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jueves, 22 de marzo de 2012

DESEO = SUFRIMIENTO


La tendencia más universal entre los seres humanos es el rechazar y huir del sufrimiento.

Y son pocos los que se dan cuenta de que:

  • el sufrimiento proviene de los deseos y temores.
  • Cuantos más deseos existen en el corazón, más sufrimientos sobrevienen al no ser realizados.
  • incluso cuando los deseos son satisfechos, siempre asoma el sufrimiento bajo el temor de perder lo que se posee.
  • a más y mayores deseos, más sufrimientos.
  • desea cosas, éxito, poder, riquezas... quien no es consciente de sí mismo, de lo que es en el fondo de sí mismo.
  • tienen más deseos los que se sienten más vacíos.
  • Tú eres más y mejor que todo cuanto puedes desear.
  • lo que es más y mejor, como eres tú, suple y compensa con creces lo que es menos y pero, que son los objetos de tus deseos.
  • cuando tú te posees a ti y te sientes ser tú mismo ya no necesitas desear nada más.
  • todos tus deseos cumplidos jamás saciarán la sed de felicidad.
  • cuando te das cuenta de lo que eres, desaparecen los deseos porque ya no necesitas nada más.
  • los deseos de la propia subsistencia son simples y sencillos cuando estás lleno de ti mismo.
  • los deseos de la subsistencia se complican cuando te sientes vacío interiormente y multiplicas artificialmente tus necesidades.
  • cuantos más deseos satisfaces, otros nuevos aparecen en tu corazón insaciable y en tu mente ávida y curiosa.
  • desea únicamente lo necesario y te librarás de muchos sufrimiento inútiles.




Darío Lostado

(Somos Amor)



martes, 22 de noviembre de 2011

ANHELOS DEL CORAZÓN Y DESEOS DEL EGO


Es inevitable vivir con deseos.

Los deseos que brotan del amor verdadero, logran siempre su realización y son positivos y beneficiosos.

Los deseos que tienen su origen en la vanidad y ambición del ego o en las tendencias perversas de las pasiones o instintos ciegos, son destructivos y nefastos.
Los deseos de tu "yo inferior", llenan siempre de frustración y amargura tu existencia. Lograrás liberarte de ellos, cuando no exista en ti compulsión obsesiva hacia nada.

La mejor manera de liberarse de los deseos obsesivos es verse a sí mismo, una y otra vez mentalmente, con toda claridad, sin deseos. ¿Cómo te verías sin ellos?



El afán insistente de algunas personas, de superarse y ser mejores hace que tales personas queden inmovilizadas e incapaces de vivir con normalidad. Así no logran ni ser buenas ni siquiera ser normales.

Los deseos que brotan del amor son siempre liberadores, porque nacen de la paz y serenidad del espíritu, sin compulsión obsesiva alguna.

Los deseos que atan y crean dependencias, no son hijos del amor sino de la ambición del ego.

El amor da calidez a tus anhelos, mientras que los deseos ansiosos del "yo inferior" llenan de inquietud y ansiedad el corazón.

Cuando más te liberes de tus deseos, más libre y ligero podrás volar.


Darío Lostado
(Tu Vida Tiene Sentido)


lunes, 24 de octubre de 2011

¡BIENVENIDO SUFRIMIENTO!


El sufrimiento es una bendición. Aunque para la mayoría suele resultar y parecer una maldición.
Es una bendición para todos aquellos que saben aprender la lección que el sufrimiento conlleva.
Es una maldición para quienes tienen como meta y objetivo único en su vida gozar y no sufrir y consideran la vida y el mundo como el escenario y la morada del placer inmediato y sensible.
Pero la vida no es eso.
Cualquier clase y grado de sufrimiento lleva consigo una enseñanza apropiada a cada momento y situación. Cualquier dolor, cualquier prueba, cualquier contratiempo, cualquier pena y sufrimiento nos quiere decir y enseñar algo. Y una enseñanza de vida es una gran bendición.
Pero no es suficiente para que cualquier sufrimiento tenga un sentido didáctico. Es necesario saber sacar la lección. Una frase escrita puede tener una gran enseñanza. Pero no sirve de nada si no se sabe o no se quiere leer.
Cualquier prueba, dolor o sufrimiento es la lección clara de que eso es a lo que estamos apegados y hemos perdido total o parcialmente, no debe ser objeto de nuestro apego posesivo y obsesivo. Cualquier clase de sufrimiento nos enseña a soltar, a dejar, a desapegarse, a no depender de algo que está ahí, quizá para nuestro uso o para otros infinitos fines y motivos pero no para que nos quedemos apegados y dependientes de ello.
Sufre el que quiere.
Sufre el que quiere mantenerse apegado a algo.
Cuando este algo, objeto de su apego le falta o teme que puede faltarle surge el sufrimiento.
Por más que una persona ate, reate y trate de asegurar aquello a lo que está apegada, tarde o temprano le ha de faltar y vivirá siempre bajo el temor de que puede faltarle. Este temor es ya en sí mismo un constante sufrimiento.
Solamente logra no sufrir el que no está apegado a nada ni a nadie.
Cuando una persona es afectada por el sufrimiento de algo que ha perdido o cree haber perdido y sabe sacar la lección de que su vida, su ser verdadero es mucho más grande, más rico, más fecundo y más feliz que ese apego que ha perdido o teme haber perdido, su sufrimiento se convierte en el mayor de los bienes, en la mayor de las bendiciones.
Para quien no sabe aprender de la vida, el sufrimiento va multiplicándose en cada situación de fracaso o temor.
Son muchos los que tratan y se esfuerzan para que su vida sea una constante suma de placeres, satisfacciones y éxitos. Ese parece ser el objetivo más codiciado por la mayoría. Pero en la vida de todos y también de estas personas hay momentos en que la conciencia surge de su letargo y aparece con toda su lucidez mostrando la futilidad de tanto trabajo y empeño por correr permanentemente tras el brillo vano del placer y el éxito. Entonces se ve y se comprende la transitoriedad y vacuidad de todos los objetos de nuestro apego o surge amenazante el temor de perder todo aquello en lo que se apoyaba nuestra dicha.
Solamente el que aprende la lección que la Vida le da con cada prueba, pasa entre los sufrimientos y placeres con la serena y segura certeza de que su felicidad está más allá de los unos y de los otros. Ni los placeres le deslumbran y enloquecen de alegría ni los sufrimientos le deprimen o entristecen. Él vive ajeno a unos y otros porque sabe que no está ahí para huir del dolor ni correr tras el placer. Sabe que vive únicamente para ser expresión viva de Lo Que Es. Y eso es mucho más que todo lo transitorio que pueda desear temer, sea placentero o doloroso.

Es afortunado aquel a quien La Vida sacude y golpea en algún momento con alguna decepción o desgracia y lo lleva a buscar el verdadero sentido estable de sí mismo más allá de todo lo temporal y contingente, en lugar de seguir adormecido y engañado en las momentáneas y ficticias alegrías pasajeras.
Quien prefiere la inmediatez aparente y momentánea del placer transitorio seguirá adormecido e impedido para la búsqueda de algo mejor, de lo único que es permanente y la auténtica causa de nuestra felicidad.
Entender esto que estamos diciendo es ,al menos estar en el camino de la búsqueda. Y progresar en este camino significa no correr constantemente persiguiendo el placer como el burro tras la zanahoria.
Quien quiere sincera y honradamente vivir la libertad verdadera con un sentido claro de su existencia sabe que placer y dolor, pena y alegría son dos caras de la misma moneda. Son dos aspectos aparentemente opuestos de la existencia limitada, tras la que se esconde el Ser Absoluto y a través de la que se expresa en sus infinitas formas El que es la base de todo y dirige todo con sabiduría perfecta. El está presente, gobierna y dirige todo cuanto existe tanto lo que nos resulta agradable, placentero y positivo como en lo desagradable, penoso y aparentemente negativo. Este Ser que es la Conciencia Pura y Absoluta se manifiesta de un modo especial en la conciencia humana de cada hombre y mujer. Pero el nacimiento del "ego" individual en el ser humano (pecado original) hace que la mente egoísta acepte y califique de bueno lo que le es placentero y de malo lo que le resulta desagradable. La conciencia interna con su luz interior todo lo ve proveniendo de la misma mano, con la misma sabiduría y la misma infinita bondad.
Por todo ello, la persona iluminada y conducida por la voz interior de su conciencia profunda se siente siempre libre de temores y deseos porque sabe que la moneda es siempre la misma tanto caiga de cara como de cruz.
Por eso es libre el que está liberado de la pulsión hacia el placer y del miedo y aversión al dolor. Y considera tanto el placer como al dolor como dos extraños impostores que quieren adueñarse de la dirección de su existencia.
Cuando los psicólogos hablan de las fuerzas que arrastran y zarandean a los seres humanos de aquí para allá suelen referirse a la tendencia innata, ciega e irrefrenable hacia el placer y la natural aversión al dolor.
Esa tendencia suele ser calificada como natural y normal en el ser humano. Pero es tendencia natural solamente de la materia sensible, de la parte biológica, del cuerpo del ser humano como lo es de cualquier materia viva sin conciencia de sí misma, sin conciencia de su propia naturaleza.
Pero esa tendencia no resulta ni natural ni normal en la persona que ha despertado en su conciencia interior, en lo que es más específicamente humana. Entonces, la comprensión de que placer y dolor, blanco y negro, positivo y negativo son aspectos diversos pero propios, naturales y normales de todas las infinitas formas de manifestación del SER (Dios) hace que unos y otros sean igualmente bienvenidos sin rechazar lo que aparece como desagradable ni desear con apego lo agradable.
No hay tendencia más verdaderamente humana que la de querer ser, vivir y realizar lo que en el fondo SOMOS, lo que siempre fuimos en origen y lo que jamás dejaremos de ser.
Es la tendencia a vivir el SER, el Absoluto que somos en el fondo. Es la tendencia al paraíso de la felicidad que somos y del que salimos y lejos del cual hemos vivido exiliados en el desierto repleto de falsos espejismos que se nos aparecen como si fueran la Realidad.
Es evidente que la causa de nuestros sufrimientos suele residir en los muchos deseos que alberga nuestro "ego" y en los temores consiguientes.
Pero como en tantas otras cosas, caemos en el absurdo de querer eliminar los efectos sin quitar las causas.


Mientras vivamos encarnados en un cuerpo tendremos un "ego" que regule nuestra vida existencial. Pero el desarrollo de la madurez humana, es decir, el desarrollo y evolución de la conciencia de sSí mismo, de lo que somos en nuestra naturaleza profunda, hace que el ego quede reducido a su lugar, a su propio objetivo que no es otro que el mantenimiento del cuerpo y la personalidad. Solamente eso.
Cuando por el contrario no hay el suficiente desarrollo de la conciencia en una persona, el "ego" asume la dirección total y absoluta de la persona y queda atrapada por los infinitos deseos absurdos sin orden ni medida. La vida entonces se convierte en una carrera alocada de deseos y más deseos y por ende, de temores sin fin. El "ego" es entonces el dueño de esa vida.
Así puede establecerse esta sucesión de causas y efectos: A mayor "ego" más deseos y temores. A más deseos y temores, más sufrimiento.
Dicho de otra forma: Si quieres eliminar tus sufrimientos, elimina los deseos y temores. Para eliminar los deseos y temores, controla el "ego" y redúcelo a su función propia y exclusiva. Y para controlar el "ego", toma conciencia de ti mismo, de tu realidad central, de tu yo Superior.
Pero ante la realidad actual del sufrimiento ¿qué hacer?
Ante todo ACEPTARLO.
Aceptarlo no quiere decir simplemente resignarse porque no hay más remedio.
Aceptarlo quiere decir tomar conciencia de que ese dolor está ahí porque tiene que estar.
Aceptarlo quiere decir que estamos convencidos de que ese sufrimiento es justo, que es la consecuencia lógica y normal de ciertas causas, aunque de momento sean oscuras o desconocidas para nosotros.
Aceptarlo es decirlo SI sin quejas ni lamentos inútiles.
Aceptarlo quiere decir que sabemos que Dios está con nosotros y preside tanto los momentos de alegrías profundas como los de amargo sufrimiento.
Dios no es sólo el Dios del radiante amanecer sino también el de la noche oscura. Dios de las flores y del cieno, Dios de las tormentas devastadores y de los días primaverales de calma, Dios de las profundidades osucras de monstruos marinos y de los pajarillos juguetones en la enramada, Dios en el rostro candoroso e inocente del niño y en el instinto oscuro del violador y asesino, Dios en el inocente cordero devorado y en el león feroz su devorador.
La ventaja de aceptar el sufrimiento es doble. En primer lugar al aceptarlo, el sufrimiento disminuye y hasta desaparece. En segundo lugar nos señala el camino para nuestra propia evolución y madurez.
La vida toda hasta en sus más nimios detalles tiene un sentido didáctico. Aprender de ella es entender su sentido.


Darío Lostado
(Hacia La Verdad De Ti Mismo)


sábado, 17 de septiembre de 2011

CONSUMISMO Y SUFRIMIENTO


Si analizamos cada uno de nuestros sufrimientos, nos damos cuenta de que siempre hay en el fondo un deseo no cumplido. Deseé algo y no lo puedo conseguir. Estoy deseando algo y no lo consigo. Desearía tener..., hacer..., conseguir..., algo y no lo logro.

La táctica y estrategia comercial del consumismo propone a la gente constantemente algo deseable. Algunas veces son cosas útiles. Otras son completamente inútiles pero son cosas atractivas, cosas que dan "status" social o personal, cosas que hacen a la persona que las posee más importante a los ojos de los demás. Las modas de turno son un ejemplo evidente de esto.

Muchas personas suelen argüir que ellos no, ellos tienen las cosas simplemente porque les gustan y no para que las vean los demás. Pero si se ahonda con sinceridad en los motivos por los que les gustan, se llega a la conclusión que se sienten más importantes con esas cosas, ante los ojos y la opinión de los demás.

Muchas cosas se poseen para ser apreciados y admirados y ser tenidos en mayor estima por los demás.

Y si nosotros queremos tener cosas para que nos admiren e incluso nos envidien, es porque también nosotros por nuestra parte hemos admirado y envidiado a los que las poseen.

Es muy difícil que una persona admita que envidia a alguien. Dará explicaciones rebuscadas y mil sinrazones a sus sentimientos y actitudes. Pero no admitirá que envidia a otras personas. Otros defectos son admitidos fácilmente. Pero no la envidia.

La política económica y comercial de los pueblos desarrollados principalmente, se basa en fomentar e incentivar el consumo, el movimiento del dinero.


Esto que en el plano económico parece lo mejor para un mayor desarrollo se constituye en causa de decaimiento de la persona, en su desarrollo humano, en cuanto persona, y es una pendiente no fácilmente perceptible pero indudable hacia el subdesarrollo humano. Y ello, no porque el desarrollo económico, técnico, científico o de confort en el modo de vivir sea perjudicial o negativo en sí mismo, sino porque la persona llega a acostumbrarse a reaccionar automáticamente por los estímulos que se le proponen y camina, como el animal inconsciente de sí mismo corre detrás de la zanahoria.

La política consumista crea deseos. Y los deseos de tener y poseer cosas y cosas sin límite, ahogan sustituyen y matan al deseo de ser lo que uno es.

La mayoría de la personas viven tan afanadas por llegar a conseguir ciertas cosas que no tienen tiempo para sí mismas, para saber quiénes son, qué hacen en la vida, aparte de pasarlo bien y adquirir cosas y más cosas.

El afán de tener y poseer algo de afuera, indica lo pobreza y la ignorancia de lo que se tiene dentro.

Cuantas más cosas se adquieren, más se va ahondando el vacío interior. Y cuanto mayor es el vacío interior más ansias se tiene de cosas para compensarlo. Es el círculo vicioso que nunca acaba hasta que ocurre algún hecho impactante o se de un despertar de la conciencia.

Si fuéramos conscientes de lo que somos y viéramos que necesitamos muy pocas cosas, no caeríamos en esa carrera alocada por adquirir y poseer cosas.

El consumismo, algo aparentemente inocente, es el camino directo hacia el subdesarrollo humano de los pueblos técnica y materialmente desarrollados.

No es el consumir sino el deseo y afán desmedido de tener y la obsesión de comprar lo que otros proponen, lo que hace que el consumismo sea peligroso y nefasto.


Darío Lostado
(Hacia La Verdad De Ti Mismo)




martes, 28 de diciembre de 2010

LO QUE ERES


Tu vocación como persona, no es triunfar en los negocios, sobresalir en la vida social, tener éxito y obtener aplausos y alabanzas, o tener un cuerpo fuerte o bello...

Tu vocación y misión como persona es llegar a vivir el ser esencial, la Realidad que tú eres y hacer realidad en tu existencia temporal todas las capacidades y potencialidades que tienes en tu naturaleza.


Como ser consciente, has de darte cuenta de lo que ya eres, sin necesidad de fantasear con lo que aspiras a ser.

Cuando intuyas o veas LO QUE ERES, a muchos de tus deseos y proyectos los verás insignificantes y triviales y tu corazón rebosará de gozo por tu plenitud.


Darío Lostado
(Mensajes de realidad)


martes, 21 de septiembre de 2010

BUSCAR COMPENSACIONES


Era una mujer culta.
Aparentemente no le faltaba apenas nada en la vida. Pero no se sentía satisfecha.
Es posible que algún psicoterapia le hubiera preguntando por su relación sexual con su marido, queriendo encontrar ahí la causa de su insatisfacción.
Había venido a un ciclo de conferencias que yo daba y un día me expuso su preocupación.
Es que casi todo lo que deseo me sale mal, me dijo.
Aunque le saliera bien o como usted desea, porque a eso lo llama bien, tampoco se sentiría muy feliz, le dije.
Claro que me sentiría feliz si se cumplieran mis deseos, me replicó.

-Los deseos son inagotables. Cuando cree haber satisfecho uno, aparece otro esperando ser cumplidamente satisfecho también. Le digo más todavía. Cuantos más deseos alberque en su corazón, tanto sean satisfechos o no, estará usted más lejos de su verdadera paz y tranquilidad interior.

-¿Qué quiere usted decir, que no debo desear nada?

-Más o menos eso intento decirle.

-Por eso le dije que eso era "más o menos" lo que quería decirle, porque sabía que no me iba a entender bien. Está claro que para dar un paso hay que desear darlo. Pero creo que cuando usted me decía que casi todo lo que desea le sale mal, se refería a otra clase de deseos. Nos referimos a los deseos condicionantes compulsivos, a la adquisición de cosas y objetivos obsesivos.

-¿Usted quiere decir que no debo desear tener nada?

-Todo lo que deseamos tener o poseer es porque necesitamos una compensación por algo que nos falta. Y lo curioso es que eso que nos falta que es lo más necesario es lo último que intentamos conseguir.

-¿qué es eso que tanta importancia tiene?

-El único deseo que puede aquietarnos es el deseo de ser.

-Pero ¿cómo voy a desear una cosa que ya la tengo?
Porque yo ya soy.

-Cuando uno tiene un enorme tesoro en piedras preciosas pero no sabe cuánto valen, ni qué son, de poco le sirve saber que tiene una bolsa de piedras. Es posible que las use para cazar con ellas pajarillos. Usted ya tiene el ser, ya es. Pero no sabe qué es ese ser en usted.


Con todos los demás deseos queremos llenar y compensar el vacío que sentimos al no vivir nuestro ser.
En psicología hablamos del complejo de compensación. Es un recurso muy frecuente en todos los aspectos de la vida. El muchacho que es enclenque o poco apto para el deporte trata de compensarlo siendo sobresaliente en los estudios. O al contrario. La mujer que es fea y no puede competir con las más guapas y bellas trata de compensarlo con alguna habilidad o vistiendo llamativamente o pintándose exageradamente. El hombre que fracasa en los negocios puede buscar numerosas compensaciones. A veces hasta se acogen a una vida religiosa o de cualquier tipo parecido.
Muchas personas que vienen a estas conferencias lo que buscan ante todo es llenar su mente con ideas elevadas para compensar el vacío que sienten interiormente o bien por ciertos deseos frustrados o por no ser lo que deben ser.
Todos los deseos de poseer algo son en el fondo la compensación por la falta de ser, por no ser conscientes que SOMOS y de LO QUE SOMOS.
Cuando deseamos algo y lo conseguimos, sentimos de momento una cierta satisfacción. Pero no suele ser muy durable. Pronto sentimos que aquello ya pasó y es necesario seguir jugando al juego de los deseos.

-Mire, me dijo, cuando me iba a casar parecía que aquel deseo por sí solo sería capaz de hacerme feliz por toda mi vida. Tengo un marido excelente. Mis relaciones, incluso las sexuales son normales y casi perfectas, Pero de vez en cuando me sorprendo a mí misma pensando por qué lo que pensaba antes de casarme, siendo así que ya lo poseo, no ha hecho que me sienta completamente feliz y no tenga que desear nada más. Porque si tengo lo que deseaba y deseo ¿por qué tengo que estar constantemente deseando más y más cosas que son las que le decía al principio que siempre me salen mal? Por eso creo que le entiendo lo que ha estado diciéndo. Yo he querido que mis hijos fueran de esta manera o de la otra, he querido que tuvieran tales o cuales amigos o amigas y casi nunca han salido las cosas como y deseaba.

-Si usted, le interrumpí, hubiera deseado para sus hijos que ante todo supieran ser ellos mismos antes que ser tal cosa o tal otra no se hubiera visto defraudada tanto en su vida. Es lo mismo que nos asa en nuestra propia vida. Si en lugar de esforzarnos tanto por ser esto o aquello, nos ocupáramos ante todo por SER y saber lo que somos, nos hubiéramos evitado muchos sufrimientos y no hubiéramos perdido el tiempo tras tantos falsos espejismos. Como no deseamos lo único realmente deseable y como sentimos el vacío de lo que únicamente puede llenarlo y satisfacernos, vamos buscando compensaciones con un deseo tras otro. Las compensaciones nunca pueden suplir eficazmente el vacío fundamental. El afán por satisfacer los deseos compensatorios va ocupando y entreteniendo nuestra vida y aparentemente nos sentimos como si realmente nuestra vida estuviera llena, colmada. Si se le pregunta a una de esas personas que están todo el día sin un minuto de tiempo para nada, dirán que su vida es plena. Pero en un momento u otro se dan o se darán cuenta que si no son ellos mismos auténticamente libres y conscientes de lo que hacen , sentirán el hastío al ver los objetivos engañosos por los que se han desvivido.


Darío Lostado
(Vivir Como Persona)