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lunes, 12 de marzo de 2012

SER TÚ MISMO

Los padres y educadores suelen decir a sus hijos y educandos que deben hacer todo aquello que se espera de ellos, que no defrauden las expectativas que tienen depositadas sobre ellos.

Pero mi voz me dice:

Lo que tú haces y debes hacer es cosa tuya. Lo que los demás esperan es cosa de ellos.
No dependas de nada ni de nadie. Ni de las expectativas que los demás tienen de ti.
Cuando seas Tú mismo siempre y en todo, verás que la rezón y motivo de tu accionar en la vida no debe subordinarse a algo que sea externo a ti mismo.


Es cierto que cuando miras, ves y vives desde ti mismo, comprendes que hay muchas cosas que debes hacer por los demás porque no eres una isla en el mundo. Cuando vivas, no desde el ego ruin, sino desde la plenitud de ti mismo, verás que el mayor y mejor servicio que puedes hacer por los demás es comunicar la plenitud amorosa que eres y vives. Entonces lo que puedas y debas hacer por los demás lo verás por ti mismo, como fruto directo de tu visión interior, del amor que eres y del sentido de unidad que tu ser consciente te señala.
Las esperanzas y expectativas siempre apuntan al futuro. Pero lo mejor que puedes hacer para el futuro es ser siempre y en todo fiel a ti mismo ahora, en el momento presente.
Sin despreciar a nadie, agradecer el amor que los demás sienten por ti pero no permitas que los demás decidan tu presente ni tu futuro. Escucha a los que te aman y pon atención a sus observaciones y consejos, teniendo en cuente sus puntos de vista. Pero decide por ti. Si miras hacia adentro, con sinceridad, encontrarás el camino recto.


Darío lostado
(...Pero Mi Voz Me Dice...)


martes, 24 de enero de 2012

LA PRÁCTICA DE LA MEDITACIÓN-CONTEMPLACIÓN


El método mejor para adquirir y mantener la observación de La Presencia, es dedicar cada día un rato especial a ello. Es lo que llamamos la práctica de la meditación.
Hoy está de moda, en ciertos ambientes, alardear de hacer meditación. En verdad, algunas personas tratan de aparentar un alto estado de desarrollo al referirse a "su meditación".
Vanidades necias aparte, digamos que en un verdadero desarrollo humano, la meditación es indispensable. Es cierto que hay una clase de meditación que es la que podemos llamar "meditación en la acción" que consiste en mantener la atención muy enfocada no sólo en lo que hacemos sino también en quien lo hace. Es la mejor meditación.
Es necesario, no obstante, dedicar algún tiempo especial a la práctica de la meditación con toda la atención puesta exclusivamente en ello.
Para hacerla con más eficacia, trata de elegir un tiempo y lugar adecuado donde te encuentres con total tranquilidad sin que nadie pueda molestarte. Al principio es conveniente hacerla con los ojos cerrados, para que nada te distraiga y te concentres mejor en el punto de tu Presencia.
Hazla sentado o en una postura o asana de yoga, si estás acostumbrado a hacerlo así.
Cuando te sientes y cierres los ojos observarás que aparecen pensamientos e imágenes en tu mente. Trata de dejarlos ir como han venido. Para ello, puedes usar o un mantra o palabra que para ti sea significativa o simplemente repites "Yo soy" y te quedas con esa simple idea de "soy". Los pensamientos e imágenes seguirán apareciendo, sobre todo al principio, con bastante frecuencia. No te enojes con ellos ni contigo. Tan sólo déjalos ir y sigue atento a ti mismo.
Te darás cuenta de que entre pensamiento y pensamiento hay un espacio vacía. Obsérvalo. Ese vacío, ese silencio es La Presencia de tu Ser. Si te digo que tú eres eso, podrás decirme que eso es nada. Pero yo te digo que ESO es tu ser, La Presencia del Ser en ti. O si quieres ESO es Dios. Dios no puede ser ninguna imagen, nada que pueda estar en el espacio o tiempo.
ESO, ese vacío, es El Ser Infinito, eso es Dios.
Si pudieras mantenerte en ese vacío mucho tiempo, tu meditación sería perfecta.
No observas pensamiento alguno, ninguna imagen... nada.
Observas el vacío y esa observación del vacío es La Presencia. Es La Realidad. Es la Divinidad.
Mantenerte ahí es estar en la Realidad. Justo lo contrario de lo que suele pensarse comúnmente. Pero esa es la verdad.


Los objetos y pensamientos son las cosas observadas. Pero cuando queda el vacío de pensamientos, imágenes y cosas, ahí está La Presencia. La Realidad. Quédate presente y atento a esa Presencia. Eso es meditar.
Esa Presencia no es hombre ni mujer. No es Pedro ni José ni Luisa ni María... No tiene edad ni religión. No es rica ni pobre ni inteligente ni tonta... Es simplemente La Presencia del Ser, de tu ser.
Cuando estamos en esa Presencia, nada nos falta. Todo va bien. Todo es un juego infinito. No hay nada fuera de mí, fuera de La Presencia. Todo es un juego como lo es el Universo, el juego de la Divinidad. O como decían los orientales en los Vedas, todo el Universo es Lila o el juego divino.
Y ¿qué pasa cuando se sale de esa Presencia o de ese estado meditativo? Todo se ve con total serenidad, sabiendo que todas las cosas son el juego de la conciencia. Aprendemos a dar a cada cosa el valor que tiene y no más.
Lo ideal sería que mantengamos ese estado cercano al estado meditativo, incluso cuando estamos en la actividad diaria. Al principio se hace difícil, por el hábito que hemos adquirido de estar saltando de un pensamiento a otro y de estar volcados a las cosas de fuera como si esas cosas fueran nuestra vida. Esas cosas o situaciones tan sólo son circunstancias cambiantes de nuestra existencia, pero no son nuestra vida.
Hemos dicho que al principio será difícil mantener la atención, libre de pensamientos e imágenes. Para ello, hay que tener alguna salida, como repetir la palabra "soy", poniendo la atención en lo que significa o simplemente puedes poner tu atención en tu respiración, en la inspiración y espiración hasta que el pensamiento desaparece y te quedas en esa actitud de espera. Podríamos decir: como el gato está ante la ratonera. Con la diferencia de que el gato tiene la imagen del ratón y nosotros hemos de estar a la espera sin imagen alguna, simplemente atentos al vacío.
Repitiendo una y otra vez este ejercicio de meditación se logra que la conciencia, nuestro ser, dirija nuestra existencia en lugar de que sea nuestro yo personal el director de ella. Además, notarás que la paz te va inundando poco a poco, más y más, sin proponértelo.  Y poco a poco también el pequeño yo egoísta, medio ciego, va dejando su lugar a la luz de la conciencia con la que vemos que la nada es el todo y que el silencio es la máxima acción. Y vemos con toda evidencia que La Presencia invisible es El Ser, el Todo.
Cuando volvemos de ese estado de Presencia al estado existencial, tendremos también mayor fuerza y claridad para afrontar las situaciones de cada momento.

A medida que vamos experimentando o viviendo La Presencia, vemos que todo, aun lo que parece más material, es puro espíritu materializado o hecho visible. Entonces, nos damos cuenta de que La Vida es lo que hace que todo existe y que todo es espiritual. Vemos que no hay división entre lo material y espiritual, sino que todo es espíritu materializado o hecho visible. Así no hay diferencia entre personas espirituales y otras no espirituales, sino que unas son conscientes de su ser y otras no.
Advertimos también por la luz de la conciencia que la vida espiritual no es el refugio de los cobardes o pusilánimes que no se atreven a enfrentarse con el mundo sino que cuando estamos en La Presencia, sabemos que estamos en La Realidad y que no hay que huir de nada ni de nadie, sino sólo de La ignorancia.
No existe ninguna guerra entre espíritu y materia, como generalmente nos han enseñado. No hay ninguna guerra entre alma y cuerpo. No son la materia y el cuerpo malos o impuros y el alma y el espíritu puros. Todo es Uno. Todo es armonía. La impureza y desarmonía y la guerra solamente están en nuestra mente limitada e ignorante que divide lo que es Uno y crea esa falsa guerra de polaridades que tan sólo existe en la mente.
La espiritualidad verdadera no pertenece a religión alguna.
La auténtica espiritualidad no conoce autoridades ni imposiciones ni estructuras. Sólo hay una única autoridad que es La Presencia, El Ser, el espíritu que está por encima de ideologías, dogmas, enseñanzas, personajes, leyes, mandatos... Sí. La espiritualidad es la libertad auténtica del Ser. Y desde ahí sólo somos llevados por la luz, el amor y la sabiduría.
Ningún gran maestro de los que han aparecido en la Humanidad nos ha impuesto jamás nada. Nos han enseñado cuál es el camino hacia nuestro ser, que es La Presencia de la Divinidad en nosotros. Pero no nos han impuesto nunca nada. Y cuando te contactas con esa Presencia, tienes en ti el mejor maestro. Los maestros humanos pueden ayudarte para que te instales en tu Presencia.
Si estás ahí, en ti, en La Presencia, ya no necesitas nada más.


Dario Lostado

(Atrévete A Ser Libre)

lunes, 26 de septiembre de 2011

VIVIMOS DORMIDOS


"Ya es hora de despertar del sueño", dice la Biblia.

Vivimos ordinariamente dormidos, sin conciencia clara de qué somos, dónde estamos, qué hacemos, por qué hacemos lo que hacemos, por qué sentimos lo que sentemos, qué sentido tiene para nosotros el vivir o el no vivir...

Vivimos generalmente empujados, arrastrados por el instinto y voluntad ciega, natural y espontánea de vivir, pero prácticamente inconscientes, muy poco despiertos.

Vivimos sin conciencia clara de quién es el que vive detrás de esas apariencias de este cuerpo, quién es el que está viviendo dentro y detrás de esa carne, y esos huesos que componen nuestro cuerpo.

Vivimos sin conciencia clara de quién es el que alberga esos pensamientos, esos conocimientos, esas habilidades de trabajar, de jugar, de desarrollarse y desenvolverse en la vida...

Vivimos sin conciencia clara de quién es el que está afectado por esos sentimientos agradables o desagradables que nos ponen alegres o tristes en cada momento, quién es ese que sufre o se alegra, ese que se preocupa, que se impacienta, que se atemoriza, que duda, llora, canta, ríe, goza...

Vivimos sin tener clara conciencia de quién y qué es ese "Yo" sujeto activo, que es el que realmente vive detrás de la vestimenta, detrás del cuerpo de carne, huesos, ojos, cerebro, órganos interno con sus células, moléculas y átomos.

Y si no sabemos quién es el que piensa en nosotros, quién es el que siente, el que se mueve, el que vive en nosotros, ¿qué podremos saber con una cierta garantía de certeza?

Si yo no conozco lo más próximo a mí mismo, si no conozco al que conoce, ¡cómo podré conocer las cosas que me rodean? ¿cómo me atrevo a hacer afirmaciones sobre lo que perciben mis sentidos? ¿podré conocer a esos otros a los que llamo personas, que son lo que yo soy, si no sé quién soy yo, que supuestamente es la persona que está conociendo? ¿podré conocer a ese Ser que llamo Dios y en quien supuestamente creo y del que digo que es el Ser más importante, el más grande, el más poderoso, el más sabio, el más bueno, el absolutamente prefecto, si no conozco a este otro ser pequeño cercano que soy yo mismo?

¿No será todo eso una simple afirmación sin sentido que repito sin verdadero conocimiento, sino como una cinta grabada que reproduce y repite lo que ha sido grabado en ella sin tener conocimiento de lo que significa y de lo que expresa?

El camino hacia lo Universal empieza en lo individual.

El camino hacia afuera empieza adentro.

El camino hacia los demás empieza en sí mismo.

El Camino hacia las cosas (que es la ciencia) empieza en el conocimiento de sí mismo(que es el sabiduría)

La comprensión del mundo, de los acontecimientos... de Dios, tiene necesariamente su origen y base en la comprensión de sí mismo, en el acontecimiento de conocerse a sí mismo, el sujeto que comprende y conoce.

Cuando me desconozco a mí mismo, es imposible que pueda conocer a los otros.

Cuando no tengo una auténtica aceptación de mí mismo, es imposible pretender aceptar a los demás.

Photo by Guillem.


Por más que me proponga y me imponga aceptar a las personas que me rodean, será un esfuerzo vano y de resultados muy momentáneos, mientras no comience por aceptarme a mí mismo, real y efectivamente, tal como soy, en lo que me veo como bueno y en lo que me veo como malo.

Solemos vivir preocupados y atormentados porque nos cuesta aceptar a ciertas personas.

Nos damos cuenta de que las circunstancias nos imponen el trato con esas personas que no nos caen bien. Nos proponemos no hablar mal de ellas y hasta tener buenos sentimientos y actitudes con ellas. A veces hasta es posible que consigamos en un momento determinado, ser amables con esas personas. Pero pronto volvemos a nuestra actitud de rechazo.

La explicación de esa conducta radica en que no empezamos por donde debemos empezar.

Haz que empezar por una aceptación clara, consciente y sincera de nosotros mismos, de ese que ve, piensa, siente, vive, que llamo "yo".

Nos daremos cuenta entonces de que nuestro comportamiento es como nosotros no quisiéramos que fuera. Nos daremos cuenta de que una cosa es lo que nosotros queremos o quisiéramos hacer y otra lo que realmente hacemos.

Aún admitiendo esa diferencia y a veces contradicción, entre lo que queremos y lo que hacemos, hemos de aceptar que así es y así hemos de aceptarnos.

No se consigue nada queriendo dar explicaciones, buscando los motivos y las causas de ese modo incoherente o contradictorio de comportamiento.

No se consigue nada queriendo dar explicaciones, buscando los motivos y las causas de ese modo incoherente o contradictorio de comportamiento.

Lo únicamente eficaz es aceptar los hechos tal cual son, aceptar nuestro comportamiento como es y ser muy claramente conscientes de cómo somos y cómo quisiéramos ser, evitando los intentos inútiles de justificarse y eximirse de responsabilidades.

Frecuentemente jugamos a ser buenos.

A veces ni siquiera jugamos a ser buenos sino a tener buenas intenciones de ser buenos.

Con las buenas intenciones nos quedamos ya satisfechos como si "el intentar" fuera "realizar" y el decir fuera hacer. Y así seguimos dormidos en los laureles del engaño.

Solamente el aceptar la verdad tal cual es, nos liberará del error de creer que el sueño es la realidad y que el decir es hacer.


Darío Lostado
(Hacia La Verdad De Ti Mismo)




domingo, 17 de abril de 2011

AMAR AL PRÓJIMO COMO A TI MISMO. NO MÁS QUE A TI MISMO



Amar al prójimo menos que a sí mismo es de egoístas que no saben que al no amar suficientemente a los demás tampoco se aman bien a sí mismos.
Amar al prójimo más que a sí mismo es propio de acomplejados con el infantil complejo de inferioridad pensando que ellos son unos pobres diablos indignos de ser amados hasta por sí mismos.
Los que pretenden amar a los demás, más que a sí mismos generalmente quieren verse a sí mismos como generosos y sacrificados por los demás.
También quieren ser tenidos por los demás como altruistas y ejemples de sacrificio generoso.
Amar al prójimo antes o después que a sí mismo es ignorar que al amar, tú estás en el otro, el otro en ti, Dios en ti y en el otro y tú y el otro en Dios porque el amor es Dios, y Dios es amor.
Ama al prójimo como a ti mismo.
Es la sabiduría más perfecta.
Tan sencilla que sólo los sencillos de corazón la entienden bien.
Porque la verdad se les descubre a los sencillos y humildes y se les oculta a los orgullosos y soberbios.
Amar al prójimo como a ti mismo quiere decir: Todo lo verdaderamente bueno que quieres para ti, quiérelo para los demás. Todo lo verdaderamente bueno (no sólo agradable) que haces para ti hazlo también a los demás.
Ni más ni menos. Ni antes ni después.
Lo mismo, siempre y al mismo tiempo.
Amar a los demás como a sí mismo es sencillo, sabio, armonioso y perfecto.
Es sabio porque es conocer que todo pensamiento, acción, sentimiento o palabra que procede de ti dirigida a los demás te beneficia a ti como a los demás.
Esto lo sabrás de verdad cuando lo compruebes en tu propia vida.
El verdadero conocimiento intelectual va acompañado de acción, Si no, ya no es verdadero conocimiento... Amarás al prójimo como a ti mismo.
Esta fundamental ley de oro de la Biblia y de la perfecta convivencia humana es completamente clara y sencilla.

Photo by Guillem.


Nos gusta a todos que los demás la cumplan con nosotros.
Pero no son muchos los que la cumplen con los demás.
Algunos pretenden aparecer más generosos amando a los demás más que a sí mismos.
Pero no se trata de tener momentáneos arrebatos de generosidad mal entendida.
Se trata de que cada día, cada momento, nuestra actitud sea generosa y amorosa con quienes viven junto a nosotros. No con los que viven en países lejanos o barrios marginados solamente.
También con ellos. Pero antes y principalmente con los que conviven con nosotros, con los próximos a nosotros, que suele ser más difícil.
Lo bueno que quieres para ti, ¿lo quieres también de corazón para tus hermanos, tus familiares, tus vecinos, tus compañeros de trabajo?
Ámate bien. Ama igualmente bien a tus prójimos. No es tan fácil amarse bien.
Cuando buscamos o conseguimos ciertas satisfacciones que halagan momentáneamente nuestros sentidos paro desequilibran nuestra vida y nos dejan una profunda insatisfacción interior, no nos estamos amando de verdad.
De momento podemos pensar que hacer lo que nos gusta es quererse bien. Pero no lo es. No siempre lo es. Eso puede ser válido en cierto sentido para un perro, incapaz de tener otras aspiraciones superiores.
Los padres que dan a sus hijos gustos que les perjudican en su salud o formación los aman peor que aquellos que se los niegan.
Lo mismo nos pasa a nosotros con nosotros mismos.
El pequeño, egoísta y caprichoso yo que todos llevamos dentro nos pide a veces caprichos inconvenientes aunque sean agradables de momento.
Cuando nuestra vida está gobernada por ese pequeño y caprichoso yo, cumplimos sus exigencias con los efectos nefastos consiguientes.
Cuando nuestra vida está, por el contrario, gobernada por el verdadero, humano y luminoso yoprofundo, sabe imponerse sin violencias ni represiones absurdas.
Las violencias y represiones inconscientes no son del yo verdadero.
Todo ocurre entonces con orden. Pero es necesario que el verdadero y profundo yo nuestro tenga las riendas del mando de nuestra vida habitualmente, frecuentemente, y si fuera posible, siempre.
Entonces el pequeño, y egoísta yo pataleará y gritará estrepitosamente.
Si nos amamos a nosotros mismos con este verdadero y profundo yo, si nos amamos de verdad, fácilmente amaremos a nuestros prójimos como a nosotros mismos.
Si nos amamos con ese pequeño y caprichoso yo surgirán innumerables conflictos en nosotros mismos y en la relación con los demás.
Ámate bien. Y amarás a los demás bien.
Esto no es teoría.
Quizás el desconocimiento de estos mecanismos nuestros que parecen simple teoría, ha hecho que tengamos una relación errónea con nosotros mismos y con los demás.
Ama de verdad y haz lo que quieras.
Entonces no habrá problema del antes o el después, del más o el menos.
Al amar de verdad, amarás a los demás como a ti. Y a ti como a los demás.
No habrá conflicto entre ti y los demás, entre el amor a ti y a los demás.
El conflicto sólo existe cuando detrás de lo que llamamos amor al prójimo se esconden otros intereses.

Photo by Guillem


A veces no amamos a los demás sino que amamos la satisfacción que sentimos al amar.
O amamos el premio que se nos da o se nos dará por eso que llamamos amar.
Amar al prójimo es desear con toda el alma su bien, su mejor bien. Y ayudarle a que él realice su misión de persona.
Entonces también tú estarás realizando tu misión de persona que es en parte ayudar a que los otros se realicen.
Tu realización se complementa con la ayuda a la realización del otro.
El verdadero amor a ti será también el amor al otro.
El amor al otro será una extensión del verdadero amor a ti.
El que se ama de verdad, trabaja por su propia realización y ayuda a que los otros también se realicen. No los realizará él, ni los obligará a las buenas o a las malas sino que los ayudará a que se realicen, ejercitando su propia naturaleza libre.
Ama a los demás como a ti mismo.
Ni más ni menos. Ni antes ni después.


Darío Lostado
(La Alegría De Ser Tú Mismo)


lunes, 5 de abril de 2010

HACIA LA VERDAD DE TI MISMO


UN MÉTODO FÁCIL



¿Qué eres? le pregunté.

¿Qué voy a ser? me dijo. Es evidente lo que soy.

Dime, por favor, le dije, ¿qué eres sin referirte a tu nombre, a tu cuerpo, a tu familia, a tus cualidades...?

El me miró, quedó pensativo y me dijo: Me estás quitando todo.

No te quito nada, le dije. Nada de eso que te he nombrado eres tú. Fíjate que cuando hablas dices: mi cuerpo, mis pensamientos, mis cualidades... Quiere decir que existe un poseedor y unas cosas poseídas. Tú eres el sujeto poseedor. Tu cuerpo es algo que Tú posees. Tus ideas, tus cualidades, tus sentimientos... son algo que tienes o puedes dejar de tener. Eso quiere decir que el poseedor es antes y aparte de todo lo poseído. El poseedor es un ser independiente de lo poseído. El poseedor no cambia. Cambian sus posesiones. Pero él es siempre el mismo. Mientras lo poseído está en constante cambio, el poseedor es el que ve y observa todo lo que va cambiando.


Tú eres la conciencia luminosa que Ve y observa.

Para llegar a tener la intuición clara y evidente de que eres ESO, esa luz conciente y amorosa, has de desidentificarte de lo que no eres, es decir, de tu cuerpo, de tus pensamientos, de tus cualidades y cosas. Cuando quites lo que no eres, quedará lo que eres.

Es tan fuerte y profunda la creencia de que somos nuestro cuerpo con nuestras ideas, que resulta muy difícil convencernos de lo contrario. Pero esta convicción puede llegar a través de una observación sincera y profunda. Nunca quedándonos con las creencias superficiales que siempre hemos tenido.

Tu nombre es una palabra. Tus ideas son contenidos de la mente. Tu cuerpo está en constante cambio mientras tú permaneces el mismo.

Repítete constantemente la pregunta ¿quién soy? ¿quién es el que come, quién el que camina, el que ama, el que piensa, el que trabaja...? Esa pregunta debe estar siempre resonando en ti. Ese es el método simple, sencillo pero práctico. Pregúntate siempre ¿quién soy?

Un día aparecerá la luz, aparecerás tú que eres luz y desaparecerán las tinieblas de lo que no eres. Te darás cuenta de que eres el testigo de todo cuanto ocurre en ti, de todo lo que haces y percibes. El testigo permanente, inalterable, divino, eterno.


Darío Lostado
(Hacia la verdad de ti mismo)

viernes, 26 de marzo de 2010

ESTA ENTREVISTA FUE REALIZADA POR GASPAR HERNÁNDEZ EL 22 DE JULIO DE 2009.

ENTREVISTA EN EL PERIÓDICO DE CATALUÑA.

Darío Lostado: «Si mañana llega la muerte, la recibiré con alegría»

Este teólogo y psicólogo afirma que no somos nuestro cuerpo ni nuestros pensamientos, sino energía, inteligencia y amor.

Darío Lostado. Foto: ANNA MAS
Darío Lostado. Foto: ANNA MAS
GASPAR HERNÀNDEZ

--¿Qué somos?
--Inteligencia y amor puros. Yo he logrado pasar del yo personal al yo profundo, al ser que somos en esencia.

--¿Cómo ha llegado a él?
--Con el silencio. Meditando. Silenciando la mente. Al silenciar la mente, te quedas frente a ti mismo. Frente a ese ser que no tiene forma, ni espacio ni tiempo. Es el único ser real.

--¿Y la realidad que nos rodea?
--¡No existe físicamente ni según los físicos! Con nosotros pasa lo mismo: lo real de nosotros es lo que no se ve.

-¿Y el ser que creemos que somos?
--Tan solo es una idea que tenemos. Y las ideas se evaporan. La única realidad tuya no tiene nada que ver con lo material. Es algo extratemporal, extraespacial y extramaterial.

--Por tanto, no teme a la muerte.
--No la temo. No quiero morir, pero si mañana llega la muerte, la recibiré con alegría. De verdad. En contra de lo que sentía cuando tenía fe religiosa. El infierno me atemorizaba.

--Que ahora no existe.
--No hay nada fuera del ser absoluto. Y el ser absoluto es gozo.

--¿Es usted feliz?
--Totalmente, excepto en cuanto pierdo la conciencia de mí, de lo que realmente soy. Somos tontos o estúpidos al perder la conciencia.

--¿Cuándo cambió su vida?
--A los 48 años. Conocí a Antoni Blay Fontcuberta, mi maestro y amigo. Me dio la vuelta. Me dijo: «¿No te das cuenta de que tú enseñas a dominar la mente, pero lo que importa es dominar al dueño de la mente?»

--¿Y qué hizo?
--Le di vueltas, dejé de ganar mucho dinero, porque tenía muchos alumnos. Me dije: ‘Date los cursos a ti’.

--¿Qué es la alegría de ser uno?
--El gozo de sentir que tú eres mucho más de ese ser que crees ser. Yo no soy lo que creo ser, sino mucho más.

--Pero vivimos con tristeza y preocupación.
--Por ignorancia. Se trata de pasar del yo mental al yo profundo.

-¿Qué es el verdadero yo profundo?
--No se puede expresar en palabras. Solo lo podemos sentir. Sentir ese yo es lo que te da la felicidad. Solo puedo expresar lo que no soy: no soy ni mi cuerpo, ni mis pensamientos, ni mis emociones.

--¿Qué soy?
--Lo que queda. Lo que hace que tú vivas. Se llega ahí por libros que has leído y, sobre todo, meditando.

--Dice usted: «Sé tú mismo. No seas un conjunto de espejos que reflejan lo que los demás quieren de ti».
--Nos movemos demasiado por el juicio de los demás. Estamos hipnotizados por el condicionamiento social. No pensamos por nosotros mismos, sino por lo que la sociedad nos ha metido en la cabeza.

--¿Y usted?
--A mí me trataron de hereje, de apóstata, y de todo. Porque me di cuenta de que casi todo lo que me habían enseñado sobre Dios era falso. Porque Dios es el innombrable, de él no se puede decir nada; está fuera de nuestros parámetros, más allá del espacio y del tiempo. A Dios solo lo podemos sentir.

--¿Y cómo reaccionaba usted ante las críticas?
--No rebajándome al nivel del que las hacía. Las críticas solo son pensamientos de los demás. Yo no puedo estar pendiente de un pensamiento que tenga otro. Ni me defiendo.

--¿Somos libres?
--Tenemos libre albedrío, pero no somos libres.

--¿Por qué?
--Por los condicionamientos físicos, morales y religiosos. Y por nuestros hábitos y miedos. ¿De quién son los miedos? Del ego. Yo tenía miedo cuando vivía desde mi ego.

--¿Y el miedo a no tener dinero?
--Si no tengo el dinero, yo sé que me vendrá. Porque tengo fe verdadera en que hay unas fuerzas del universo que me darán lo que yo necesite. Llamémosle fe en la providencia.

--¿Le ha funcionado en la vida?
--Totalmente. Si le contara, quedaría usted patidifuso. Cuando yo me di cuenta de que cuando la gente ama al dinero se apega a él, y eso supone una esclavitud tremenda, me dije: ‘Se acabó. No quiero ganar más dinero’. Y pedí a la vida, al ser infinito: ‘No quiero tener más dinero, pero quiero que no me falte lo necesario para vivir dignamente’. Se me fueron todos mis ahorros, y me vino todo lo necesario para vivir. Y eso que mis conferencias son gratuitas.

--La ley de la atracción.
--No está mal. Es demasiado americana, pero tiene un fondo de verdad.

--¿Pide y se te dará?
--Ese fue un consejo que dio el maestro hace 2.000 años para los poco desarrollados. Dijo: «¿Por qué os preocupáis, si vuestro padre os dará lo que necesitáis? Confiad».