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viernes, 6 de julio de 2012

CUIDADO CON LAS EMOCIONES


El amor auténtico no puede ser en sí emotivo, porque la emoción nace y el amor es eterno. En la emoción, yo me siento "otro" o los "otros". Y eso es la negación del amor que es la unidad.

Cuando consigo algo que deseaba o encuentro a alguien que deseaba ver, se da un estado emocional de alegría. Y de tristeza cuando ocurre lo contrario. Pero ambas actitudes y estados son ilusorios. Nada de eso es la realidad. Todo ello es una pura lucubración de la mente. Yo y el "otro" tan sólo estamos separados por nuestra mente, pero no en la realidad.

Es evidente que esto contrasta con la falsa creencia en que hemos sido educados de que existe una realidad que llamo "yo" y otra que llamo "el otro". La realidad es una. Tan sólo hay separatividad en los conceptos mentales con los que nos manejamos comúnmente.

Esa idea de separatividad es, por cierto, la causa de todas nuestras calamidades a nivel humano personal, a nivel social y de toda la Humanidad.

En el amor verdadero no existe "el otro".

Amar es sentirse uno en el otro. Esto es así en la realidad aunque nuestras mentes se resistan a admitirlo. Pero si yo no lo pienso, no lo siento y no lo vivo así, no estoy viviendo el amor verdadero sino una semejanza mental. Así se explican todas las depresiones, vacíos, angustias, soledades y tristezas que aquejan a la Humanidad.

Quiéralo o no, sépalo o no, Dios es más yo que lo que yo pienso que soy yo. Esa es una unión que no se puede negar porque si se negase, ese ser que llamo Dios sería un dios falso o un simple concepto o palabra.

Vivimos en un mundo imaginario, un mundo donde creemos que hay personas diversas, a las que hay que amar de distinta manera, incluso en algunos casos, personas a las que hay que odiar. Es el mundo de la separación, que tan sólo tiene base en nuestra mente separatista que nos hace ver multiplicidad real donde tan sólo hay multiplicidad de formas, de manifestación del único Ser que es Amor, Unidad. Estamos viviendo con la pretensión de creer que este mundo de formas visibles es real cuando la única realidad de él es el cambio permanente y su fugacidad instantánea.

La emoción es una forma de la imaginación irreal.

Las sensaciones son alteraciones de los sentidos. Y los sentidos tan sólo son instrumentos del cuerpo. Y el cuerpo es la forma ilusoria con la que más identificados estamos en nuestra existencia. Por eso tenemos miedo a perderlo, porque creemos que perdemos todo lo que somos. Ese es el error y esa es la causa de la mayor parte de nuestros temores.


Al estar identificados con nuestro cuerpo, toda nuestra existencia gira alrededor de las necesidades y satisfacciones exclusivamente del cuerpo que creemos ser.

En la satisfacción o negación de esa complacencia, aparecen las emociones alegras a tristes o a la inversa, con sólo cambiar un pensamiento favorable o desfavorable en su mente. Lo ilusorio, lo existente, para con el tiempo.

Sólo "lo que eres" está fuera del tiempo y es permanente".

Cuando se comprende el proceso del vaivén transitorio de las emociones, la serenidad y paz inundan el alma.

El equilibrio emocional tan necesario para ser feliz, no se conseguirá mientras vivamos con errores graves en nuestra mente.

¿Cuales son estos errores? Cada uno ha de ir descubriéndolos en sí mismo, pero el más grave y madre de otros muchos errores es el de creer que yo soy esa idea que se ha ido formando en mi subconsciente a través de programaciones exteriores falsas y de la identificación que nos hemos creado con nuestro cuerpo, nmuestra honrilla, el personaje de nuestra personalidad que, a toda costa queremos imponer y afirmar sobre los demás.

Por todo esto, podemos afirmar que así como el amor es de tu yo verdadero, de tu naturaleza más íntima, las emociones son de tu pequeño yo, de tu personajillo, de la falsedad de ti.

Mientras somos esclavos de nuestras emociones, podemos observar que todas esas actitudes de altruismo, bondad, generosidad, servicio... se quedan en la autocomplacencia del pequeño yo personal que está sediento de emociones gratas.

Todo servicio, amor o preocupación por los demás no es sino un servicio y complacencia de sí mismo, si se está viviendo esclavizado al yo personal.

En la vida diaria nos encontramos con personas que supuesta o aparentemente viven pendientes del servicio y solidaridad con los demás y en cambio, se arrastran en un mar de desasosiogo, inquietud, inseguridad y depresiones... Tales personas harían muy bien si analizaran y examinaran, desde dónde están sirviendo a los demás y queriendo ser generosas y útiles...: Y esto es muy sencillo de verlo, si en sus trabajos van buscando emociones de alegría en los resultados de sus servicios, cuando estos son exitosos y, por el contrario, se sienten tristes y depresivas cuando los resultados no son favorables, deben ver que es necesario y urgente cambiar su actitud egocentrada y obrar desde una actitud de amor generoso, que es el fondo de nuestra naturaleza más íntima, que permanece serena aun en las circunstancias más adversas y no se ve arrastrada por emoción alguna.

El egocentramiento nos separa de los demás, y el amor auténtico hace que la distancia entre yo y el otro sea igual a cero.


Darío Lostado
(Atrévete A Ser Libre)

sábado, 11 de diciembre de 2010

¿PERDONAR O COMPRENDER?


No perdona quien no olvida la ofensa.
El ego de toda personalidad no puede amar, porque su esencia es ser centro de toda su existencia.
Mientras amemos desde nuestro ego, por más emoción o sentimentalismo que parezca haber en el amor, será tambaleante porque no tiene profundidad.



Quienes dicen que perdonan pero no olvidan, son un ejemplo claro de esta clase de amor engañoso del ego. En verdad, cuando amamos de veras, ni siguiera llegamos a sentirnos enojados porque el amor auténtico es ante todo comprensivo y ve que toda ofensa del otro proviene siempre de su ignorancia y no de la maldad. Sólo hay que comprenderlo.


Darío Lostado
(Mensajes De Amor)


martes, 20 de abril de 2010

LIBERTAD


PERSONAS LIBRES



La libertad es la eterna canción.

Se dice que somos libres.

Todo el mundo dice que quiere ser libre. Se lucha y se hacen grandes hazañas y manifestaciones exigiendo libertad.

Pero la gente tiene miedo de ser libre, de vivir libre, como si la libertad causara el vértigo del vacío.

La gente no quiere que le manden, pero opta por vivir dependiendo, apoyándose en otros.

Se tiene miedo a ser libre de verdad.

Se ha dicho y muchos lo sostienen, que el hombre, la persona, es un producto de la herencia y el ambiente en que vive.

Sin negar la importancia que tienen dichos factores hay que reconocer que si fuera eso cierto, prácticamente no podríamos pensar ni hablar de la libertad humana.

Existe un factor o una dimensión de la persona que es fundamental al hablar de libertad. Es la amplitud de conciencia o madurez interior. Este factor hace que sea la persona individual quien determine el grado de libertad que quiere tener.

Ante las influencias ambientales, de educación y de la herencia, tenemos que preguntarnos qué papel jugamos cada uno de nosotros, qué papel juega nuestro "yo" interno, ese "yo" centro de nuestro ser.

Tenemos tres niveles de vida: el instintivo-biológico, el mental y el emocional.

Cada uno de estos tres niveles tiene sus propias leyes: las biológicas, las mentales y las afectivas.

Cuando vivimos uno de esos niveles somos conducidos por las leyes de ese nivel.

Dicho de otra manera quiere decir que es la ley de la naturaleza misma la que rige y me gobierna de cualquiera de los niveles en que esté viviendo.

Pero hay algo importante y es que debido a mi capacidad de amplitud y apertura de conciencia, puedo vivir los aspectos de un nivel desde otro nivel superior. O sea yo puedo vivir con el foco de mi conciencia por encima del nivel de los hechos que estoy viviendo. Pero ésto sólo se puede hacer cuando estamos completamente despiertos con la mente lúcida, lo cual no es demasiado frecuente, dado el grado de somnolencia e hipnosis en que solemos vivir la mayor parte de nuestra vida.

La amplitud, claridad y atención de la conciencia para situarme en cada momento en un plano o en otro, hace que mi grado de libertad sea mayor o menos.

Así, nos damos cuenta que la mayor parte de la gente que vive de puros automatismos y actitudes reactivas no son apenas libres sino de nombre, porque en cada momento hacen lo que las circunstancias les están determinando. Reaccionan automáticamente impulsados por los estímulos del momento.

La libertad entonces consiste ante todo en la capacidad que tenemos para situarnos en unos niveles o en otros y desde ahí escoger no por las leyes ciegas de cada nivel humano o por la influencia de la herencia o del ambiente, sino por lo que determino con mi visión clara y siempre por encima del nivel de las leyes que rigen ese nivel de la actitud humana en la que estoy viviendo en ese momento.

Dicho de otra manera podemos decir que en la medida en que tengo claridad y amplitud mental para ver desde distintas perspectivas los valores de mi vida, yo puedo elegir cualquiera de las opciones que caen bajo mi perspectiva.

Si mi conciencia está dormida o solamente vivo las cosas en el nivel en que se dan, seré conducido y estaré determinado por las leyes naturales de ese nivel que estoy viviendo.

El plano biológico lo viviré según las leyes biológicas, a no ser que con mi conciencia muy despierta lo esté viendo y viviendo desde un plano superior. Entonces sí seré libre. En un grado mayor o menor, según sea la amplitud de mi conciencia.

Pero no vivimos solos. Y la sociedad, que nos protege y nos da muchas cosas, no lo hace a cambio de nada. Nos somete a sus normas y exigencias. Y ahí empieza el juego social con la correspondiente limitación de nuestra libre elección. en tantas y tantas cosas y aspectos de nuestra vida.

La sociedad nos impone valores y modos de conducta.-

La sociedad nos impone y nos crea necesidades artificiales de mil maneras. La moda y el inútil y excesivo consumismo creado por sociedades comerciales multinacionales arrastra irremediablemente a todos aquéllos que se suben al caro de la inconsciencia colectiva y dejan de pensar, sentir y obrar por sí mismos para ser corderos dóciles de las normas del momento.

Los condicionamientos y situaciones sociales por las que nuestra libertad está amenazada, son casi innumerables.

Cada uno es lo suficientemente perspicaz para verlo y comprobarlo por sí mismo si mismo.

Tenemos una libertad muy relativa y limitada solamente. Pero parece que algunos todavía abdican de la poca que nos deja la sociedad y los condicionamientos externos.

Solamente hay una manera de reconquistar nuestra maltrecha libertad. Esta manera es que cada una empiece a estar más atento a cada situación de su vida.

La conciencia atenta y despierta para valorar por nosotros mismos cada situación, cada acontecimiento, cada noticia, cada necesidad natural o artificial, cada momento de nuestra existencia es el camino hacia nuestra libertad interior.

Ser persona libre es tener una perspectiva desde arriba, desde niveles altos de conciencia.

Mejorar nuestra perspectiva es mejorar nuestra libertad.


Se dice en Juan Salvador Gaviota que cada uno de nosotros es una idea ilimitada de la libertad. Lo dramático es que nos quedemos en "una idea" y no sea nuestra realidad libre.

¿De qué sirve que seamos idea ilimitada de libertad si esa idea no pasa a ser realidad?

Las ideas están en la mente.

La realidad es vida.

Estamos destinados a ser libres en cada instante de la vida.


Darío Lostado
(Vivir como Persona)