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lunes, 21 de mayo de 2012

FE CONDICIONAL

Siempre me han sorprendido algunos creyentes que toman su fe como un negocio.

Pareciera que piensan: Yo creo en Dios, lo adoro y lo amo para que me consigo lo que quiero.


Si su Dios no les satisface sus deseos o caprichos, maldicen de su fe y su amor. Y piensan que creer o no creer es lo mismo.

Claro. Confunden sus creencias con la fe vivencial, firma y personal de que el Dios verdadero está por encima de nuestras ruindades caprichosas, como nuestra adhesión a El también lo debe estar sobre nuestros intereses personales egoístas.

No sirve el te doy si me das. El amor verdadero no es utilitarista.


Darío Lostado
(Mensajes De Alegría)

miércoles, 16 de mayo de 2012

¿POR QUÉ HAY GUERRAS?

Las guerras absurdas han aniquilado pueblos, razas, familias e individuos.
Las guerras suelen ser declaradas, por regla general, por personajes ambiciosos y orgullosos en extremo.
Las pequeñas guerras entre familias e individuos tienen un origen parecido y unas causas semejantes: la ambición, el egoísmo, el orgullo, la intransigencia y la incomprensión.
Ante estos hechos uno se pregunta ¿cómo es posible que siendo el ser interno de cada persona una energía amorosa e inteligente, se produzcan tales hechos de egoísmo, ignorancia, desamor y vandalismo?
Todos los seres humanos somos UNO en La Realidad profunda y básica.
Pero entre el yo central de cada persona y el cuerpo existe una estructura ideal o conceptual por la que nos distinguimos unos de otros. Esta estructura no tiene realidad. Sólo es una idea que cada uno tenemos de nosotros y de todos los demás. A causa de esta idea de individualidad nos vamos formando la idea "yo no soy el otro".
No sólo eso. Solemos formarnos la idea de que todo aquello que no favorece a mi "ego" individual o lo que es lo mismo a esa idea que tengo de mí, es malo y he de evitarlo a costa de cualquier cosa, Así ocurre en la vida diaria: todos aquellos que no favorecen mis gustos y ambiciones, son mis enemigos y rivales. Desde ese momento estoy declarando la guerra a todos aquellos que considero obstáculos y opositores a mis deseos y ambiciones.
Desde entonces de una u otra manera tratamos de eliminar a nuestros enemigos física, moral, social o psicológicamente.
Es conveniente que veamos que hay que desenmascarar al causante directo de todos nuestros rencores, malestares, resentimientos, rivalidades, odios, enfrentamientos, desamores y toda clase de tensiones con los que nos rodean. Y ese causante es el "ego" o idea que tenemos de nosotros mismos y que busca siempre y en todo, satisfacer su ambición, su vanidad y su estupidez egolátrica.
Este ego existe y pervive en cada ser humano aunque se influencia e intervención en la vida sea muy diversa en cada uno según el grado de desarrollo y evolución de las personas.
 El ego es en principio individual. Pero suele disfrazarse de religiosidad, patriotismo, altruismo, racismo, etc.
Esos egos individuales o colectivos, personajillos engreídos y ambiciosos ven y se crean enemigos por todas partes. Ahí surgen los conflictos y las guerras, la destrucción y la muerte.
Como vemos, el desamor, la guerra y la muerte no surgen de nosotros, sino de algo que se forma en nosotros y que no es sino una estructura mental, una idea falsa de nosotros mismos, que sustituye y suplenta a nuestra verdadera realidad, a nuestro verdadero "yo"
No es nuestra verdadera realidad la que se enfrenta, se enoja, se pelea y se enemista.No.
Nuestro verdadero ser es inteligente y amoroso.


Nuestro raquítico y ambicioso ego es ignorante y engreído.
Aquilatando un poco más, debemos decir que no es la existencia del ego en sí misma la causante de nuestros males sino nuestra inconsciencia y que permite que el ego tome las riendas de su vida.
Pero debemos y podemos impedir que tome el lugar y la relevancia que no le corresponde.
Cuando nuestra vida es dirigida y gobernada por las tendencias y exigencias ambicionas e individualistas del ego empezamos a enemistarnos y separarnos de los demás.
El mal, por tanto, reside en la ignorancia, en la inconsciencia de lo que somos realmente y en vivir defendiendo algo que no es sino una sombre, una idea raquítica de nosotros mismos.
Si somos conscientes de que existe en nosotros esa idea ese yo inferior que quiere entronizarse en nuestra vida, podremos impedirlo y colocarlo en el lugar que le corresponde.
Nuestra vida debería ser un fluir espontáneo y natural del amor que somos en el centro y esencia de nosotros mismos. Pero se interpone el interés pequeño y egocéntrico de nuestro ego individual y lo que debería ser amor generoso se convierte en desamor egoísta.
Conocernos a fondo implica conocer lo que somos y lo que aparece en nosotros como nuestro "yo" verdadero siendo en realidad un "yo" falso.
Reconocer lo que hay de verdad y de falsedad en nosotros, es el punto de partida para saber quién es quién y qué es qué.
Ver cuándo vivimos desde la fuente del amor o desde la fuente del desamor y el odio, es el principio para poder enderezar nuestra vida.
Del discernimiento entre el yo verdadero y el falso, debe surgir la elección consciente de los impulsos luminosos y creativos del yo verdadero y la precaución para no ser inducidos en la dirección egolátrica ambiciosa, individualista y ruin del yo interior.
Si tuviéramos un mediano sentido de discernimiento nos daríamos cuenta de que hay mucha diferencia entre estar dirigidos por una entidad real, fuente de toda conciencia y de todo amor, o estar a expensas de un subproducto de nuestra conciencia que se sostiene precariamente por unas ideas inestables y cambiantes.
Toda nuestra vida es nuestra conciencia.
Nuestra conciencia es la luz que procede del yo real.
¿Por qué vivir dependiendo de un subproducto inestable de ideas si somos la fuente de energía, inteligencia y amor?
Es cierto que se dan causas políticas, económicas, sociales... en las declaraciones de guerra. Pero si analizamos bien las cosas, veremos que detrás de todas esas causas y razones políticas, patrióticas, etc., hay una razón básica, que no es otra que la ambición, el deseo de poder y gloria, el odio y la venganza, fruto todo ello del error en que suele vivirse, ignorando la naturaleza verdadera del ser humano.
Hay guerras porque no sabemos con claridad lo que somos en el centro de nosotros mismos.
¿Por qué no salir de esa calamitosa ignorancia?


Darío Lostado
(Hacia La Verdad De Ti Mismo)


viernes, 2 de marzo de 2012

LO QUE SUELE ENTENDERSE POR AMOR


Pasaba  una mañana de verano por delante de una carnicería.
En la puerta, un regordete y simpático cachorrito de perro mordisqueaba una gran salchicha que la daba su joven amo.
El joven se la dejó en el suelo y entró en la tienda. El cachorrito, echando una mirada de apetito a la salchicha se fue adentro de la tienda con su amo. El joven salió con el cachorro para que comiera la salchicha. Mientras él permanecía con el cachorro dándosela con la mano, el perrito la comía feliz. Pero cuando el joven entraba en la tienda, dejando la salchicha en el suelo, aunque mirándola con gula, seguía a su amo dejando la salchicha. Al fin el joven entendiendo el deseo de su cachorro, mantuvo la salchicha en su mano hasta que el perrito gustoso y feliz la comió toda.

El "yo" físico del estómago del perrito amaba la salchicha. Pero su "yo" afectivo amaba a su amo. Y este amor era mayor que el otro.
Cuando se aunaron los dos deseos, el de comer la salchicha y el de estar con su amo,. el perrito se sintió feliz.

Antes de adentrarnos en el tema hemos de ver y notar con claridad que hay dos maneras de enfocar el sentido del amor: uno es el sentido profundo que no es sino el sentimiento subjetivo de unidad entre el ser que ama y el amado, donde ya no son dos sino uno, distinguiéndose y respetándose las diferencias personales accidentales y otro el sentido en que suele entenderse el amor por la mayoría de las personas, que consiste en una atracción y deseo hacia lo que resulta apetecible y bueno.
Hablaremos primero de la clase de amor más corriente y más vulgar entre la mayor parte de las personas.
El que sea mayoría el número de personas que aman y sienten así sobre el amor no lo constituye por eso en bueno y verdadero.
Lo único que podemos afirmar es que la mayoría vive en el error de considerar amor verdadero lo que es un amor a medias, un amor muy elemental. Así nos podemos dar cuenta de que por más que se diga en la vida corriente que "se ama" o que "se hace el amor"... la gente sigue viviendo huérfana de amor.
Hemos dicho que lo que normalmente se entiende por amor es la atracción o deseo que se siente hacia algo o alguien que se considera deseable, bueno o útil.
Todo ser vivo, plantas, animales y seres humanos sienten esa atracción hacia lo que les resulta útil, provechoso, agradable o bueno.
Para todos es suficientemente manifiesto y evidente, a poco que se observe la naturaleza, las atracciones, apetitos e inclinaciones que sienten las plantas, los animales y por supuesto el ser humano.
Dejamos, pues, claramente establecido que a la atracción que se provoca en todo ser vivo hacia algo o alguien que aparece como deseable y apetecible se le llama amor. Así suele decirse que ciertas plantas aman la sombra y otras en cambio aman el sol.
Es obligado reconocer que éste es el sentido que, en la vida social, corrientemente rige, en la práctica, la vida de la mayoría de las personas.
Es un amor del nivel físico-sensitivo. Y en cierto sentido del nivel psíquico inferior.
Para comprender las múltiples contradicciones que oímos y vemos en la vida diaria sobre tantas relaciones amorosas "apasionadísimas" (!!) hoy y reducidas a cenizas mañana, es necesario distinguir bien de qué nivel de amor se trata.
Cuando más adelante hablemos del amor-amor, del amor que brota del centro amoroso y no de los sentidos físicos periféricos, veremos que estas contradicciones y altibajos absurdos desaparecen, porque el amor a nivel profundo es unidad esencial y armonía vital sin fisuras.
Únicamente en el nivel de la personalidad se dan las contradicciones y las desilusiones amorosas. Nunca a nivel del espíritu.
Todo cuanto el ser humano hace en su existencia lo hace por amor. El único motor de la vida es el amor.
Todo es amor y no hay cosa alguna que no sea manifestación y expresión de amor.
Aunque parezca una paradoja, hasta los crueles actos de injusticia y odio son producto de amor. Un amor desvirtuado y desviado por la ignorancia y el bajo nivel de consciencia. Pero la energía por la que esas acciones son realizadas brota siempre de la energía amorosa.
Todo ser, toda acción es efecto de la Realidad-Amor que siempre es positiva, aunque los mecanismos intermedios o instrumentos la usen o dirijan destructivamente, sobre todo, el mecanismo mental.
Cuando la conciencia se mueve en un nivel bajo y elemental de desarrollo, su impulso está torpe y erróneamente dirigido, más a la destrucción y desunión que a la armonía unificadora.
A ese impulso desordenado y erróneamente dirigido lo calificamos y llamamos conceptual y verbalmente como odio. Pero la energía que lo impulsa solo puede ser amor.


Todo cuanto existe, toda acción tiene su origen en la esencia Una, en la energía Una, en el Ser Uno que es Amor.
Él es Uno indivisible, Por eso es amor infinito. Cuanto más Uno, más Amor. Porque Amor es la Unidad. Así como toda división o desunión es llamada desamor u odio.

Todas las acciones humanas llamadas egoístas o defectuosas son sombras del amor. Ellas no son el amor pero señalan al amor como a su fuente y origen, que las proyecta y las produce.
Y es que detrás de todas la acciones por más egoístas, malévolas u odiosas que parezcan hay una intención de bien y amor por pequeño, limitado, erróneo o egoísta que sea.
Todas las envidias, injusticias, recelos, desamores y odios que diariamente percibimos en nuestro mundo son sombras del Amor. Los podemos llamar pequeños o falsos amores. Pero las palabras que usamos son únicamente conceptualizaciones del Amor. La Realidad, toda realidad es solamente Amor. Lo que llamamos desamor u odio es únicamente una conceptualización de las sombras del amor.

Yo estoy escribiendo por amor. Tú lees por amor.
Las acciones o conductas aparentemente de desamor no son sino el efecto de vivir, ver y juzgar por las sombras o los reflejos
La Realidad que está más allá de los reflejos y las sombras no puede ser nada más que Amor.
El fin o sentido de la vida humana es liberarse del error de las sombras y los reflejos para llegar a la Verdad de La Realidad, del Amor.

Mientras juguemos con amores objetivos, conceptualizados, idealizados estaremos jugando a ser buenos, a ser más o menos amorosos...
Cuando tomemos conciencia del Amor que somos como realidad verdadera, dejaremos de hacer teatro en la vida representando personajes simpáticos, atractivos, triunfadores, buenos o amorosos.
Es conveniente que sepamos a qué nos referimos en cada caso cuando para cosas tan distintas usamos las mismas palabras.
Una cosa es el amor intimo y central del espíritu por el que una persona se siente una con la persona amada y otra cosa muy distinta es el amor por el que una persona tiende a estar o conseguir a otra persona porque la encuentra agradable, útil o conveniente para sus fines y satisfacciones egoístas.
Es necesario saber distinguir aquel amor superior del espíritu, de este otro egoísta de la personalidad psicofísica. instintiva.
Sabemos que el amor-amor del espíritu no es muy frecuente. Pero no quiere decir que no exista y uno sea una realidad de cada día, aunque escasa, entre personas humanamente muy desarrolladas. Es el amor al que estamos llamados y destinados todos. Pero la mayoría de las personas se quedan atrapadas en la maraña de las pretensiones individuales de la personalidad. Y se crean un amor egocentrado de personalidad con el que se manejan prácticamente toda su vida.

Este sentimiento de atracción física, mental o afectiva es siempre egocentrado. Aun en los casos que parecen más espirituales, como en el de tantas personas que dicen que aman a Dios, lo hacen "para ir al cielo". No es corriente encontrar aquel amor:

"...Muéveme en fin tu amor
y en tal manera
que aunque no hubiera cielo yo te amara
y aunque no hubiera infierno te temiera."

Este amor, aunque generoso y desinteresado es un amor de personalidad, porque el que ama se siente una persona separada individual y distinta de la persona amada.
En el nivel en que se desenvuelve la mayoría de las personas, éste sería y es el amor perfecto. Y sería deseable que fueran muchas las personas que amaran de esta manera.
Lo corriente y más común es ese amor egocentrado interesado, que busca la complacencia de los sentidos e instintos o del sentimentalismo sensible y emotivo.

Es evidente que la palabra amor en el lenguaje corriente es una palabra equívoca.


Darío Lostado
(Somos Amor)





jueves, 22 de diciembre de 2011

UNIDOS EN EL SER


A pesar de las instintivas tendencias egoístas que gobiernan nuestro mundo, existe en todos nosotros un ansia profunda de amar y ser amados generosamente, desinteresadamente, Desde un nivel superior de conciencia podemos ver que todos estamos unidos en el Ser que nos hace ser. En un nivel en el que los egos no mandan ni gobiernan nuestras vidas. La Luz que somos, nos hace ver que todos somos UNO y no puede haber rivalidades ni cálculos egoístas, porque cuanto más doy, más tengo y cuanto más amo, más profundamente soy amado. En este nivel de conciencia, no existen los condicionamientos para amar. Se ama porque somos amor, sin esperar retribución alguna.




El amor, cuanto más verdadero, más difusivo es, sin necesidad de estímulo alguno para amar.


Darío Lostado

(Mensajes Para Elevar La Conciencia)

sábado, 26 de noviembre de 2011

EL AMOR A SÍ MISMO


Durante mucho tiempo y sobre todo en ciertos ambientes más o menos religiosos fue conceptuado el amor a sí mismo como malo, defectuoso o pecaminoso. Se nos decía que había que amar a los otros sacrificándose uno mismo por ellos. Al amor a sí mismo se lo suele llamar egoísmo o narcisismo.
Hay que decir de entrada que el amor a sí mismo es el fundamente de todo amor.
Es muy importante no confundir el amor a sí mismo con la complacencia e indulgencia con todos los caprichos del "ego" sensual. Cuando existe ignorancia o distorsión en el concepto sobre sí mismo se produce inevitablemente el amor erróneo hacia sí mismo.
Quienes se identifican con su cuerpo, sus sentidos y sus gustos sensibles, el amor a sí mismo les lleva a buscar como principal objetivo la satisfacción de aquello que creen ser: su cuerpo con sus apetencias, su ego con sus vanidades.
Para estas personas el ideal de la vida es "pasarlo lo mejor posible", satisfacer sus sentidos físicos al máximo o como apetencias muy elevadas, satisfacer los deseos de su ego mental o sentimental.
Los hedonistas puros no son muy frecuentes. Las apetencias sentimentales inferiores suelen ocupar un papel importante en esta clase de personas.
El genuino amor a sí mismo tiene otro sentido distinto para quienes tienen un verdadero conocimiento de la realidad de sí mismos.
Quien se conoce bien a sí mismo comprende que amarse es realizar su naturaleza. Amarse es querer y hacer todo aquello que conduce a la persona a su plenitud.
Quien se conoce a sí mismo sabe que el mejor modo de amarse es ejercitar todas sus capacidades de amor, de inteligencia y de energía de que es capaz.
Quien cree ser su cuerpo, quien se identifica con la parte tísica de sí o con sus pensamientos o sentimientos creerá que amarse a sí mismo consiste en satisfacer y complacer al máximo todas las exigencias de sus sentidos, de su mente o afectividad inferior.
En el recto y completo amor a sí mismo no se excluye nada, ni mucho menos su propio cuerpo que es el medio o instrumento a través del cual ha de realizarse, ha de hacer realidad todas sus capacidades y potencialidades.


El amor a sí mismo se manifiesta de una manera automática e inconsciente en el niño recién nacido. Busca y quiere todo "para él". En él, este amor es perfecto. Necesita todo para poder subsistir.
En la medida que la persona va creciendo, va tomando también conciencia de los otros y de sus capacidades de amar generosamente.
Si la persona, cuando crece, sigue manteniendo el círculo de su amor cerrado en sí mismo, como el niño, aunque crezca físicamente es una persona inmadura, infantil.
Toda aquella persona que únicamente busca ser complacida con el amor y las transigencias y donaciones de los demás, si no ejercita su amor activamente amando, quedará reducida psicológicamente a la etapa y estado infantil.
Son persona para quienes la etapa infantil no fue una etapa de transición sino que se quedaron fijas en ella. Son niños con cuerpo grande. O personas grandes con psiquismo infantil.
Cada ser, en su naturaleza, crece en la medida que ejercita sus potencialidades, sus facultades. Crecen los músculos en la medida que se los ejercita. La inteligencia y la memoria crecen también con el ejercicio. Y una persona será tanto más amorosa cuanto más ejercite su capacidad de amar.
Cuando alguien se ama a sí mismo hará indefectiblemente todo aquello que favorece su crecimiento, que lo conduce a su plenitud.
Amarse a sí mismo es igual a desarrollar su ser-energía-inteligencia-amor.
Aquel que se cierra yt se limita a complacer sus apetitos sensitivos está limitando su crecimiento. Se está anquilosando.
En realidad, entre amarse a sí mismo y amar a los otros no existe ninguna diferencia. Son, además simultáneos. Quien se ama bien a sí mismo automáticamente está abierto al amor a los otros.
Quien se ama a sí mismo no puede dejar de amar a los otros. Porque su amor es más verdadero cuanto más generoso es.
Amar a los demás olvidándose de sí, además de ser absurdo, es una sutil forma de autocomplacerse con su propia generosidad buscada.
El amar y entregarse a los demás debería ser la donación espontánea y natural del amor que uno siente ser, en el centro de sí mismo, como el desbordamiento de un vaso lleno de agua que tuviera la fuente dentro de sí mismo.
Para ello se requiere darse cuenta de que uno es fuente de amor.
Amarse correctamente, con amor verdadero a sí mismo es querer, amar y buscar en todo y sobre todo su propia y auténtica realización personal a través de cuanto se hace y se vive en la vida cotidiana.


Este auténtico amor a sí mismo impulsa a la persona a amar más y mejor a cuantos conviven con ella y al Universo entero. Tal como la persona se ame a sí misma proyectará su amor a los demás. Si su amor es superior y generoso hacia sí, también lo será hacia los demás. Quienes, por el contrario, se aman con un amor inferior y egoísta, también amarán a los otros con el mismo amor egoísta, egocentrado.
El amor a sí mismo no solamente no es reprochable ni malo sino que es la base y origen de todo amor en la persona.
El egoísmo, el amor inferior centrado en sí mismo, busca la complacencia sensible y vanidosa del cuerpo físico o del altanero "ego".
El amor verdadero a sí mismo, por el contrario, impulsa a la persona sabiamente a todo aquello que conduce a uno mejor y mayor realización personal de sí y de los otros sin intereses personales egoístas, por una parte, ni complacencias indulgentes y necias por la otra. Una cosa es amar y otra muy distinta acceder a los antojos caprichosos de la persona amada.
Nadie amará recta y adecuadamente a los demás si antes no se ama con amor verdadero y auténtico a sí mismo.


Darío Lostado
(Somos Amor)

jueves, 24 de noviembre de 2011

COMPASIÓN Y EGOÍSMO


Un día se paseaba Buda por los cielos junto a un lago.
Allí en el fondo del infierno vio a un hombre que había muerto hacía poco.
Buda era compasivo y quería ayudar a todos.
Este hombre estaba en el infierno porque era ladrón.
Pero un día había hecho una obra buena, pues habiendo visto una araña, tuvo ganas de aplastarla pero se arrepintió, pensando que podía ayudarle a seguir con vida.

Buda, reconociendo ese buen gesto del ladrón, quiso recompensarlo.
Por eso arrojó a las profundidades del lago en cuyo fondo estaba el infierno, un hilo de araña muy largo que llegó hasta el infierno donde estaba el ladrón.
Este lo vio y creyó que era una cuerda de plata.
Pero no podía convencerse de ello.
Por fin se agarró a él con intención de subir hasta la superficie.
Subía y subía, temiendo que se rompiera.
Cuando ya pensaba que estaría lejos del infierno, miró hacia abajo y vio que mucha gente subía detrás de él agarrados a la misma cuerda.
Se llenó de miedo, pensando que la cuerda no aguantaría con el peso de todas las personas.
Se enfadó y los maldijo.
El pensaba que bien se podrían haber quedado en el infierno.
Y en ese momento la cuerda se rompió por encima de sus manos.
Y cayó él con todos los demás, de nuevo al infierno.

La misericordia y la bondad encuentran a veces el egoísmo por respuesta. Y el egoísmo siempre acarrea mal.
Todo deseo de mal hacia los demás recae siempre también en uno mismo.


Darío Lostado
(Vivir Como Persona)