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lunes, 8 de abril de 2013

NO PUEDES HUIR DE TI


Un ermitaño se había retirado a la soledad, huyendo del ruido del mundo, para desarrollarse como persona y encontrar la paz interior. No obstante llevar ya un tiempo en aquella soledad, veía que progresaba poco y seguía sintiéndose descontento consigo mismo.
Pensó entonces buscar otro lugar.
Cuando ya estaba preparándose para irse, vio delante de sí a otro ermitaño, al que preguntó: ¿Quién eres tú?
El otro respondió: Yo soy tú. A cualquier lugar que vayas yo siempre voy contigo. Soy tu mejor compañero porque yo soy tú mismo.


Muchos echan la culpa de su malestar al sitio o entorno en que viven. Sería bueno que volvieran los ojos hacia sí mismo y examinaran y comprendieran que, dentro de ellos, hay un "ego" -su otro yo falso- que es quien más les molesta y se molesta por todo. Hay que desenmascararlo y ponerlo en su lugar. Pero eso requiere valentía y sinceridad.

Si no puedes entenderte y aceptarte, incluso con ese molesto compañero que es tu "ego", tu yo falso, nunca te sentirás bien. Si te vas de viaje, estarás esquivando tus errores por unos días. Luego seguirás enfrentado a tu misma realidad.

Cuesta enfrentarse consigo mismo, pero es el único camino eficaz.


Darío Lostado
(Atrévete A Ser Libre)


miércoles, 16 de mayo de 2012

¿POR QUÉ HAY GUERRAS?

Las guerras absurdas han aniquilado pueblos, razas, familias e individuos.
Las guerras suelen ser declaradas, por regla general, por personajes ambiciosos y orgullosos en extremo.
Las pequeñas guerras entre familias e individuos tienen un origen parecido y unas causas semejantes: la ambición, el egoísmo, el orgullo, la intransigencia y la incomprensión.
Ante estos hechos uno se pregunta ¿cómo es posible que siendo el ser interno de cada persona una energía amorosa e inteligente, se produzcan tales hechos de egoísmo, ignorancia, desamor y vandalismo?
Todos los seres humanos somos UNO en La Realidad profunda y básica.
Pero entre el yo central de cada persona y el cuerpo existe una estructura ideal o conceptual por la que nos distinguimos unos de otros. Esta estructura no tiene realidad. Sólo es una idea que cada uno tenemos de nosotros y de todos los demás. A causa de esta idea de individualidad nos vamos formando la idea "yo no soy el otro".
No sólo eso. Solemos formarnos la idea de que todo aquello que no favorece a mi "ego" individual o lo que es lo mismo a esa idea que tengo de mí, es malo y he de evitarlo a costa de cualquier cosa, Así ocurre en la vida diaria: todos aquellos que no favorecen mis gustos y ambiciones, son mis enemigos y rivales. Desde ese momento estoy declarando la guerra a todos aquellos que considero obstáculos y opositores a mis deseos y ambiciones.
Desde entonces de una u otra manera tratamos de eliminar a nuestros enemigos física, moral, social o psicológicamente.
Es conveniente que veamos que hay que desenmascarar al causante directo de todos nuestros rencores, malestares, resentimientos, rivalidades, odios, enfrentamientos, desamores y toda clase de tensiones con los que nos rodean. Y ese causante es el "ego" o idea que tenemos de nosotros mismos y que busca siempre y en todo, satisfacer su ambición, su vanidad y su estupidez egolátrica.
Este ego existe y pervive en cada ser humano aunque se influencia e intervención en la vida sea muy diversa en cada uno según el grado de desarrollo y evolución de las personas.
 El ego es en principio individual. Pero suele disfrazarse de religiosidad, patriotismo, altruismo, racismo, etc.
Esos egos individuales o colectivos, personajillos engreídos y ambiciosos ven y se crean enemigos por todas partes. Ahí surgen los conflictos y las guerras, la destrucción y la muerte.
Como vemos, el desamor, la guerra y la muerte no surgen de nosotros, sino de algo que se forma en nosotros y que no es sino una estructura mental, una idea falsa de nosotros mismos, que sustituye y suplenta a nuestra verdadera realidad, a nuestro verdadero "yo"
No es nuestra verdadera realidad la que se enfrenta, se enoja, se pelea y se enemista.No.
Nuestro verdadero ser es inteligente y amoroso.


Nuestro raquítico y ambicioso ego es ignorante y engreído.
Aquilatando un poco más, debemos decir que no es la existencia del ego en sí misma la causante de nuestros males sino nuestra inconsciencia y que permite que el ego tome las riendas de su vida.
Pero debemos y podemos impedir que tome el lugar y la relevancia que no le corresponde.
Cuando nuestra vida es dirigida y gobernada por las tendencias y exigencias ambicionas e individualistas del ego empezamos a enemistarnos y separarnos de los demás.
El mal, por tanto, reside en la ignorancia, en la inconsciencia de lo que somos realmente y en vivir defendiendo algo que no es sino una sombre, una idea raquítica de nosotros mismos.
Si somos conscientes de que existe en nosotros esa idea ese yo inferior que quiere entronizarse en nuestra vida, podremos impedirlo y colocarlo en el lugar que le corresponde.
Nuestra vida debería ser un fluir espontáneo y natural del amor que somos en el centro y esencia de nosotros mismos. Pero se interpone el interés pequeño y egocéntrico de nuestro ego individual y lo que debería ser amor generoso se convierte en desamor egoísta.
Conocernos a fondo implica conocer lo que somos y lo que aparece en nosotros como nuestro "yo" verdadero siendo en realidad un "yo" falso.
Reconocer lo que hay de verdad y de falsedad en nosotros, es el punto de partida para saber quién es quién y qué es qué.
Ver cuándo vivimos desde la fuente del amor o desde la fuente del desamor y el odio, es el principio para poder enderezar nuestra vida.
Del discernimiento entre el yo verdadero y el falso, debe surgir la elección consciente de los impulsos luminosos y creativos del yo verdadero y la precaución para no ser inducidos en la dirección egolátrica ambiciosa, individualista y ruin del yo interior.
Si tuviéramos un mediano sentido de discernimiento nos daríamos cuenta de que hay mucha diferencia entre estar dirigidos por una entidad real, fuente de toda conciencia y de todo amor, o estar a expensas de un subproducto de nuestra conciencia que se sostiene precariamente por unas ideas inestables y cambiantes.
Toda nuestra vida es nuestra conciencia.
Nuestra conciencia es la luz que procede del yo real.
¿Por qué vivir dependiendo de un subproducto inestable de ideas si somos la fuente de energía, inteligencia y amor?
Es cierto que se dan causas políticas, económicas, sociales... en las declaraciones de guerra. Pero si analizamos bien las cosas, veremos que detrás de todas esas causas y razones políticas, patrióticas, etc., hay una razón básica, que no es otra que la ambición, el deseo de poder y gloria, el odio y la venganza, fruto todo ello del error en que suele vivirse, ignorando la naturaleza verdadera del ser humano.
Hay guerras porque no sabemos con claridad lo que somos en el centro de nosotros mismos.
¿Por qué no salir de esa calamitosa ignorancia?


Darío Lostado
(Hacia La Verdad De Ti Mismo)


viernes, 4 de mayo de 2012

TU NATURALEZA ESENCIAL


Muchos psicólogos y psiquiatras modernos tratan de resolver los traumas y problemas psíquicos humanos como las neurosis, los complejos, los estados anímicos depresivos, etc... por medio del análisis racional de los mismos. Creen que por la mente racional por medio de la asociación de ideas o por otros métodos psicoanalíticos pueden resolver los problemas profundos que aquejan al alma humana.

Pero mi voz me dice:

Jamás podrás entender el fondo de la naturaleza humana por medio de la mente racional. Lo que es más, no se puede entender ni explicar por lo que es menos. Tú, tu vida no es únicamente el compuesto y la suma de los elementos y factores físicos y mentales.

Tú, tu ser profundo, la esencia básica de tí está más allá de tus reacciones automáticas físico-biológicas y mentales.

Querer circunscribirte a los contenidos mentales y tus tendencias físico-biológicas, es reducirte a lo que tú realmente no eres. Porque tú no eres tu personalidad ni el ego que la dirige y la mantiene. Tú no eres tampoco tus mecanismos de expresión física, mental o afectiva.


Tu naturaleza verdadera está en un nivel superior y mucho más elevado que tus tendencias orgánicas y tus contenidos mentales y afectivos.

Un psicólogo o psiquiatra con métodos científicos y racionales puede ayudar a armonizar, comprender y equilibrar ciertos aspectos de tu personalidad. Nada más. Pero para conocerte, comprenderte y orientarte integral y totalmente has de ir más allá de tu personalidad. Has de conocer y sentir la naturaleza esencial de ti, de la fuente de donde surge y se origina toda expresión y manifestación de tu vida.


Darío Lostado
(...Pero Mi Voz Me Dice...)


lunes, 16 de abril de 2012

¿POR QUÉ TENEMOS PROBLEMAS?



Normalmente creemos que la causa está en los demás, en los de fuera, en las circunstancias que nos tocan vivir. Pero no es así.

Los problemas nos los creamos nosotros porque no estamos armonizados interiormente. La desarmonía consiste en que nuestro falso yo está siendo tironeado hacia direcciones y objetivos opuestos. Siempre se siente necesitado de algo y a veces de cosas contrarias y opuestas.


La solución está en descubrir el juego de esos tironeos del falso yo y tomar conciencia del yo verdadero que no necesita nada más que ser lo que es. El yo verdadero simplifica la vida porque no está sometido a los deseos caprichosos del ego ambicioso.


Darío Lostado
(Mensajes Para Elevar La Conciencia)


lunes, 12 de marzo de 2012

SER TÚ MISMO

Los padres y educadores suelen decir a sus hijos y educandos que deben hacer todo aquello que se espera de ellos, que no defrauden las expectativas que tienen depositadas sobre ellos.

Pero mi voz me dice:

Lo que tú haces y debes hacer es cosa tuya. Lo que los demás esperan es cosa de ellos.
No dependas de nada ni de nadie. Ni de las expectativas que los demás tienen de ti.
Cuando seas Tú mismo siempre y en todo, verás que la rezón y motivo de tu accionar en la vida no debe subordinarse a algo que sea externo a ti mismo.


Es cierto que cuando miras, ves y vives desde ti mismo, comprendes que hay muchas cosas que debes hacer por los demás porque no eres una isla en el mundo. Cuando vivas, no desde el ego ruin, sino desde la plenitud de ti mismo, verás que el mayor y mejor servicio que puedes hacer por los demás es comunicar la plenitud amorosa que eres y vives. Entonces lo que puedas y debas hacer por los demás lo verás por ti mismo, como fruto directo de tu visión interior, del amor que eres y del sentido de unidad que tu ser consciente te señala.
Las esperanzas y expectativas siempre apuntan al futuro. Pero lo mejor que puedes hacer para el futuro es ser siempre y en todo fiel a ti mismo ahora, en el momento presente.
Sin despreciar a nadie, agradecer el amor que los demás sienten por ti pero no permitas que los demás decidan tu presente ni tu futuro. Escucha a los que te aman y pon atención a sus observaciones y consejos, teniendo en cuente sus puntos de vista. Pero decide por ti. Si miras hacia adentro, con sinceridad, encontrarás el camino recto.


Darío lostado
(...Pero Mi Voz Me Dice...)


viernes, 2 de marzo de 2012

LO QUE SUELE ENTENDERSE POR AMOR


Pasaba  una mañana de verano por delante de una carnicería.
En la puerta, un regordete y simpático cachorrito de perro mordisqueaba una gran salchicha que la daba su joven amo.
El joven se la dejó en el suelo y entró en la tienda. El cachorrito, echando una mirada de apetito a la salchicha se fue adentro de la tienda con su amo. El joven salió con el cachorro para que comiera la salchicha. Mientras él permanecía con el cachorro dándosela con la mano, el perrito la comía feliz. Pero cuando el joven entraba en la tienda, dejando la salchicha en el suelo, aunque mirándola con gula, seguía a su amo dejando la salchicha. Al fin el joven entendiendo el deseo de su cachorro, mantuvo la salchicha en su mano hasta que el perrito gustoso y feliz la comió toda.

El "yo" físico del estómago del perrito amaba la salchicha. Pero su "yo" afectivo amaba a su amo. Y este amor era mayor que el otro.
Cuando se aunaron los dos deseos, el de comer la salchicha y el de estar con su amo,. el perrito se sintió feliz.

Antes de adentrarnos en el tema hemos de ver y notar con claridad que hay dos maneras de enfocar el sentido del amor: uno es el sentido profundo que no es sino el sentimiento subjetivo de unidad entre el ser que ama y el amado, donde ya no son dos sino uno, distinguiéndose y respetándose las diferencias personales accidentales y otro el sentido en que suele entenderse el amor por la mayoría de las personas, que consiste en una atracción y deseo hacia lo que resulta apetecible y bueno.
Hablaremos primero de la clase de amor más corriente y más vulgar entre la mayor parte de las personas.
El que sea mayoría el número de personas que aman y sienten así sobre el amor no lo constituye por eso en bueno y verdadero.
Lo único que podemos afirmar es que la mayoría vive en el error de considerar amor verdadero lo que es un amor a medias, un amor muy elemental. Así nos podemos dar cuenta de que por más que se diga en la vida corriente que "se ama" o que "se hace el amor"... la gente sigue viviendo huérfana de amor.
Hemos dicho que lo que normalmente se entiende por amor es la atracción o deseo que se siente hacia algo o alguien que se considera deseable, bueno o útil.
Todo ser vivo, plantas, animales y seres humanos sienten esa atracción hacia lo que les resulta útil, provechoso, agradable o bueno.
Para todos es suficientemente manifiesto y evidente, a poco que se observe la naturaleza, las atracciones, apetitos e inclinaciones que sienten las plantas, los animales y por supuesto el ser humano.
Dejamos, pues, claramente establecido que a la atracción que se provoca en todo ser vivo hacia algo o alguien que aparece como deseable y apetecible se le llama amor. Así suele decirse que ciertas plantas aman la sombra y otras en cambio aman el sol.
Es obligado reconocer que éste es el sentido que, en la vida social, corrientemente rige, en la práctica, la vida de la mayoría de las personas.
Es un amor del nivel físico-sensitivo. Y en cierto sentido del nivel psíquico inferior.
Para comprender las múltiples contradicciones que oímos y vemos en la vida diaria sobre tantas relaciones amorosas "apasionadísimas" (!!) hoy y reducidas a cenizas mañana, es necesario distinguir bien de qué nivel de amor se trata.
Cuando más adelante hablemos del amor-amor, del amor que brota del centro amoroso y no de los sentidos físicos periféricos, veremos que estas contradicciones y altibajos absurdos desaparecen, porque el amor a nivel profundo es unidad esencial y armonía vital sin fisuras.
Únicamente en el nivel de la personalidad se dan las contradicciones y las desilusiones amorosas. Nunca a nivel del espíritu.
Todo cuanto el ser humano hace en su existencia lo hace por amor. El único motor de la vida es el amor.
Todo es amor y no hay cosa alguna que no sea manifestación y expresión de amor.
Aunque parezca una paradoja, hasta los crueles actos de injusticia y odio son producto de amor. Un amor desvirtuado y desviado por la ignorancia y el bajo nivel de consciencia. Pero la energía por la que esas acciones son realizadas brota siempre de la energía amorosa.
Todo ser, toda acción es efecto de la Realidad-Amor que siempre es positiva, aunque los mecanismos intermedios o instrumentos la usen o dirijan destructivamente, sobre todo, el mecanismo mental.
Cuando la conciencia se mueve en un nivel bajo y elemental de desarrollo, su impulso está torpe y erróneamente dirigido, más a la destrucción y desunión que a la armonía unificadora.
A ese impulso desordenado y erróneamente dirigido lo calificamos y llamamos conceptual y verbalmente como odio. Pero la energía que lo impulsa solo puede ser amor.


Todo cuanto existe, toda acción tiene su origen en la esencia Una, en la energía Una, en el Ser Uno que es Amor.
Él es Uno indivisible, Por eso es amor infinito. Cuanto más Uno, más Amor. Porque Amor es la Unidad. Así como toda división o desunión es llamada desamor u odio.

Todas las acciones humanas llamadas egoístas o defectuosas son sombras del amor. Ellas no son el amor pero señalan al amor como a su fuente y origen, que las proyecta y las produce.
Y es que detrás de todas la acciones por más egoístas, malévolas u odiosas que parezcan hay una intención de bien y amor por pequeño, limitado, erróneo o egoísta que sea.
Todas las envidias, injusticias, recelos, desamores y odios que diariamente percibimos en nuestro mundo son sombras del Amor. Los podemos llamar pequeños o falsos amores. Pero las palabras que usamos son únicamente conceptualizaciones del Amor. La Realidad, toda realidad es solamente Amor. Lo que llamamos desamor u odio es únicamente una conceptualización de las sombras del amor.

Yo estoy escribiendo por amor. Tú lees por amor.
Las acciones o conductas aparentemente de desamor no son sino el efecto de vivir, ver y juzgar por las sombras o los reflejos
La Realidad que está más allá de los reflejos y las sombras no puede ser nada más que Amor.
El fin o sentido de la vida humana es liberarse del error de las sombras y los reflejos para llegar a la Verdad de La Realidad, del Amor.

Mientras juguemos con amores objetivos, conceptualizados, idealizados estaremos jugando a ser buenos, a ser más o menos amorosos...
Cuando tomemos conciencia del Amor que somos como realidad verdadera, dejaremos de hacer teatro en la vida representando personajes simpáticos, atractivos, triunfadores, buenos o amorosos.
Es conveniente que sepamos a qué nos referimos en cada caso cuando para cosas tan distintas usamos las mismas palabras.
Una cosa es el amor intimo y central del espíritu por el que una persona se siente una con la persona amada y otra cosa muy distinta es el amor por el que una persona tiende a estar o conseguir a otra persona porque la encuentra agradable, útil o conveniente para sus fines y satisfacciones egoístas.
Es necesario saber distinguir aquel amor superior del espíritu, de este otro egoísta de la personalidad psicofísica. instintiva.
Sabemos que el amor-amor del espíritu no es muy frecuente. Pero no quiere decir que no exista y uno sea una realidad de cada día, aunque escasa, entre personas humanamente muy desarrolladas. Es el amor al que estamos llamados y destinados todos. Pero la mayoría de las personas se quedan atrapadas en la maraña de las pretensiones individuales de la personalidad. Y se crean un amor egocentrado de personalidad con el que se manejan prácticamente toda su vida.

Este sentimiento de atracción física, mental o afectiva es siempre egocentrado. Aun en los casos que parecen más espirituales, como en el de tantas personas que dicen que aman a Dios, lo hacen "para ir al cielo". No es corriente encontrar aquel amor:

"...Muéveme en fin tu amor
y en tal manera
que aunque no hubiera cielo yo te amara
y aunque no hubiera infierno te temiera."

Este amor, aunque generoso y desinteresado es un amor de personalidad, porque el que ama se siente una persona separada individual y distinta de la persona amada.
En el nivel en que se desenvuelve la mayoría de las personas, éste sería y es el amor perfecto. Y sería deseable que fueran muchas las personas que amaran de esta manera.
Lo corriente y más común es ese amor egocentrado interesado, que busca la complacencia de los sentidos e instintos o del sentimentalismo sensible y emotivo.

Es evidente que la palabra amor en el lenguaje corriente es una palabra equívoca.


Darío Lostado
(Somos Amor)





lunes, 27 de febrero de 2012

VIVIR CON NUESTRO EGO


La existencia de nuestro ego, con sus consecuencias, es una parte importante del conocimiento de la naturaleza humana.

Mientras vivimos encarnados en este cuerpo, hemos de vivir con un ego, que es la representación de nuestra personalidad. Tiene una finalidad muy concreta, pero en la mayor parte de las personas se ha adueñado de su vida, porque dichas personas no han tomado conciencia de su yo verdadero, de su auténtico ser íntimo.


Cuando no hay suficiente desarrollo de la conciencia de sí mismo el ego asume la dirección total de la persona.

A mayor inmadurez, mayor ego y a mayor ego mayor egoísmo y menos amor. Y a la inversa.

Al menos, obsérvate y toma las riendas de tu vida.


Darío Lostado
(Mensajes De Amor)

viernes, 10 de febrero de 2012

¡POBRE DE MÍ!


Es frecuente encontrar personas que se quedan con el pensamiento y la atención fijos en alguna calamidad o desgracia que les ha ocurrido. Piensan, como si el mundo se circunscribiera a su personal desgracia. Durante el día, durante la noche, en cualquier momento su atención está fija y reducida a lamentar su desgracia.

Pero mi voz me dice:

Cuanto más piensas en algo, más te pesa y te afecta ese algo. Tu dolor, tu resentimiento, tu tristeza, tu preocupación, tu sufrimiento aumenta cuanto más te encierras en él.

Si te dieras cuenta que no eres ese cuerpo que tienes, ni eres tampoco esa idea que tienes de ti y sobre ti y centraras tu atención de la consciencia que se está dando cuenta de lo que pasa en ti, en la consciencia que observa y no en lo que observa, si entraras la atención en quien ve y no en lo que ve, te darías cuenta que tu dolor, tu tristeza y sufrimiento se van diluyendo.


Ningún acontecimiento puede afectarte a ti. Afecta tu mente o tu cuerpo. Pero tú no eres ni la una ni el otro.

Tú, que eres el observador, el testigo de todo cuanto pasa en ti, eres más que todo cuanto pueda ocurrir alrededor de ti.

Cambia tu atención de lo que ocurre y ponla en el que se da cuenta de lo que ocurre, en el testigo que eres tú.

Cuando dejes de sentirte como un círculo pequeño, el reducido círculo de tu personalidad, te darás cuenta que lo que te ocurre no es tan importante como para reducir la vida a tu pequeño "ego".


Darío Lostado
(...Pero Mi Voz Me Dice...) 

martes, 10 de enero de 2012

NEUROSIS


Las neurosis son de tu ego, de tu yo inferior, que pretendió encontrar lo infinito en lo limitado, lo Absoluto en lo relativo, lo eterno en lo fugaz y transitorio, loa Belleza en el brillo del oropel, el Amor en las tendencias egoicas, la Luz en las sombras engañosas.


Cuando se toma en serio la contemplación y vivenciación del Ser, desaparecen los desequilibrios neuróticos, los de desengaños y las frustraciones.

Todas las neurosis se originan en el error y el engaño. Cuando conoces La Verdad, se desvanecen.


Darío Lostado
(Mensajes De Verdad)

jueves, 22 de diciembre de 2011

UNIDOS EN EL SER


A pesar de las instintivas tendencias egoístas que gobiernan nuestro mundo, existe en todos nosotros un ansia profunda de amar y ser amados generosamente, desinteresadamente, Desde un nivel superior de conciencia podemos ver que todos estamos unidos en el Ser que nos hace ser. En un nivel en el que los egos no mandan ni gobiernan nuestras vidas. La Luz que somos, nos hace ver que todos somos UNO y no puede haber rivalidades ni cálculos egoístas, porque cuanto más doy, más tengo y cuanto más amo, más profundamente soy amado. En este nivel de conciencia, no existen los condicionamientos para amar. Se ama porque somos amor, sin esperar retribución alguna.




El amor, cuanto más verdadero, más difusivo es, sin necesidad de estímulo alguno para amar.


Darío Lostado

(Mensajes Para Elevar La Conciencia)

domingo, 4 de diciembre de 2011

HACIA LA VERDAD DE TI MISMO


PARA QUE Y PARA QUIENES

Este libro como todos los libros sobre la búsqueda de La Verdad de sí mismo, solamente sirve para aquellos que sienten una auténtica y verdadera demanda interna de verdad por encima y aparte de todos los intereses egocéntricos de bienestar, salud, éxito o cualquier otro objetivo inferior.
Este libro y todo libro sobre este tema tampoco sirve, porque ya no les es necesario a aquellos que ya encontraron, ven sienten y viven desde la luz y la verdad de su Ser interior. Porque este libro va dirigido a un mejor discernimiento de la mente. Y quienes ven y viven desde su ser interior ya están más allá de la mente.
El día más feliz y pleno para una persona es aquel en que ya no necesita libros, el día en que ve con toda claridad que todos los maestros y todas las enseñanzas están en uno mismo. Y esto no lo sabe intelectualmente sino que lo ve, lo siente, lo experimenta.
Es entonces cuando La Sabiduría le habla directamente. El está en La Sabiduría y La Sabiduría está en él. Mejor aún, él es uno con La Sabiduría.
Lo paradójico es que eso ya lo somos. Por lo menos en teoría.
Tú, yo y cada uno de los seres humanos somos sabios, somos uno con la sabiduría, con la luz, con la felicidad. Pero no nos lo creemos porque vivimos llevados y traídos por las ideas y conceptos de nuestra mente. Somos la luz pero vivimos entre telarañas grises y oscuras de la mente. Somos sabiduría luminosa pero vivimos absortos y embaucados con tenues chispacitos momentáneos de la razón y la mente, en la que nos han entrenado como si fuera el "no va más", el gran poder humano.
Viviendo siempre en el mundo ilusorio de las ideas vemos como inalcanzable el mundo de la Realidad verdadera. Y ese mundo no es lejano. Somos esa misma realidad. Pero no nos damos cuanta. Somos La Realidad, pero no la vivimos.
Somos ricos pero vivimos como pobres harapientos menesterosos. No nos damos cuenta de que somos la misma riqueza.
Mientras no nos demos cuenta que vivimos con los signos invertidos, no llegaremos a sentir La Verdad de nosotros mismos.
Vivimos lo irreal como si fuera real y a lo verdaderamente Real lo consideramos irreal, lejano y utópico.
Este libro, estos libros, tienen como finalidad ir golpeando la mente para que empiece a despertar, para que salga de su sueño. Quien sueña y quien despierta es uno mismo. Yo no puedo despertar por ti ni tú por mí o por otro. De nada sirve que a uno le digan que está durmiendo y soñando. Solamente cuando salga del sueño se dará cuenta de que estaba soñando. Mientras sueña, el sueño es lo real para él.
Como el hombre moderno está demasiado ocupado "con sus cosas", he preferido exponer las ideas en capítulos costos. Apenas hay una elemental ilación entre unos y otros de tal manera que pueden leerse por donde se va abriendo el libro.
Mis palabras intentan solamente golpear tu mente y tu corazón para ayudarte a despertar o permanecer despierto. Yo no pretendo ser tu guía o maestro porque tu mejor maestro está muy cerca de ti, está dentro de ti. Escúchalo a él.
Cuando el buscador de la Verdad ve que hay tantos y tantos caminos, métodos, sistemas, miles de escuelas de yoga... se siente perplejo, sin saber qué dirección tomar.
Yo no propongo ningún método, ningún camino. Ya hay bastantes por no decir demasiados.
Yo solamente te propongo lo que tú, por ti mismo, y en tu propio camino puedes hacer y caminar.
Lo único que has de tener en cuenta es que la mente te pondrá muchas trampas en el camino.
Tu "yo" inferior se te aparecerá disfrazado de luz. Tus ideas rondarán por tu mente como si fueran intuición o iluminación interna. Tu ego sutil y antojadizo se deslizará siempre con sus infinitas caretas.
Tú deberás discernir lo que son deseos egoístas del "yo" inferior, de lo que son aspiraciones del ser interno o tu "yo" superior.
Los deseos y apetencias inferiores suelen aparecer en la mente como si fueran intuiciones profundas del yo superior. No te dejes engañas.
Si tienes una genuina y auténtica espiración de conocer La Verdad de ti, esto es para ti. ¡Adelante!





Darío Lostado
(Hacia La Verdad De Ti Mismo)

sábado, 26 de noviembre de 2011

EL AMOR A SÍ MISMO


Durante mucho tiempo y sobre todo en ciertos ambientes más o menos religiosos fue conceptuado el amor a sí mismo como malo, defectuoso o pecaminoso. Se nos decía que había que amar a los otros sacrificándose uno mismo por ellos. Al amor a sí mismo se lo suele llamar egoísmo o narcisismo.
Hay que decir de entrada que el amor a sí mismo es el fundamente de todo amor.
Es muy importante no confundir el amor a sí mismo con la complacencia e indulgencia con todos los caprichos del "ego" sensual. Cuando existe ignorancia o distorsión en el concepto sobre sí mismo se produce inevitablemente el amor erróneo hacia sí mismo.
Quienes se identifican con su cuerpo, sus sentidos y sus gustos sensibles, el amor a sí mismo les lleva a buscar como principal objetivo la satisfacción de aquello que creen ser: su cuerpo con sus apetencias, su ego con sus vanidades.
Para estas personas el ideal de la vida es "pasarlo lo mejor posible", satisfacer sus sentidos físicos al máximo o como apetencias muy elevadas, satisfacer los deseos de su ego mental o sentimental.
Los hedonistas puros no son muy frecuentes. Las apetencias sentimentales inferiores suelen ocupar un papel importante en esta clase de personas.
El genuino amor a sí mismo tiene otro sentido distinto para quienes tienen un verdadero conocimiento de la realidad de sí mismos.
Quien se conoce bien a sí mismo comprende que amarse es realizar su naturaleza. Amarse es querer y hacer todo aquello que conduce a la persona a su plenitud.
Quien se conoce a sí mismo sabe que el mejor modo de amarse es ejercitar todas sus capacidades de amor, de inteligencia y de energía de que es capaz.
Quien cree ser su cuerpo, quien se identifica con la parte tísica de sí o con sus pensamientos o sentimientos creerá que amarse a sí mismo consiste en satisfacer y complacer al máximo todas las exigencias de sus sentidos, de su mente o afectividad inferior.
En el recto y completo amor a sí mismo no se excluye nada, ni mucho menos su propio cuerpo que es el medio o instrumento a través del cual ha de realizarse, ha de hacer realidad todas sus capacidades y potencialidades.


El amor a sí mismo se manifiesta de una manera automática e inconsciente en el niño recién nacido. Busca y quiere todo "para él". En él, este amor es perfecto. Necesita todo para poder subsistir.
En la medida que la persona va creciendo, va tomando también conciencia de los otros y de sus capacidades de amar generosamente.
Si la persona, cuando crece, sigue manteniendo el círculo de su amor cerrado en sí mismo, como el niño, aunque crezca físicamente es una persona inmadura, infantil.
Toda aquella persona que únicamente busca ser complacida con el amor y las transigencias y donaciones de los demás, si no ejercita su amor activamente amando, quedará reducida psicológicamente a la etapa y estado infantil.
Son persona para quienes la etapa infantil no fue una etapa de transición sino que se quedaron fijas en ella. Son niños con cuerpo grande. O personas grandes con psiquismo infantil.
Cada ser, en su naturaleza, crece en la medida que ejercita sus potencialidades, sus facultades. Crecen los músculos en la medida que se los ejercita. La inteligencia y la memoria crecen también con el ejercicio. Y una persona será tanto más amorosa cuanto más ejercite su capacidad de amar.
Cuando alguien se ama a sí mismo hará indefectiblemente todo aquello que favorece su crecimiento, que lo conduce a su plenitud.
Amarse a sí mismo es igual a desarrollar su ser-energía-inteligencia-amor.
Aquel que se cierra yt se limita a complacer sus apetitos sensitivos está limitando su crecimiento. Se está anquilosando.
En realidad, entre amarse a sí mismo y amar a los otros no existe ninguna diferencia. Son, además simultáneos. Quien se ama bien a sí mismo automáticamente está abierto al amor a los otros.
Quien se ama a sí mismo no puede dejar de amar a los otros. Porque su amor es más verdadero cuanto más generoso es.
Amar a los demás olvidándose de sí, además de ser absurdo, es una sutil forma de autocomplacerse con su propia generosidad buscada.
El amar y entregarse a los demás debería ser la donación espontánea y natural del amor que uno siente ser, en el centro de sí mismo, como el desbordamiento de un vaso lleno de agua que tuviera la fuente dentro de sí mismo.
Para ello se requiere darse cuenta de que uno es fuente de amor.
Amarse correctamente, con amor verdadero a sí mismo es querer, amar y buscar en todo y sobre todo su propia y auténtica realización personal a través de cuanto se hace y se vive en la vida cotidiana.


Este auténtico amor a sí mismo impulsa a la persona a amar más y mejor a cuantos conviven con ella y al Universo entero. Tal como la persona se ame a sí misma proyectará su amor a los demás. Si su amor es superior y generoso hacia sí, también lo será hacia los demás. Quienes, por el contrario, se aman con un amor inferior y egoísta, también amarán a los otros con el mismo amor egoísta, egocentrado.
El amor a sí mismo no solamente no es reprochable ni malo sino que es la base y origen de todo amor en la persona.
El egoísmo, el amor inferior centrado en sí mismo, busca la complacencia sensible y vanidosa del cuerpo físico o del altanero "ego".
El amor verdadero a sí mismo, por el contrario, impulsa a la persona sabiamente a todo aquello que conduce a uno mejor y mayor realización personal de sí y de los otros sin intereses personales egoístas, por una parte, ni complacencias indulgentes y necias por la otra. Una cosa es amar y otra muy distinta acceder a los antojos caprichosos de la persona amada.
Nadie amará recta y adecuadamente a los demás si antes no se ama con amor verdadero y auténtico a sí mismo.


Darío Lostado
(Somos Amor)

lunes, 24 de octubre de 2011

¡BIENVENIDO SUFRIMIENTO!


El sufrimiento es una bendición. Aunque para la mayoría suele resultar y parecer una maldición.
Es una bendición para todos aquellos que saben aprender la lección que el sufrimiento conlleva.
Es una maldición para quienes tienen como meta y objetivo único en su vida gozar y no sufrir y consideran la vida y el mundo como el escenario y la morada del placer inmediato y sensible.
Pero la vida no es eso.
Cualquier clase y grado de sufrimiento lleva consigo una enseñanza apropiada a cada momento y situación. Cualquier dolor, cualquier prueba, cualquier contratiempo, cualquier pena y sufrimiento nos quiere decir y enseñar algo. Y una enseñanza de vida es una gran bendición.
Pero no es suficiente para que cualquier sufrimiento tenga un sentido didáctico. Es necesario saber sacar la lección. Una frase escrita puede tener una gran enseñanza. Pero no sirve de nada si no se sabe o no se quiere leer.
Cualquier prueba, dolor o sufrimiento es la lección clara de que eso es a lo que estamos apegados y hemos perdido total o parcialmente, no debe ser objeto de nuestro apego posesivo y obsesivo. Cualquier clase de sufrimiento nos enseña a soltar, a dejar, a desapegarse, a no depender de algo que está ahí, quizá para nuestro uso o para otros infinitos fines y motivos pero no para que nos quedemos apegados y dependientes de ello.
Sufre el que quiere.
Sufre el que quiere mantenerse apegado a algo.
Cuando este algo, objeto de su apego le falta o teme que puede faltarle surge el sufrimiento.
Por más que una persona ate, reate y trate de asegurar aquello a lo que está apegada, tarde o temprano le ha de faltar y vivirá siempre bajo el temor de que puede faltarle. Este temor es ya en sí mismo un constante sufrimiento.
Solamente logra no sufrir el que no está apegado a nada ni a nadie.
Cuando una persona es afectada por el sufrimiento de algo que ha perdido o cree haber perdido y sabe sacar la lección de que su vida, su ser verdadero es mucho más grande, más rico, más fecundo y más feliz que ese apego que ha perdido o teme haber perdido, su sufrimiento se convierte en el mayor de los bienes, en la mayor de las bendiciones.
Para quien no sabe aprender de la vida, el sufrimiento va multiplicándose en cada situación de fracaso o temor.
Son muchos los que tratan y se esfuerzan para que su vida sea una constante suma de placeres, satisfacciones y éxitos. Ese parece ser el objetivo más codiciado por la mayoría. Pero en la vida de todos y también de estas personas hay momentos en que la conciencia surge de su letargo y aparece con toda su lucidez mostrando la futilidad de tanto trabajo y empeño por correr permanentemente tras el brillo vano del placer y el éxito. Entonces se ve y se comprende la transitoriedad y vacuidad de todos los objetos de nuestro apego o surge amenazante el temor de perder todo aquello en lo que se apoyaba nuestra dicha.
Solamente el que aprende la lección que la Vida le da con cada prueba, pasa entre los sufrimientos y placeres con la serena y segura certeza de que su felicidad está más allá de los unos y de los otros. Ni los placeres le deslumbran y enloquecen de alegría ni los sufrimientos le deprimen o entristecen. Él vive ajeno a unos y otros porque sabe que no está ahí para huir del dolor ni correr tras el placer. Sabe que vive únicamente para ser expresión viva de Lo Que Es. Y eso es mucho más que todo lo transitorio que pueda desear temer, sea placentero o doloroso.

Es afortunado aquel a quien La Vida sacude y golpea en algún momento con alguna decepción o desgracia y lo lleva a buscar el verdadero sentido estable de sí mismo más allá de todo lo temporal y contingente, en lugar de seguir adormecido y engañado en las momentáneas y ficticias alegrías pasajeras.
Quien prefiere la inmediatez aparente y momentánea del placer transitorio seguirá adormecido e impedido para la búsqueda de algo mejor, de lo único que es permanente y la auténtica causa de nuestra felicidad.
Entender esto que estamos diciendo es ,al menos estar en el camino de la búsqueda. Y progresar en este camino significa no correr constantemente persiguiendo el placer como el burro tras la zanahoria.
Quien quiere sincera y honradamente vivir la libertad verdadera con un sentido claro de su existencia sabe que placer y dolor, pena y alegría son dos caras de la misma moneda. Son dos aspectos aparentemente opuestos de la existencia limitada, tras la que se esconde el Ser Absoluto y a través de la que se expresa en sus infinitas formas El que es la base de todo y dirige todo con sabiduría perfecta. El está presente, gobierna y dirige todo cuanto existe tanto lo que nos resulta agradable, placentero y positivo como en lo desagradable, penoso y aparentemente negativo. Este Ser que es la Conciencia Pura y Absoluta se manifiesta de un modo especial en la conciencia humana de cada hombre y mujer. Pero el nacimiento del "ego" individual en el ser humano (pecado original) hace que la mente egoísta acepte y califique de bueno lo que le es placentero y de malo lo que le resulta desagradable. La conciencia interna con su luz interior todo lo ve proveniendo de la misma mano, con la misma sabiduría y la misma infinita bondad.
Por todo ello, la persona iluminada y conducida por la voz interior de su conciencia profunda se siente siempre libre de temores y deseos porque sabe que la moneda es siempre la misma tanto caiga de cara como de cruz.
Por eso es libre el que está liberado de la pulsión hacia el placer y del miedo y aversión al dolor. Y considera tanto el placer como al dolor como dos extraños impostores que quieren adueñarse de la dirección de su existencia.
Cuando los psicólogos hablan de las fuerzas que arrastran y zarandean a los seres humanos de aquí para allá suelen referirse a la tendencia innata, ciega e irrefrenable hacia el placer y la natural aversión al dolor.
Esa tendencia suele ser calificada como natural y normal en el ser humano. Pero es tendencia natural solamente de la materia sensible, de la parte biológica, del cuerpo del ser humano como lo es de cualquier materia viva sin conciencia de sí misma, sin conciencia de su propia naturaleza.
Pero esa tendencia no resulta ni natural ni normal en la persona que ha despertado en su conciencia interior, en lo que es más específicamente humana. Entonces, la comprensión de que placer y dolor, blanco y negro, positivo y negativo son aspectos diversos pero propios, naturales y normales de todas las infinitas formas de manifestación del SER (Dios) hace que unos y otros sean igualmente bienvenidos sin rechazar lo que aparece como desagradable ni desear con apego lo agradable.
No hay tendencia más verdaderamente humana que la de querer ser, vivir y realizar lo que en el fondo SOMOS, lo que siempre fuimos en origen y lo que jamás dejaremos de ser.
Es la tendencia a vivir el SER, el Absoluto que somos en el fondo. Es la tendencia al paraíso de la felicidad que somos y del que salimos y lejos del cual hemos vivido exiliados en el desierto repleto de falsos espejismos que se nos aparecen como si fueran la Realidad.
Es evidente que la causa de nuestros sufrimientos suele residir en los muchos deseos que alberga nuestro "ego" y en los temores consiguientes.
Pero como en tantas otras cosas, caemos en el absurdo de querer eliminar los efectos sin quitar las causas.


Mientras vivamos encarnados en un cuerpo tendremos un "ego" que regule nuestra vida existencial. Pero el desarrollo de la madurez humana, es decir, el desarrollo y evolución de la conciencia de sSí mismo, de lo que somos en nuestra naturaleza profunda, hace que el ego quede reducido a su lugar, a su propio objetivo que no es otro que el mantenimiento del cuerpo y la personalidad. Solamente eso.
Cuando por el contrario no hay el suficiente desarrollo de la conciencia en una persona, el "ego" asume la dirección total y absoluta de la persona y queda atrapada por los infinitos deseos absurdos sin orden ni medida. La vida entonces se convierte en una carrera alocada de deseos y más deseos y por ende, de temores sin fin. El "ego" es entonces el dueño de esa vida.
Así puede establecerse esta sucesión de causas y efectos: A mayor "ego" más deseos y temores. A más deseos y temores, más sufrimiento.
Dicho de otra forma: Si quieres eliminar tus sufrimientos, elimina los deseos y temores. Para eliminar los deseos y temores, controla el "ego" y redúcelo a su función propia y exclusiva. Y para controlar el "ego", toma conciencia de ti mismo, de tu realidad central, de tu yo Superior.
Pero ante la realidad actual del sufrimiento ¿qué hacer?
Ante todo ACEPTARLO.
Aceptarlo no quiere decir simplemente resignarse porque no hay más remedio.
Aceptarlo quiere decir tomar conciencia de que ese dolor está ahí porque tiene que estar.
Aceptarlo quiere decir que estamos convencidos de que ese sufrimiento es justo, que es la consecuencia lógica y normal de ciertas causas, aunque de momento sean oscuras o desconocidas para nosotros.
Aceptarlo es decirlo SI sin quejas ni lamentos inútiles.
Aceptarlo quiere decir que sabemos que Dios está con nosotros y preside tanto los momentos de alegrías profundas como los de amargo sufrimiento.
Dios no es sólo el Dios del radiante amanecer sino también el de la noche oscura. Dios de las flores y del cieno, Dios de las tormentas devastadores y de los días primaverales de calma, Dios de las profundidades osucras de monstruos marinos y de los pajarillos juguetones en la enramada, Dios en el rostro candoroso e inocente del niño y en el instinto oscuro del violador y asesino, Dios en el inocente cordero devorado y en el león feroz su devorador.
La ventaja de aceptar el sufrimiento es doble. En primer lugar al aceptarlo, el sufrimiento disminuye y hasta desaparece. En segundo lugar nos señala el camino para nuestra propia evolución y madurez.
La vida toda hasta en sus más nimios detalles tiene un sentido didáctico. Aprender de ella es entender su sentido.


Darío Lostado
(Hacia La Verdad De Ti Mismo)


jueves, 6 de octubre de 2011

SENTIDO DE LA LIBERTAD




¿Quién es libre de verdad?

Hacer lo que a uno le gusta no es libertad, porque está esclavizado a su gusto.

Hacer lo que se tiene que hacer, por convicción propia, es signo de estar libre de presiones o condicionamientos extraños y la persona es auténticamente ella misma, sin la limitación de la ignorancia, el egoísmo o estímulo alguno, ajeno a la acción misma.

Sólo eres libre cuando tu acción es la realización o el desarrollo de tu naturaleza verdadera interna, de lo que tú eres y no de los impulsos individuales egotélicos de tu personalidad.

Solamente son genuinamente libres quienes han superado las pulsiones de su cuerpo y las apatencias necias y frívolas de su ego.

Al ignorar el hombre lo que es, ignora también el sentido exacto de su libertad.



Al estar identificado con su cuerpo, cree ser libre cuando este es libre. Es como moverse libremente dentro de su pequeña celda, dentro de la cárcel que él mismo se ha construido, puesto que se ha identificado y reducido a esos estrechos límites de su cuerpo y de su "ego".

No eres libre cuando hacer "lo que quieres".
Eres libre cuando expresas "lo que eres".

Cuando haces y expresas "lo que eres", tu voluntad está totalmente libre de toda presión y condicionamiento extraño y ajeno a sí mismo.
Cuando haces "lo que quieres", tu querer está frecuentemente determinado por estímulos ajenos a ti mismo.
No son la rejas de las cárceles las únicas que limitan la libertad humana.
Los instintos incontrolados, los convencionalismos sociales, las modas, las ideologías, las creencias, los hábitos físicos y mentales, los tópicos, los hábitos obsesivos, el afán de riquezas y posesiones... son las rejas más crueles y esclavizantes del hombre.

Se requiere coraje para ser libre. O mejor y más simple todavía, se necesita sabiduría, conocimiento auténtico de sí mismo.
Si tienes conciencia clara de "lo que eres", todo lo demás resulta tan insignificante e irrelevante que deja de tener atractivo alguno para el sabio y conocedor de sí mismo.

Todo aquello que es objeto de deseo apremiante y obsesivo en el hombre vulgar, resulta necio y despreciable a los ojos del sabio consciente de sí mismo.

El hombre sabio y consciente de sí se mantiene siempre en su centro, desde donde se siente libre y disponible para ir siempre en todas las direcciones.
El hombre vulgar y desconocedor de sí mismo es atraído tironeado en la dirección en que la pulsión del momento sea más fuerte que las restantes.
El hombre sabio es dueño de sí. Nada externo o ajeno a sí mismo lo inmuta. Se siente UNO con El Ser y distingue bien lo que es el Ser mismo y lo que son las formas infinitas y variables de manifestación del mismo. Sabe distinguir entre lo permanente y lo variable, "lo que es" y lo que "parece ser", lo real y lo ilusorio. Distingue con claridad El Ser y sus formas de manifestación.
El sabio es libre porque nada ajeno a sí mismo lo domina. Él conoce cada una de sus tendencias y aspiraciones y distingue bien las demandas de su ser interno de los tironeos de los instintos ciegos y los deseos obsesivos del ego necio y engreído.
Sólo el sabio conocedor de sí mismo disfruta del gran don de la libertad.


Darío Lostado
(Tu Vida Tiene Sentido)



viernes, 30 de septiembre de 2011

SER HUMANO



¿Quieres saber cuál es la causa de los males humanos?

¿Quieres saber por qué tu vida está llena de sinsabores, amarguras, rivalidades, egoísmos...? Estás imbuido e identificado con un grave error sobre ti: el error de creerte independiente y autónomo, separado del Todo y del mundo que te rodea.

Las ilusiones del ego te llevan a creerte valioso en lo más efímero, caduco y banal de ti.

Tú eres sabio, poderoso y amoroso en AQUELLO que te identifica con el Ser Uno, con el TODO y con todos.

Las apariencias de tu personalidad son limitadas, volubles y fugaces. Toma conciencia de ello.


Darío Lostado
(Mensajes Para Elevar La Cociencia)




domingo, 17 de julio de 2011

NUESTRA ENFERMEDAD


Terrorismo, injusticias sociales, delincuencia, desempleo, desorden...
Todo tiene un nombre común.
Todo tiene una causa única.
Se intenta poner remedio a los males, olvidando la causa de los males.

Quizá no vemos la causa porque nos da vergüenza y somos demasiado orgullosos para reconocer que esta causa está en nosotros. Pero proferimos buscarla fuera.
Es el egoísmo burgués en forma de amor desordenado al dinero, al confort, a la ambición de tener más que los otros como valores supremos de la vida.
El político profiere quedar bien y que el partido salga triunfador y él, naturalmente como director o impulsador del triunfo del partido, al verdadero bien de los ciudadanos.
Nuestra enfermedad social es el egoísmo cruel y exacerbado que se impone descarada y abiertamente en algunos casos y solapadamente en otros.
Se habla de servicio al pueblo, justicia social y otras lindezas por el estilo, cuando en el fondo lo único que interesa es levantar la plataforma para ser elegido, ser líder o ser puesto en el candelero y quedar bien.
Se prefiere tener y ganar más aunque personas o familias vivan en la miseria con sueldos ruines, a ganar un poco menos para que otros vivan más dignamente.
A esto se llama egoísmo: encerrarse en sus propios intereses individualistas sin atender las necesidades y exigencias de los otros.
Egoísmo es esforzarse y trabajar constantemente para que el pequeño y ruin yo que todos llevamos dentro, se engorde vanidosamente a costa de todo y de todos.
La única regla del egoísta es: Es bueno todo lo que favorece mis intereses individuales, mi ambición y mi vanidad y malo todo lo que atente contra ello.

Es triste el espectáculo de algunas Instituciones que por su esencia y finalidad son humanitarias y de ayuda a los demás, ver que sus miembros se pelean, se calumnian, y se destruyen mutuamente aún a costa de la misma Institución a la que pertenecen, por defender cada uno su actitud egoísta, vanidosa y ruin, en perjuicio de todos aquellos a quienes deberían servir.
Quizá sea ésta la causa y la explicación de la poca eficacia de tantas Instituciones, conferencias, organizaciones, pláticas...
Quizás muchas veces no trabajamos tanto por los demás cuanto por nuestra propia honrilla vanidosa y superficial.
Quizás nos predicamos y alabamos a nosotros mismos y nos levantamos disimuladamente estatuas y monumentos en lugar de ayudar a los demás a levantarse a un grado de vida más digna.




Sí. Nuestra enfermedad puede ser este cruel y ruin egoísmo disfrazado de tantas caretas, con tantos ropajes, con tantas sutiles aparentes formas de servicio.
Se hace imperioso reexaminar nuestras verdaderas y profundas intenciones en nuestros trabajos y en nuestra vida toda.
El contagio de esta enfermedad parece que es bastante general.
En distintos grados, pero general.
Desde los más altos niveles internacionales hasta los más íntimos de la vida familiar y de amistad se detectan constantemente síntomas de esta devastadora enfermedad, causa de la mayor parte de los males que nos aquejan.
No es excuas el decir: ¿qué hago yo curándome de esta enfermedad si los demás siguen siendo egoístas?
Ya hay quienes no lo son.
Hay p0ersonas generosas, que no son esclavos del egoísmo.
Tú puedes ser uno de ellos. Y así engrosarás las filas de los que de veras quieren hacer de este mundo nuestro un mundo mucho más humano, más generoso y más feliz. No con palabras, sino con una actitud constante de su vida.
Hoy puedes unirte a los que trabajan día a día por desarraigar más y más el egoísmo de sus corazones.
Es la mejor manera de hacer un mundo mejor.
Sí. Hay personas que ya vencieron y vencen día a día la tentadora maquinación del egoísmo.
Por eso la Vida es digna de vivirse.
La sincera generosidad y el servicio desinteresado, dan luz y calor a nuestro mundo frío y calculador.
Supera la enfermedad del egoísmo.
Es lo más saludable.


Darío Lostado
(La Alegría De Ser Tú Mismo)



martes, 14 de junio de 2011

¿SOMOS ÚNICOS?


Una de las características que distingue al ser humano es la "conciencia de sí".
La conciencia de sí puede entenderse de dos maneras.
La conciencia de sí puede ser en primer lugar la conciencia del "yo" verdadero, de la realidad central.
Y puede entenderse también como la existencia encarnada, concretada en una personalidad determinada.
Dicho en otras palabras la conciencia de sí puede significar el conocimiento de lo que somos como identidad o el conocimiento de nuestra personalidad que es el modo como nos diferenciamos unos de otros.
La realidad o identidad profunda es común a todos los seres humanos. Es aquello por lo que somos iguales.
La personalidad es aquello por lo que nos diferenciamos unos de otros.
El desconocimiento de nuestra realidad profunda o sea de aquello por lo que somos personas, es la causa de nuestros mayores males. Cuando esta realidad profunda es suplantada y substituida por la personalidad o el "ego", , caemos en el "egoísmo". Es decir la defensa de lo periférico, de lo secundario de nosotros, enfrentándonos con todos los "egos" de los demás y creándose así la rivalidad y luchas constantes, viendo siempre en los otros unos posibles o reales enemigos.
La conciencia del "yo" verdadero une, armoniza, unifica porque el yo verdadero es amor.
Si tenemos una auténtica conciencia del "ego" o de la personalidad, sabiendo que ésta no es sino la forma como se concreta y se encarna el "yo" verdadero, no sólo no sería causa de muchos o todos los males que padecemos sino todo lo contrario, es decir, sería la ocasión de una mejor y mayor comprensión humana entre todas las personas.
La psicología tradicional apenas si se ha ocupado del conocimiento de nuestra realidad profunda. Se ha centrado en su estudio básica y exclusivamente en la personalidad, en lo que nos distingue a unas personas de otras. Pero apenas en lo que nos une.
El trabajo de la realización personal, o lo que es lo mismo, el trabajo para vivir como personas ha de basarse en el conocimiento y "vivenciación" clara de lo que somos como realidad profunda.
Cuando en lugar de vivir por la fuerza inteligente y amorosa que es nuestra realidad profunda, vivimos dirigidos por el "ego" de nuestra personalidad empezamos a vivir anormalmente como personas.
Una cosa es reconocer que tenemos un "ego", una personalidad concreta y otra muy distinta el vivir defendiendo y dependiendo exclusivamente de nuestro "ego" con sus exigencias egoístas y exclusivistas.
Un buen conocimiento de nuestra personalidad, previo el reconocimiento de nuestra realidad central, es necesario y sumamente útil para una mejor convivencia y entendimiento entre los seres humanos.



Muchos autores nos han dicho, quizás para levantar nuestro ánimo o para darnos importancia que somos únicos. Yo mismo hace años insistía en este punto. Hemos enseñado que somos tan únicos que nadie tiene ni tendrá nuestros mismos sentimientos, los mismos pensamientos, las mismas características que nosotros. Llegábamos a decir también que nadie tiene nuestras huellas dactilares... etc., etc. Y es cierto. Pero esta unicidad nuestra, es tan secundaria y accidental frente a la maravillosa identidad interior que nuestras diferencias no tendrían por qué ser causa de separación y rivalidad.
La verdad lisa y llana es que la mayor parte de la gente ha vivido creyendo y sigue creyendo que somos un cuerpo con una personalidad. Y no somos ni lo uno ni lo otro.
Samos una realidad central única y común en todos los seres humanos, revestida, encarnada existencialmente en unas formas corporales determinadas y con una personalidad determinada.
Estas formas corporales y esas formas personales o de personalidad son los modos distintos de expresarse la infinita energía, el infinito amor y la infinita inteligencia que somos en nuestra realidad profunda.
Esto que estoy exponiendo y sobre lo que hemos de volver porque es el punto básico y la razón verdadera para vivir como personas no es una teoría más. Tampoco es para creerlo y aceptarlo sin más. Es para comprobarlo vivencialmente cada uno en sí mismo.
Hablar y discutir sobre ello no tiene importancia ni utilidad alguna. Yo lo expongo para que los que están viviendo con una demanda interior de buscar "algo más" lo miren, lo piensen y luego traten de vivenciarlo en sí mismos.
Somos UNO en nuestra realidad profunda, con todas las demás personas.
Somos ÚNICOS en nuestras formas: cuerpo y personalidad psíquica.
Las formas cambian, se destruyen.
Nuestra realidad íntima y profunda es siempre idéntica a sí misma sin cambios ni destrucción.
Los que viven identificados con sus formas cambiantes. nunca pueden decir: soy esto. Porque eso que dicen ser, está cambiando en todo momento. Cambia constantemente nuestro cuerpo. Las células que componen nuestro cuerpo hoy son distintas de las que teníamos hace siete o diez años, con excepción, quizás, de algunas del cerebro. Y no digamos nada de nuestros sentimientos y nuestras ideas continuamente cambiantes por motivos muchas veces insignificantes y baladíes.
Todos los seres humanos somos UNO. Formamos la gran familia de amor o unidad.
Pero vivimos peleados, distanciados, divididos, por defender nuestros "egos" con la funesta característica del ego, el egoísmo, que es la defensa del "ego" excluyendo a los demás.
El resultado de esta aberración todos la conocemos.
Aunque resulte machacón he de insistir una y otra vez en el tema.
Mientras no sea evidente teórica o intelectualmente difícilmente podremos vivenciarlo.
Y si no lo vivenciamos nuestra vida no será una verdadera vida de personas.


Darío Lostado
(Vivir Como Personas)


miércoles, 30 de marzo de 2011

¡PASEN Y VEAN!



Se oyen quejas constantes de que no hay sinceridad, de que es muy escasa la amistad verdadera, de que medio mundo desconfía del otro medio, de las injusticias, de la delincuencia, de la inseguridad social...

Pero mi voz me dice:

Mientras viváis defendiendo el "yo" falso de vuestra personalidad todo eso de que os quejáis será lo normal y lo habitual en el mundo. Creéis ser fulanito de tal y defendéis a toda costa vuestro nombre como si eso fuerais vosotros. Mientras creáis que sois padre o madre, esposo o esposa, hijo, estudiante, profesional... todo lo supeditaréis a esa idea, a ese rol, a unos intereses concretos.

Cuando veáis que sois mucho más que todo eso y que todos esos roles y papeles que estáis representando son únicamente papeles pasajeros en la comedia humana, no convertiréis en ídolo vuestro nombre, vuestra imagen o vuestro papel.



Debéis aceptar que cada uno ha de tener un ego personal, un papel que ha de cumplir en la vida, pero conscientes de que no sois ese papel. Solamente es el medio o instrumento con que debéis transitar algunos años de vuestra vida existencial. Dichos papeles pueden y de hecho cambian frecuentemente mientras que vosotros permanecéis lo mismo.

Bien está saber cumplir el papel que tenemos en cada momento. Pero conscientes siempre que nosotros no somos eso. Somos una entidad estable, consciente, amorosa, testigo siempre fiel e inmutable a todo cuanto ocurre dentro y fuera, la consciencia personal participación de la Conciencia Pura y Eterna.

Cuando seáis y viváis como lo que sois, seréis los testigos y observadores del gran espectáculo de la vida.


Darío Lostado
(...Pero Mi Voz Me dice...)


miércoles, 23 de febrero de 2011

BUENOS O MALOS



Si analizas e investigas por qué aceptas con gusto a unas personas y rechazas a otras, verás con sorpresa que casi siempre responde a que unas personas te sirven para formar o mantener el personaje que te has propuesto de ti mismo y otras te lo impiden o molestan.

A quienes van a tu favor, los llamas buenos y a quienes te contradicen, los consideras malos.

Es ésa una señal de infantilismo interior. El ego infantil es un mal consejero para tratar y relacionarse con los demás. Si no se supera, es imposible mantener unas buenas relaciones humanas. La vanidad del ego nos lleva también a ser injustos con quienes por ser honestos, no reafirman nuestra personalidad.


Darío Lostado
(Mensajes De Realización)


sábado, 11 de diciembre de 2010

¿PERDONAR O COMPRENDER?


No perdona quien no olvida la ofensa.
El ego de toda personalidad no puede amar, porque su esencia es ser centro de toda su existencia.
Mientras amemos desde nuestro ego, por más emoción o sentimentalismo que parezca haber en el amor, será tambaleante porque no tiene profundidad.



Quienes dicen que perdonan pero no olvidan, son un ejemplo claro de esta clase de amor engañoso del ego. En verdad, cuando amamos de veras, ni siguiera llegamos a sentirnos enojados porque el amor auténtico es ante todo comprensivo y ve que toda ofensa del otro proviene siempre de su ignorancia y no de la maldad. Sólo hay que comprenderlo.


Darío Lostado
(Mensajes De Amor)