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domingo, 25 de agosto de 2013

¿MALA SUERTE? ¿BUENA SUERTE? ¿QUIÉN SABE?


Se cuenta que un labriego chino tenía un caballo.
Con él hacía todas las labores del campo.
Un día el caballo se escapó por las montanas.
Sus amigos se lamentaban ante el labriego: ¡Qué mala suerte!
Pero él respondía: ¿Mala suerte? ¿Buena suerte? ¿Quién sabe?
Un buen día el caballo volvió a casa trayendo tras sí otros caballos salvajes.
La gente decía: ¡Qué suerte!
Y el labriego: ¿Buena suerte? ¿Mala suerte? ¿Quién sabe?
Estaba un día el hijo del labriego domando uno de los caballos salvajes y éste lo tiró y el muchacho se rompió una pierna.
La gente decía: ¡Qué mala suerte!
Y el labriego: ¿mala suerte? ¿Buena suerte? ¿Quién sabe?
Por aquellos días llegaron al pueblo empleados del gobierno para alistar en el ejército todos los jóvenes capaces y hábiles.
El hijo del labriego por tener la pierna rota, quedó excluido, y pudo seguir ayudando a su anciano padre.
¿Buena suerte? ¿Mala suerte? ¿Quién sabe?


Acostumbramos a juzgar las cosas como buenas y malas, demasiado ligeramente. La Vida es la que hace las cosas bien, cuando nosotros hacemos lo que tenemos que hacer. Nada es buena ni mala suerte. Es un mal modo de hablar y un mal modo de pensar. Lo que La Vida da y hace es lo mejor aunque no lo comprendamos.
Cuando nosotros hacemos lo que no debemos hacer o no hacemos lo que tenemos que hacer, es cuando las cosas salen mal. Cuando es La Vida la que escribe nuestra vida, la escritura es perfecta.


Darío Lostado
(Vivir Como Persona)



sábado, 20 de octubre de 2012

CREE EN TI


Había fracasado en el ingreso a la Universidad
Su padre le reprochaba constantemente sus fracasos. Lo comparaba con su hermano mayor, con sus compañeros de estudios.
Era un muchacho lleno de vida, pero decaído, desilusionado. Me preguntó si yo creía que todavía podía hacer algo en la vida, si podría ser como los demás, si su padre podría llegar a creer todavía en él.
Yo le dijo que su padre creería en él cuando él creyera de verdad en sí mismo. Le dije:

Puedes no creer en tus palabras
Puedes no creer en tus acciones y conducta
Puedes no creer en tus pensamientos
Puedes no creer en tus sentimientos
Puedes no creer en tus promesas
Puedes no creer en tus conocimientos
Puedes no creer en tus cualidades físicas y morales
Puedes no creer en tus propósitos


Pero sí puedes y debes creer en Ti.
Porque tu no eres ni tus palabras, ni tus acciones, ni tus pensamientos, ni tus sentimientos, ni tus promesas, ni tus conocimientos, ni tus cualidades, ni tus propósitos.
Tú eres mucho más que todo éso. Tú eres la fuente de donde surge todo lo que haces, sientes y piensas.
Cree en tí porque tú eres una energía, inteligencia y amor que están palpitando y queriendo expresarse y manifestarse a través de todo tu vivir.
Nadie puede creer más en ti que tú mismo.


Darío Lostado
(Vivir Como Persona)



miércoles, 1 de junio de 2011

UN MÉTODO FÁCIL


¿Qué eres? le pregunté.
¿Qué voy a ser? me dijo. Es evidente lo que soy.
Dime, por favor, le dije, ¿qué eres sin referirte a tu nombre, a tu cuerpo, a tu familia, a tus cualidades...?
El me miró, quedó pensativo y me dijo: Me estás quitando todo.
No te quito nada, le dije. Nada de eso que te he nombrado eres tú. Fíjate que cuando hablas dices: mi cuerpo, mis pensamientos, mis cualidades... Quiere decir que existe un poseedor y unas cosas poseídas. Tú eres el sujeto poseedor. Tu cuerpo es algo que Tú posees. Tus ideas, tus cualidades, tus sentimientos... son algo que tienes o puedes dejar de tener. Eso quiere decir que el poseedor es antes y aparte de todo lo poseído. El poseedor es un ser independiente de lo poseído. El poseedor no cambia. Cambian sus posesiones. Pero él es siempre el mismo. Mientras lo poseído está en constante cambio, el poseedor es el que ve y observa todo lo que va cambiando.
Tú edres la conciencia luminosa que Ve y observa. Para llegar a tener la intuición clara y evidente de que eres ESO, esa luz conciente y amorosa, has de desidentificarte de lo que no eres, es decir, de tu cuerpo, de tus pensamientos, de tus cualidades y cosas. Cuando quites lo que no eres, quedará lo que res.

Photo by Guillem.


Es tan fuerte y profundo la creencia de que somos nuestro cuerpo con nuestras ideas, que resulta muy difícil convencernos de lo contrario. Pero esta convicción puede llegar a través de una observación sincera y profunda. Nunca quedándonos con las creencias superficiales que siempre hemos tenido.
Tu nombre es una palabra. Tus ideas son contenidos de la mente. Tu cuerpo está en constante cambio mientras tú permaneces el mismo.
Repítete constantemente la pregunta ¿quién soy? ¿quién es el que come, quién el que camina, el que ama, el que piensa, el que trabaja...? Esa pregunta debe estar siempre resonando en ti. Ese es el método simple, sencillo pero práctico. Pregúntate siempre ¿quién soy?
Un día aparecerá la luz, aparecerás tú que eres luz y desaparecerán las tinieblas de lo que no eres. Te darás cuanta de que eres el testigo de todo cuanto ocurre en ti, de todo lo que haces y percibes. El testigo permanente, inalterable, divino, eterno.


Darío Lostado
(Hacia La Verdad De Ti Mismo)


jueves, 23 de septiembre de 2010

LA CIENCIA DEL "SE DICE..."



Sé sincero contigo mismo.
Observa tus pensamientos, observa tus juicios, observa incluso tus gustos. Verás que nada es tuyo.
Si quitas de tí, de tu mente, todo lo que "te han dicho", lo que "te han enseñado", todo lo que te han dicho que debes creer, pensar, preferir, hacer, sentir...
Si quitas todo aquello que piensas y sientes "porque te lo han metido en tu cabeza" y en "tu mente", ¡qué te queda?
Sé sincero contigo mismo. Mira cuántas ideas, pensamientos, convicciones hay en tí que sean fruto de tu visión propia, de tu percepción personal, de tu propia intuición.
Verás que casi todo lo que piensas, lo que sientes, lo que prefieres y deseas te ha sido impuesto de una manera o de otra, en un momento u otro de tu vida. Casi nada es tuyo. Casi nada ha sido adquirido por tu propia elección libre y espontáneamente por ti.
Lo más grave de todo es que entre todas esas ideas que nos han sido impuestas hay una que hemos llegado a adoptar que es la más importante de nuestra vida y es la idea acerca de nosotros mismos.
Desde niños nos han dicho nuestros padres y educadores: tú eres malo, no sirves para nada, eres tonto, eres un inútil... Y aquello que nos dijeron nuestros padres y educadores quedó en nosotros grabado como un dogma, como una verdad irrefutable, como algo indiscutible y taxativamente cierto. Nosotros pensábamos entonces: yo sólo valgo si soy muy obediente y me someto a todo lo que quieren de mí. Es decir, yo sólo valgo por lo bueno que hago, pero no valgo nada por mí mismo. Yo soy poca cosa. Lo único que tiene importancia es lo que piensen los demás de mí.
Así fuimos creciendo con el concepto de que la valoración de nosotros mismos no se fundamentaba en nuestro propio ser y naturaleza sino en la idea que los demás y nosotros teníamos acerca de nosotros mismos.

Lo mismo ha ido ocurriendo cuando hemos sido mayores. Hemos aceptado ciertos postulados, ciertos principios, ciertas frases, ciertas ideas porque todo el mundo las admite o por la autoridad de alguna persona importante o de cierta autoridad ante nosotros.
Nos hemos ido alimentando de la ciencia del "se dice", olvidando o despreciando la sabiduría del "yo veo", "yo intuyo", "yo sé", " mi voz interior me dice"...
Esa voz interior es más valiosa que todos los "se dice" juntos. Es necesario ver, mirar, juzgar, sentir, opinar, pensar y saber por nosotros mismos.
Las opiniones y pensamientos de los demás pueden ser muy valiosos para ellos si realmente son de ellos. Y para mí serán valiosos cuando yo los vea, los sienta, cuando sean realmente míos.
Solemos vivir de prestado.
Vivimos con ideas ajenas, heredadas, prestadas.
Vivimos como los niños que no saben andar sin andaderas, apoyándonos permanentemente en ideas, opiniones gustos, pareceres o juicios de otros.
Vivimos de estereotipos siempre repitiendo las mismas cancioncitas. Repetimos frases o pensamientos de personajes famosos o no tan famosos y los damos sin más como válidos.
Vivimos alienados como si fuéramos incapaces de pensar, hablar, juzgar, sentir, ver y vivir por nosotros mismos.
Necesitamos urgentemente una revisión y saber qué es lo que nuestra voz interior nos dice. Es la auténtica autoridad para nosotros.
Observa tu modo de pensar y hablar. Observa cómo te atas a giros y vocablos. Observa cómo te esfuerzas en convencer a otros de ciertos sinsentidos que mantienes por costumbre, por autoridad ajena, por interés o por miedo a quedarte fuera del rebaño de quienes piensan así. Observa tus frases y palabras estereotipadas, rutinariamente repetidas, ciegamente aprendidas en algún librito o de algún maestrito... Oye y ve que tu voz es un simple eco de voces y palabras de otros. ¿Qué encuentras en ti verdaderamente tuyo?
De todo lo que crees, piensas, opinas, hablas... ¿qué hay que sea verdaderamente tuyo? ¿qué hay en todo ello que sea fruto de tu visión personal, de tu visión directa y convicción interior?
Sientes temor por las amenazas que has recibido desde tu niñez de que debes ser dócil y debes aceptar lo que te dicen y enseñan otros que tienen autoridad.
Es cierto que el conocimiento intelectual, científico y experimental de algunas personas es mayor que el tuyo y merece todo respeto. Pero en lo que respecta a la sabiduría, al sentido de tu vida, al formarte opinión de las cosas y de los acontecimientos, tú tienes tanta capacidad como los demás para mirar, ver y sentir por tí mismo. Lo que necesitas realmente es aprender a ver por ti mismo y a oír tu voz interior.
Tu voz interior no es lo que dice tu mente. La mente únicamente repite lo que ve y oye de fuera.
Tu voz interior no es inferior a la de ninguna otra persona por encumbrada que ella esté en algún puesto de autoridad.
El que ES La Inteligencia y La Verdad te dotó a ti como a todos los demás seres humanos de la misma capacidad de Ver y conocer la Verdad de la Sabiduría. ¿Por qué confías más en lo que otros te dicen que en lo que te dice el Creador que te dio la inteligencia que eres?
Cuando dejes de pensar con y por los condicionamientos y contenidos mentales que has recibido de fuera y mires y veas por ti mismo, por lo que tú eres como inteligencia interna, entonces podrás sentirte tú, y verás y sentirás que dentro de ti está la Verdad.
Muchas personas mantienen ciertas creencias por intereses de conveniencia, por tradiciones familiares, por motivos autoritarios o sociales. En tales casos es imposible llegar a conocer y saborear La Verdad.

Libérate de todos los motivos "interesados" por los que piensas y crees esto o aquello. Libérate del miedo a quedarte solo con "tus" creencias propias y auténticas. Libérate de la necesidad y obligación que has sentido siempre desde tu niñez de pensar y creer de una determinada manera... y empezarás a sentir y gozar el aire fresco y puro de la libertad a la que fuiste destinado por el Creador que sabe muy bien lo que hace y te hizo consciente, inteligente y libre.
Mi voz me dice que no debes aceptar nada de lo que te digo, si tú no lo ves. Como tampoco debes aceptar lo que otros te han dicho si no lo ves por ti mismo.
Mi voz me dice que sólo debes aceptar lo que tu voz te dice. Pero solamente oirás lo que tu voz te dice, cuando tu mente esté libre de condicionamientos previos mentales y cuando tu corazón está limpio de intereses y conveniencias personales y de absurdos temores infantiles esclavizantes.
No creas en mí. Cree en ti.
No me creas a mí. Créete a ti.
No creas en mi voz. Cree en tu voz.
Cuando oigas lo que mi voz me dice, escucha tu propia voz. Tu voz y la mía son la misma voz. Lo que tu voz te diga será lo válido, cierto y verdadero. Digo "lo que tu voz te diga". No lo que digan las ideas que tienes ahora enmarañando tu mente. Digo "lo que tu voz interior te diga" cuando hayas logrado deshacerte de las ideas enraizadas en tu mente y los sutiles y ocultos motivos interesados de tu voluntad y tu ego.
Mi voz no te propone ni impone doctrina o ideología alguna. Mi voz me dice y te dice que vacíes tu mente de contenidos condicionantes para que quedes limpio y seas libre para ver con ojos puros e inocentes, pienses con mente descondicionada y sientas y vivas la verdadera y auténtida libertad interior.


Darío Lostado
(...Pero Mi Voz Me Dice...)



jueves, 3 de junio de 2010

CREENCIAS


La mayor parte de las personas tienen creencias acerca de todo. Creencias sobre sí mismos, creencias sobre los demás, sobre la sociedad, creencias sobre Dios, sobre política, sobre muchas cosas. Creen y piensan por lo que les han dicho y enseñado.


Pero mi voz me dice:

¿Por qué no sometes a juicio tus creencias? ¿Te has preguntado alguna vez en qué se apoyan esas creencias? ¿Eres tú, acaso, incapaz de llegar a conocer dónde está la verdad y dónde el error? ¿Acaso los otros que te han dicho y ensañado ciertas cosas tienen capacidad para saberlas y tu no?
Lo que piensas y crees ahora sobre ti mismo, sobre los demás sobre Dios, sobre el mundo ¿lo crees y lo piensas porque tú lo VES, lo conoces y lo comprendes o porque te han dicho, enseñado e influido para que lo pienses y creas así?
¿Por qué no revisas una por una todas tus creencias?
¿por qué tienes miedo de pensar por ti mismo? ¿Tienes miedo, acaso, de no sentirte apoyado por lo que piensan y creen los otros?
¿Acaso piensas que lo que creen muchos "ciegamente" por se ellos muchos, es garantía de verdad?
¿Crees que un error porque lo mantengan muchos se convierte en verdad?
La verdad no está en lo que creen y piensan lo que tienen algún interés determinado en mantener ciertas posturas de creencias sino que la verdad
ES y lo que ES se ve y se conoce cuando se mira con mirada desinteresada e inocente.
¿Por qué no recorres y examinas cada una de tus creencias y te preguntas el por qué de tu aceptación?


Darío Lostado
(Pero Mi Voz Me Dice)