una mentalidad positiva. Y ciertamente se de un cambio en el modo de pensar y vivir. Es decir es un mejoramiento mental que acarrea un mejoramiento en el modo de sentirse. Pero aun suponiendo que esas ideas inestables duraran toda la vida, tenemos que convenir en que estamos viviendo sobre algo ideal, algo no real. Y por supuesto siempre expuestos a que esas ideas se las lleve cualquier leve viento y nos quedemos desmantelados en nuestro tinglado mental.
Mientras viva de ideas sobre mí mismo, en lugar de vivirme directamente lo que soy, estoy engañándome a mí mismo por bien intencionado, bello y agradable que sea el engaño.
Ninguna idea puede suplir ni remotamente a la realidad. Por eso ante este problema existen diversas posturas:
Unos no llegan a entender todo esto ni siquiera intelectualmente porque su mente está demasiado condicionada con otras ideas.
Otros lo entienden intelectualmente pero como una teoría simplemente.
Otros lo ven claro. Saben que esto es así y no puede ser de otra manera, pero la fuerza de la constumbre de vivir como todos y como siempre han vivido hace que se quede en puro conocimiento intelectual y teórico.
Otros no solamente lo ven y lo comprenden sino que lo van viviendo, aunque se vea de vez en cuando interrumpido por decaimientos o condicionamientos externos.
Y otros finalmente lo viven en toda su extensión y con todas las consecuencias. Son las personas realizadas. Son los auténticamente felices. Estas personas no son necesariamente personas cultas o insertas en ciertos movimientos espirituales. Son personas simples que han sabido abrirse a la sabiduría interior y ésta se ha hecho presente en ellas. Todos podemos ser una de esas personas. Solamente hace falta tener una aspiración sincera, profunda, verdadera, desinteresada, y libre de fines ruines y egoístas, para conocer la verdad de nosotros mismo, anteponiendo este deseo a cualquier otro por importante y sano que parezca.



Cuando llegamos a la verdad de nosotros mismos nos damos cuenta de que no necesitamos buscar nada afuera para ser felices porque ya lo somos todo.
Entonces nos damos cuanta de que todo lo que llamamos nuestro interior, como es nuestra mente consciente o inconsciente, no es sino un mecanismo más o menos útil, más o menos influyente pero no nuestro verdadero ser, no nuestra realidad central que es el Único Ser, la única Realidad, el mismo Dios como solemos llamarlo.
Así nos damos cuenta de que el problema de ser feliz o no, depende de saber dónde está la felicidad.
El estar más o menos satisfecho en la vida depende de tener más o menos cosas, quizá. Pero la felicidad no es eso.
Solamente cuando veamos claro que nadie ni nada nos va a dar lo que ya somos, podremos sentir la felicidad que somos.



Darío Lostado
(Hacia La Verdad De Ti Mismo)