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jueves, 2 de diciembre de 2010

¿ESTÁS TRISTE?



Photo by Guillem.

¿Estás triste?, ¿estás deprimido por algún motivo? Tanto tu tristeza como el motivo que la provoca es irreal, no tienen fuerza en sí mismo.

Por tanto no te inquietes ni intentes consolarte con ideas optimistas o reconfortantes. Mira tu tristeza, mira tu depresión y date cuenta que es una simple nube oscura que atraviesa el cielo de tu alma. Podrá ser más o menos duradera, pero pasará. Tú eres el sol detrás de la nube.

No disimules ni te ocultes tu tristeza. Reconócela y acéptala, pero date cuenta que es pasajera y detrás de ella está la luz y la paz.

Cualquier problema humano contemplado como lo que es como un sueño transitorio y efímero, pierde toda su carga de dolor y sufrimiento.


Darío Lostado
(Mensajes De Verdad)



miércoles, 28 de abril de 2010

¡ ALÉGRATE!


TIENES UN GRAN MOTIVO

Te encontré una tarde cualquiera. Estabas triste.
Te pregunté: ¿Por qué estas triste? ¿Por qué tus gestos, tus facciones, tus sentimientos, tus palabras son tristes?

¿Es que acaso crees, me contestaste, que puedo estar de otra manera? La vida es dura y difícil. La gente es egoísta, cruel, mala. Cada uno solamente va a lo suyo y piensa sólo en sí mismo. Uno se lleva cada día nuevas frustraciones. Estoy desilusionado.

Ya, fue mi única respuesta.
No quise afirmar ni negar nada de lo que decías porque a un corazón cerrado no se le puede razonar ni hacer ver nada claro.

Pasaron unas semanas. Te encontré de nuevo. Estabas alegre, eufórico.
¿Por qué estás tan alegre? te pregunté.
Y me contaste que en el trabajo te habían ascendido de puesto y te habían subido el sueldo.
Reconocí que tenías un pequeño motivo para estar contento. Pero tu cambio había sido demasiado radical por tan pequeña cosa.
Reprimiendo muy conscientemente el impulso automático reactivo de felicitarte, me callé.
No podía felicitar tu inconsciencia, ni tu injusticia con la Vida. Un simple reconocimiento externo de un jefe de trabajo y un aumento, más simbólico que efectivo en tu sueldo, hicieron en ti lo que la Vida con todos sus infinitos regalos de cada día no había logrado conseguir. ¡Qué pena!
¿Quién estaba fallando, la Vida o tú?
La Vida nos regala innumerables dones externos cada instante. Nos de la luz del día, los pocos o muchos bienes que tenemos en casa. Nos de el aire que respiramos, el sol que nos calienta, los amigos y familiares que nos acompañan, la energía del cuerpo y de la mente...

Tú que estás leyendo puedes pensar quizás, que nada de esto tienes o es insuficiente. Quizás no lo tengas en el grado que quisieras tenerlo. Pero lo más importante es que no sabes verlo y disfrutarlo.
Pero sea como sea, te diré algo importante. Por más que tengas todos los dones que La Vida nos da en abundancia, nada de ello por bueno y agradable que sea puede ser la causa de nuestra verdadera alegría.
La causa de tu verdadera alegría será algo que nunca te pueda fallar, que siempre puedas tener, que nadie te puede quitar, algo que está en ti y no depende de los demás.
La vida, la familia, la salud, los amigos, las comodidades... son buenas y agradables. Pero todo eso es transitorio e inestable.
Es necesario que la causa de nuestra verdadera alegría sea algo permanente, fijo, estable, seguro.
La verdadera causa de nuestra constante alegría sólo puede basarse en vivir conscientemente desde la realidad fecunda, desde la plenitud de gozo y amor que tú y todos somos. Podemos y debemos estar alegres por lo que somos. No por lo que tenemos.

¡Ah! me dijiste, eso no es posible.Eso nadie lo hace. Es muy difícil. Nadie lo consigue.

Te interrumpí y corté tus palabras. Eres injusto, te dije, con La Vida y ahora también eres injusto con la gente. No juzgues a los demás. Porque ciertamente hay personas que eso lo viven cada día. No extiendas tu inconsciencia y tu cobardía a los demás. Hay muchas personas que han decidido vivir por lo que ellos son y no por lo que tienen o por lo que les ocurre en la vida. Tienen conciencia clara de sí mismos y gozan de ser y vivir lo que son.
La verdadera alegría está siempre o casi siempre en proporción directa con la lucidez de conciencia.
Cuanto más amplia y lúcida es nuestra conciencia sobre nosotros mismos, más profunda, verdadera y duradera es nuestra alegría.
Vivimos casi siempre a impulsos de estímulos externos y bailamos al son que nos tocan. Si nos tocan una melodía agradable, con una alabanza, con un aprecio, un reconocimiento... nos sentimos felices. Pero basta que una simple palabra,, una simple noticia, un reproche, un desagradable comentario llegue a nuestros oídos para que caigamos de la euforia en una profunda tristeza.
Nuestro estado de ánimo es tan variable porque la causa y la base en la que se sustenta es inestable, cambiante y sin consistencia.
Nuestro ánimo está casi siempre a merced de lo de fuera. Nuestra alegría es tan inestable como los estímulos que la provocan.
¿Por qué esperar a que ciertas cosas nos vayan bien para estar alegres?
Hay algo que siempre está bien, está perfecto, completo.
Hay algo que siempre es y está como tiene que ser y estar.
Ese algo es nuestra verdadera realidad, lo que somos en lo más profundo de nosotros mismos. ¿Por qué no alegrarte por ello?

Me dirás como siempre que eso es difícil de conseguir, que son pocos los que viven así... etc...
Pero si tú no lo vives, es porque no te has propuesto hacerlo.
Basta que mires con atención una y otra vez y sentirás tu verdadera naturaleza consciente y amorosa que está palpitando dentro de ti, de mi, de cada uno.
Esto no sería cierto si la causa de nuestra alegría estuviera fuera de nosotros. Pero no es así. Está dentro. No fuera.
Ver, sentir y vivir desde ti mismo, sólo depende de ti.
Tú puedes sentir y vivir esa inmensa y gozosa realidad. Vívela. Siéntela. Entra dentro de ti mismo. Es más útil y provechoso que vivir derramado hacia fuera, hacia las cosas.
En ti está la única alegría verdadera y permanente.
No puede ser de otra manera porque es la misma naturaleza de Dios.

¿Por qué estás triste?
La felicidad que necesitas y buscas ya está en ti. ¿Para qué buscarla en otra parte?

Alégrate, hombre, alégrate. Tienes un gran motivo para éllo.


Darío Lostado
(Vivir Como Persona)


viernes, 2 de abril de 2010


LA CAUSA DE TU INFELICIDAD

Si te sientes lleno de tristeza, si te sientes embargado por la desgracia y la infelicidad, si no sabes adonde ir, qué hacer, si no encuentras sentido a esta vida que vives, si tienes inquietudes pero no acabas de entender por qué, si quieres encontrar luz en tu vida, te propongo que te serenes un momento y pienses con calma lo que te voy a decir.


La causa de tu infelicidad, de tus dudas y tu confusión no son las circunstancias en que vives ni el mundo que te rodea, ni siquiera las personas que te molestan y te hacen daño.

La causa única de tu infelicidad está en ti.

La causa de tu infelicidad es el error que tienes acerca de ti.

La causa de tu infelicidad es tu "ego". Tu falsa idea de ti.

Mientras creas que eres ese ego o falsa idea de ti, mientras no busques y encuentres la Verdad de ti, en ti mismo, todo cuanto vivas y ocurra cerca de ti será ocasión de desdicha e intranquilidad.

¿Qué debes hacer? Descubrir la Verdad de ti en ti, eliminando toda esa telaraña de errores y falsedades sobre ti.

La Verdad siempre está y ha estado ahí, en ti.


Darío Lostado (Hacia la Verdad de Ti Mismo)

viernes, 26 de marzo de 2010

ESTA ENTREVISTA FUE REALIZADA POR GASPAR HERNÁNDEZ EL 22 DE JULIO DE 2009.

ENTREVISTA EN EL PERIÓDICO DE CATALUÑA.

Darío Lostado: «Si mañana llega la muerte, la recibiré con alegría»

Este teólogo y psicólogo afirma que no somos nuestro cuerpo ni nuestros pensamientos, sino energía, inteligencia y amor.

Darío Lostado. Foto: ANNA MAS
Darío Lostado. Foto: ANNA MAS
GASPAR HERNÀNDEZ

--¿Qué somos?
--Inteligencia y amor puros. Yo he logrado pasar del yo personal al yo profundo, al ser que somos en esencia.

--¿Cómo ha llegado a él?
--Con el silencio. Meditando. Silenciando la mente. Al silenciar la mente, te quedas frente a ti mismo. Frente a ese ser que no tiene forma, ni espacio ni tiempo. Es el único ser real.

--¿Y la realidad que nos rodea?
--¡No existe físicamente ni según los físicos! Con nosotros pasa lo mismo: lo real de nosotros es lo que no se ve.

-¿Y el ser que creemos que somos?
--Tan solo es una idea que tenemos. Y las ideas se evaporan. La única realidad tuya no tiene nada que ver con lo material. Es algo extratemporal, extraespacial y extramaterial.

--Por tanto, no teme a la muerte.
--No la temo. No quiero morir, pero si mañana llega la muerte, la recibiré con alegría. De verdad. En contra de lo que sentía cuando tenía fe religiosa. El infierno me atemorizaba.

--Que ahora no existe.
--No hay nada fuera del ser absoluto. Y el ser absoluto es gozo.

--¿Es usted feliz?
--Totalmente, excepto en cuanto pierdo la conciencia de mí, de lo que realmente soy. Somos tontos o estúpidos al perder la conciencia.

--¿Cuándo cambió su vida?
--A los 48 años. Conocí a Antoni Blay Fontcuberta, mi maestro y amigo. Me dio la vuelta. Me dijo: «¿No te das cuenta de que tú enseñas a dominar la mente, pero lo que importa es dominar al dueño de la mente?»

--¿Y qué hizo?
--Le di vueltas, dejé de ganar mucho dinero, porque tenía muchos alumnos. Me dije: ‘Date los cursos a ti’.

--¿Qué es la alegría de ser uno?
--El gozo de sentir que tú eres mucho más de ese ser que crees ser. Yo no soy lo que creo ser, sino mucho más.

--Pero vivimos con tristeza y preocupación.
--Por ignorancia. Se trata de pasar del yo mental al yo profundo.

-¿Qué es el verdadero yo profundo?
--No se puede expresar en palabras. Solo lo podemos sentir. Sentir ese yo es lo que te da la felicidad. Solo puedo expresar lo que no soy: no soy ni mi cuerpo, ni mis pensamientos, ni mis emociones.

--¿Qué soy?
--Lo que queda. Lo que hace que tú vivas. Se llega ahí por libros que has leído y, sobre todo, meditando.

--Dice usted: «Sé tú mismo. No seas un conjunto de espejos que reflejan lo que los demás quieren de ti».
--Nos movemos demasiado por el juicio de los demás. Estamos hipnotizados por el condicionamiento social. No pensamos por nosotros mismos, sino por lo que la sociedad nos ha metido en la cabeza.

--¿Y usted?
--A mí me trataron de hereje, de apóstata, y de todo. Porque me di cuenta de que casi todo lo que me habían enseñado sobre Dios era falso. Porque Dios es el innombrable, de él no se puede decir nada; está fuera de nuestros parámetros, más allá del espacio y del tiempo. A Dios solo lo podemos sentir.

--¿Y cómo reaccionaba usted ante las críticas?
--No rebajándome al nivel del que las hacía. Las críticas solo son pensamientos de los demás. Yo no puedo estar pendiente de un pensamiento que tenga otro. Ni me defiendo.

--¿Somos libres?
--Tenemos libre albedrío, pero no somos libres.

--¿Por qué?
--Por los condicionamientos físicos, morales y religiosos. Y por nuestros hábitos y miedos. ¿De quién son los miedos? Del ego. Yo tenía miedo cuando vivía desde mi ego.

--¿Y el miedo a no tener dinero?
--Si no tengo el dinero, yo sé que me vendrá. Porque tengo fe verdadera en que hay unas fuerzas del universo que me darán lo que yo necesite. Llamémosle fe en la providencia.

--¿Le ha funcionado en la vida?
--Totalmente. Si le contara, quedaría usted patidifuso. Cuando yo me di cuenta de que cuando la gente ama al dinero se apega a él, y eso supone una esclavitud tremenda, me dije: ‘Se acabó. No quiero ganar más dinero’. Y pedí a la vida, al ser infinito: ‘No quiero tener más dinero, pero quiero que no me falte lo necesario para vivir dignamente’. Se me fueron todos mis ahorros, y me vino todo lo necesario para vivir. Y eso que mis conferencias son gratuitas.

--La ley de la atracción.
--No está mal. Es demasiado americana, pero tiene un fondo de verdad.

--¿Pide y se te dará?
--Ese fue un consejo que dio el maestro hace 2.000 años para los poco desarrollados. Dijo: «¿Por qué os preocupáis, si vuestro padre os dará lo que necesitáis? Confiad».