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viernes, 1 de marzo de 2013

LO MAS IMPORTANTE


En una ocasión en que yo estaba hablando sobre la necesidad de tomar conciencia del propio "yo", alguien se quejó: Para qué ocuparse tanto del yo, yo, yo... Lo que importa es resolver nuestros problemas de cada día.
Quizá sea éste también el pensamiento de alguno de mis lectores. No nos demos cuenta de que el origen de la mayor parte de nuestros problemas, o para ser más exacto, aunque parezca exagerado, de todos nuestros problemas reside en la ignorancia, en el desconocimiento de quién es el sujeto de los problemas, quién es el que sufre los problemas, quién es el que tiene los problemas.

Si no conozco al sujeto responsable de mis problemas ¿cómo podré librarme de ellos?

Es evidente que casi nadie reconoce que uno mismo es el responsable de sus problemas y siempre tratamos de culpar a los otros. Pero en definitiva si los problemas son míos algo o mucho tendré yo que ver en ellos. Porque vemos que los mismos hechos, las mismas situaciones, las mismas cosas para unos constituyen problema y para otros no.

Pero lo peor no es que no conocemos nuestro "yo" que es el sujeto de nuestros problemas sino que tenemos un concepto de nosotros mismos que de partida ya es totalmente erróneo.

Solemos considerarnos como algo que está ahí en el mundo a merced de todo lo que nos rodea, zarandeados por cosas y personas, por acontecimientos y situaciones, como una hoja agitada por todos los vientos. Y de alguna manera esto es lo que nos han enseñado. Y así es como se siente y comporta la mayoría de las personas.

Pero no. No somos eso.

Todo el valor o importancia que damos a cosas y personas está en nuestro "yo". Las cosas, los acontecimientos... tienen valor en la medida en que se lo da nuestro "Yo". ¿De qué valdría un millón de dólares si nadie que lo valorase?

Todos los valores que doy a las cosas, todos los juicios que tengo sobre los acontecimientos, todo lo que veo, oigo, palpo, siento, pienso, solamente es algo.

Todos los valores que damos a las cosas, todos los juicios que tenemos sobre los acontecimientos, todo lo que vemos, oímos, palpamos, sentimos, pensamos, solamente es algo en la medida en que es producto directo o indirecto de nuestro "yo". Sin nuestro "yo" no se daría absolutamente nada de eso.

Cuando tengamos claridad sobre la naturaleza de nuestro yo y nos demos cuenta de que él es la fuente de toda nuestra vida, de todos nuestros sentimientos, de todos nuestros pensamientos, de todas nuestras valoraciones... de toda nuestra vida, entonces trataremos de realizarlo. Realizarlo quiere decir desarrollar y vivir su sentido real, desarrollar la energía, la inteligencia y el amor que es nuestro "yo" central.


Al desarrollarlo o realizarlo, todos esos problemas que queremos resolver de nuestra vida diaria apenas tendrán sentido o simplemente ni siquiera llegarán a originarse. Porque todos nuestros problemas son consecuencia y efecto del "yo" falso, del ego que ha usurpado el lugar del "yo" verdadero.

A medida que vayamos teniendo contacto, aunque sea viendo que nuestros problemas irán perdiendo dramatismo y se irán disolviendo.

Las pesadillas desaparecen al despertar.

La oscuridad de la noche desaparece con la luz del sol.

Todos los miedos, angustias, desasosiegos... que son efecto del yo inferior débil, mezquino, miope, ignorante, desaparecerán cuando seamos dirigidos y orientados por nuestro luminoso y sabio "yo" real verdadero.

 Lo que más cuesta a la mayor parte de las personas es convencerse de que toda vida basada en un yo ficticio es un auténtico sueño con pesadillas, con todas sus consecuencias. Pero como siempre hemos pensado y creído lo contrario, nos resulta muy duro y difícil aceptar la falsedad y lo ilusorio de la vida bajo la dirección del ficticio "yo" inferior. Este "yo inferior no es sino una estructura mental, un pequeño contenido de conciencia y él es quien valora y juzga las cosas y los acontecimientos con su mirada ruin, raquítica, interesada, distorsionada y superficial. Entonces las hormigas se convierten en elefantes y los granos de arena en montañas.

Cuando muchas personas se encuentran en situaciones de tristeza y angustia uno quisiera ayudarles en su problema. Pero desgraciadamente el remedio a sus problemas no puede ser repentino e instantáneo como una aspirina para un dolor de cabeza. Se requiere una transformación en toda su estructura personal. Eso requiere ver el error de vivir en un nivel muy elemental y bajo de conciencia. Mientras no se eleve al nivel de conciencia, los problemas pueden suavizarse con los paños calientes de algunas palabras o ideas que pueden aquietar momentáneamente el estado mental. Pero la verdadera solución sólo reside en tener la completa seguridad de que lo que uno Es, supera todas las ideas que puedan tenerse sobre cualquier cosa o acontecimiento.

Sentir lo que uno Es, no se consigue en un día sino que es el trabajo de muchos días, meses y años tomando conciencia en todo momento, en cada instante del día, en cualquier actividad que se está realizando. Porque en cualquier momento y en cualquier actividad uno es siempre LO QUE ES.

Si se comienza hoy ese trabajo, algún día se conseguirá. Pero el que no sale del punto de partida jamás llegará a la meta.


Darío Lostado
(Hacia La Verdad De Ti Mismo)


jueves, 7 de junio de 2012

LO QUE NO CAMBIA EN TI


No olvides que desconocer la verdad de ti es el peor de los errores y la peor de las ignorancias.

Distingue bien lo que es real en ti, de lo que es ilusorio. Real es lo que siempre es lo mismo en ti. Lo que cambia es ilusorio. Cambian las células de tu cuerpo, los pensamientos de tu mente y los sentimientos que los acompañan. Pero ESO que tú eras hace años, que eres ahora y serás por siempre, Eso no cambia. Eso es Lo Real de ti. Eso es tu ser.


Tu ser se va expresando a través de todas las formas cambiantes de ti: tu cuerpo, tus pensamientos, afectos, gustos, deseos, proyectos, preferencias, hobbies... Todas estas formas son cambiantes. Lo sabemos por experiencia.


Darío Lostado
(Mensajes Para Elevar La Conciencia)

miércoles, 16 de mayo de 2012

¿POR QUÉ HAY GUERRAS?

Las guerras absurdas han aniquilado pueblos, razas, familias e individuos.
Las guerras suelen ser declaradas, por regla general, por personajes ambiciosos y orgullosos en extremo.
Las pequeñas guerras entre familias e individuos tienen un origen parecido y unas causas semejantes: la ambición, el egoísmo, el orgullo, la intransigencia y la incomprensión.
Ante estos hechos uno se pregunta ¿cómo es posible que siendo el ser interno de cada persona una energía amorosa e inteligente, se produzcan tales hechos de egoísmo, ignorancia, desamor y vandalismo?
Todos los seres humanos somos UNO en La Realidad profunda y básica.
Pero entre el yo central de cada persona y el cuerpo existe una estructura ideal o conceptual por la que nos distinguimos unos de otros. Esta estructura no tiene realidad. Sólo es una idea que cada uno tenemos de nosotros y de todos los demás. A causa de esta idea de individualidad nos vamos formando la idea "yo no soy el otro".
No sólo eso. Solemos formarnos la idea de que todo aquello que no favorece a mi "ego" individual o lo que es lo mismo a esa idea que tengo de mí, es malo y he de evitarlo a costa de cualquier cosa, Así ocurre en la vida diaria: todos aquellos que no favorecen mis gustos y ambiciones, son mis enemigos y rivales. Desde ese momento estoy declarando la guerra a todos aquellos que considero obstáculos y opositores a mis deseos y ambiciones.
Desde entonces de una u otra manera tratamos de eliminar a nuestros enemigos física, moral, social o psicológicamente.
Es conveniente que veamos que hay que desenmascarar al causante directo de todos nuestros rencores, malestares, resentimientos, rivalidades, odios, enfrentamientos, desamores y toda clase de tensiones con los que nos rodean. Y ese causante es el "ego" o idea que tenemos de nosotros mismos y que busca siempre y en todo, satisfacer su ambición, su vanidad y su estupidez egolátrica.
Este ego existe y pervive en cada ser humano aunque se influencia e intervención en la vida sea muy diversa en cada uno según el grado de desarrollo y evolución de las personas.
 El ego es en principio individual. Pero suele disfrazarse de religiosidad, patriotismo, altruismo, racismo, etc.
Esos egos individuales o colectivos, personajillos engreídos y ambiciosos ven y se crean enemigos por todas partes. Ahí surgen los conflictos y las guerras, la destrucción y la muerte.
Como vemos, el desamor, la guerra y la muerte no surgen de nosotros, sino de algo que se forma en nosotros y que no es sino una estructura mental, una idea falsa de nosotros mismos, que sustituye y suplenta a nuestra verdadera realidad, a nuestro verdadero "yo"
No es nuestra verdadera realidad la que se enfrenta, se enoja, se pelea y se enemista.No.
Nuestro verdadero ser es inteligente y amoroso.


Nuestro raquítico y ambicioso ego es ignorante y engreído.
Aquilatando un poco más, debemos decir que no es la existencia del ego en sí misma la causante de nuestros males sino nuestra inconsciencia y que permite que el ego tome las riendas de su vida.
Pero debemos y podemos impedir que tome el lugar y la relevancia que no le corresponde.
Cuando nuestra vida es dirigida y gobernada por las tendencias y exigencias ambicionas e individualistas del ego empezamos a enemistarnos y separarnos de los demás.
El mal, por tanto, reside en la ignorancia, en la inconsciencia de lo que somos realmente y en vivir defendiendo algo que no es sino una sombre, una idea raquítica de nosotros mismos.
Si somos conscientes de que existe en nosotros esa idea ese yo inferior que quiere entronizarse en nuestra vida, podremos impedirlo y colocarlo en el lugar que le corresponde.
Nuestra vida debería ser un fluir espontáneo y natural del amor que somos en el centro y esencia de nosotros mismos. Pero se interpone el interés pequeño y egocéntrico de nuestro ego individual y lo que debería ser amor generoso se convierte en desamor egoísta.
Conocernos a fondo implica conocer lo que somos y lo que aparece en nosotros como nuestro "yo" verdadero siendo en realidad un "yo" falso.
Reconocer lo que hay de verdad y de falsedad en nosotros, es el punto de partida para saber quién es quién y qué es qué.
Ver cuándo vivimos desde la fuente del amor o desde la fuente del desamor y el odio, es el principio para poder enderezar nuestra vida.
Del discernimiento entre el yo verdadero y el falso, debe surgir la elección consciente de los impulsos luminosos y creativos del yo verdadero y la precaución para no ser inducidos en la dirección egolátrica ambiciosa, individualista y ruin del yo interior.
Si tuviéramos un mediano sentido de discernimiento nos daríamos cuenta de que hay mucha diferencia entre estar dirigidos por una entidad real, fuente de toda conciencia y de todo amor, o estar a expensas de un subproducto de nuestra conciencia que se sostiene precariamente por unas ideas inestables y cambiantes.
Toda nuestra vida es nuestra conciencia.
Nuestra conciencia es la luz que procede del yo real.
¿Por qué vivir dependiendo de un subproducto inestable de ideas si somos la fuente de energía, inteligencia y amor?
Es cierto que se dan causas políticas, económicas, sociales... en las declaraciones de guerra. Pero si analizamos bien las cosas, veremos que detrás de todas esas causas y razones políticas, patrióticas, etc., hay una razón básica, que no es otra que la ambición, el deseo de poder y gloria, el odio y la venganza, fruto todo ello del error en que suele vivirse, ignorando la naturaleza verdadera del ser humano.
Hay guerras porque no sabemos con claridad lo que somos en el centro de nosotros mismos.
¿Por qué no salir de esa calamitosa ignorancia?


Darío Lostado
(Hacia La Verdad De Ti Mismo)


lunes, 16 de abril de 2012

¿POR QUÉ TENEMOS PROBLEMAS?



Normalmente creemos que la causa está en los demás, en los de fuera, en las circunstancias que nos tocan vivir. Pero no es así.

Los problemas nos los creamos nosotros porque no estamos armonizados interiormente. La desarmonía consiste en que nuestro falso yo está siendo tironeado hacia direcciones y objetivos opuestos. Siempre se siente necesitado de algo y a veces de cosas contrarias y opuestas.


La solución está en descubrir el juego de esos tironeos del falso yo y tomar conciencia del yo verdadero que no necesita nada más que ser lo que es. El yo verdadero simplifica la vida porque no está sometido a los deseos caprichosos del ego ambicioso.


Darío Lostado
(Mensajes Para Elevar La Conciencia)


lunes, 27 de febrero de 2012

VIVIR CON NUESTRO EGO


La existencia de nuestro ego, con sus consecuencias, es una parte importante del conocimiento de la naturaleza humana.

Mientras vivimos encarnados en este cuerpo, hemos de vivir con un ego, que es la representación de nuestra personalidad. Tiene una finalidad muy concreta, pero en la mayor parte de las personas se ha adueñado de su vida, porque dichas personas no han tomado conciencia de su yo verdadero, de su auténtico ser íntimo.


Cuando no hay suficiente desarrollo de la conciencia de sí mismo el ego asume la dirección total de la persona.

A mayor inmadurez, mayor ego y a mayor ego mayor egoísmo y menos amor. Y a la inversa.

Al menos, obsérvate y toma las riendas de tu vida.


Darío Lostado
(Mensajes De Amor)

viernes, 9 de septiembre de 2011

ILUSIONES MÍAS


Ashtavakra dice: "Sólo como ilusión prevalece el mundo. La Realidad del mundo se desvanece con el conocimiento del Ser. El sabio vive sin el sentimiento del 'yo' y 'lo mío', sin apegos."

Lo que más cuesta al ser humano es morir a su yo personal. Por eso muchos desean reencarnarse, para mantener su yo. Lo mismo los que esperan ir al cielo. Piensan y desean ir allí y seguir viviendo con este mismo yo personal que tienen ahora. ¡Vana ilusión!

Vivimos con la ilusión de nuestro yo personal, individual y autónomo. Pero el yo es ilusorio y por tanto mucho más su autonomía.


Cuando conocemos la Verdad del Ser, nos damos cuenta de la engañosa ilusión del yo.

Cuidamos de "lo mio", "mis ideas", "mis sentimientos", "mis modos de ser"... Todo lo mío es un engaño.

Es cierto que el mundo es mío. Es de mi conciencia y no de mi mente pequeña. Todo es mío, de mi Yo Real, de mi Ser, del Ser. Pero nada es mío, de mi yo personal. La ropa que llevo puesta, ¿es mía? Tanto la ropa como mi yo personal son ilusorios. Como ilusiones, sí son míos. Es lo que posee mi yo mental: puras ilusiones, fantasías, engaños.


Darío Lostado
(Despertar A La Conciencia Día A Día)

viernes, 26 de agosto de 2011

TÚ Y TUS CIRCUNSTANCIAS


Vino a mí un excelente profesional que se sentía muy preocupado.
Había en él una sincera aspiración por su desarrollo integral, pero se encontraba totalmente descorazonado y abatido.

Me decía: Mis circunstancias no me permiten dedicar ni un momento para mí. La familia, el trabajo excesivo y agobiante me ocupan todo el día desde que me levanto hasta que me acuesto. En esas circunstancias no puedo ver nada claro. Las situaciones concretas de mi existencia son las que mandan en mi vida.

Le dije: Mientras estás volcado y obsesionado por esas circunstancias que te agobian, más alejado estarás de ti mismo. Y al estar fuera de ti, todo lo verás con la complejidad alborotada de tu mente. El día que empieces a dedicar algún tiempo a centrarte en ti mismo, todo cambiará. Puedes hacerlo en esos momentos medio perdidos entre trabajo y trabajo. Son instantes que puedes dedicar a respirar profundo y sentir tu YO real ahí, dentro de ti, en lo más íntimo de tu ser. Entonces, irás viendo que las circunstancias pierden fuerza y valor y no te sentirás agobiado por ellas.

Siempre que damos más importancia a las situaciones que a nosotros mismo, estamos abandonando las riendas de nuestra vida a esas circunstancias. Se crea un círculo vicioso: cuanto más atención, tiempo e importancia damos a las circunstancias, menos nos ocupamos de nosotros mismos. Y a medida que abandonamos el mando de nosotros mismos, más nos esclavizan las circunstancias. Se hace imprescindible tomar el timón de tu propia vida ocupándote más de ti, sin lamentar tus circunstancias.

Photo by Guillem.



Date cuenta de que tú eres más importante que todo lo que haces y lo que ocurre en tu derredor. Deja que los ignorantes llamen a esta posición egoísta. Si te preocupan tales acusaciones, es señal clara de que estás encerrado en tu "ego personal".
El sano egoísmo, o lo que es lo mismo, la preocupación por tu ser verdadero hará que luego trabajes mejor por los demás y seas más desinteresadamente generoso y solidario por los demás.

No te dejes atrapar por las circunstancias de tu vida.
Tú eres más importante que todas ellas. Esas circunstancias sin ti son nada para ti.

Libérate de tu "yo personal" que quiere quedar bien ante los demás y se preocupa ante todo ¡¡¡de ser tenido como trabajador solidario, generoso y cumplidor!!!

Sé tú. Pero tú no eres tu ye personal vanidoso. Tú eres la lucidez amorosa que quiere expresarse como tal, siempre.

Tus circunstancias son situaciones cambiantes de tu existencia. Tú, en cambio, eres lo permanente. Tú eres el que da sentido y valor a cuanto haces.

El valorador es más importante que lo valorado. Una tonelada de diamantes no valen nada si no hay alguien que los valore.
No renuncies a tu capacidad de valorador de las cosas y las circunstancias.


Darío Lostado
(Atrevete A Ser Libre)


domingo, 17 de abril de 2011

AMAR AL PRÓJIMO COMO A TI MISMO. NO MÁS QUE A TI MISMO



Amar al prójimo menos que a sí mismo es de egoístas que no saben que al no amar suficientemente a los demás tampoco se aman bien a sí mismos.
Amar al prójimo más que a sí mismo es propio de acomplejados con el infantil complejo de inferioridad pensando que ellos son unos pobres diablos indignos de ser amados hasta por sí mismos.
Los que pretenden amar a los demás, más que a sí mismos generalmente quieren verse a sí mismos como generosos y sacrificados por los demás.
También quieren ser tenidos por los demás como altruistas y ejemples de sacrificio generoso.
Amar al prójimo antes o después que a sí mismo es ignorar que al amar, tú estás en el otro, el otro en ti, Dios en ti y en el otro y tú y el otro en Dios porque el amor es Dios, y Dios es amor.
Ama al prójimo como a ti mismo.
Es la sabiduría más perfecta.
Tan sencilla que sólo los sencillos de corazón la entienden bien.
Porque la verdad se les descubre a los sencillos y humildes y se les oculta a los orgullosos y soberbios.
Amar al prójimo como a ti mismo quiere decir: Todo lo verdaderamente bueno que quieres para ti, quiérelo para los demás. Todo lo verdaderamente bueno (no sólo agradable) que haces para ti hazlo también a los demás.
Ni más ni menos. Ni antes ni después.
Lo mismo, siempre y al mismo tiempo.
Amar a los demás como a sí mismo es sencillo, sabio, armonioso y perfecto.
Es sabio porque es conocer que todo pensamiento, acción, sentimiento o palabra que procede de ti dirigida a los demás te beneficia a ti como a los demás.
Esto lo sabrás de verdad cuando lo compruebes en tu propia vida.
El verdadero conocimiento intelectual va acompañado de acción, Si no, ya no es verdadero conocimiento... Amarás al prójimo como a ti mismo.
Esta fundamental ley de oro de la Biblia y de la perfecta convivencia humana es completamente clara y sencilla.

Photo by Guillem.


Nos gusta a todos que los demás la cumplan con nosotros.
Pero no son muchos los que la cumplen con los demás.
Algunos pretenden aparecer más generosos amando a los demás más que a sí mismos.
Pero no se trata de tener momentáneos arrebatos de generosidad mal entendida.
Se trata de que cada día, cada momento, nuestra actitud sea generosa y amorosa con quienes viven junto a nosotros. No con los que viven en países lejanos o barrios marginados solamente.
También con ellos. Pero antes y principalmente con los que conviven con nosotros, con los próximos a nosotros, que suele ser más difícil.
Lo bueno que quieres para ti, ¿lo quieres también de corazón para tus hermanos, tus familiares, tus vecinos, tus compañeros de trabajo?
Ámate bien. Ama igualmente bien a tus prójimos. No es tan fácil amarse bien.
Cuando buscamos o conseguimos ciertas satisfacciones que halagan momentáneamente nuestros sentidos paro desequilibran nuestra vida y nos dejan una profunda insatisfacción interior, no nos estamos amando de verdad.
De momento podemos pensar que hacer lo que nos gusta es quererse bien. Pero no lo es. No siempre lo es. Eso puede ser válido en cierto sentido para un perro, incapaz de tener otras aspiraciones superiores.
Los padres que dan a sus hijos gustos que les perjudican en su salud o formación los aman peor que aquellos que se los niegan.
Lo mismo nos pasa a nosotros con nosotros mismos.
El pequeño, egoísta y caprichoso yo que todos llevamos dentro nos pide a veces caprichos inconvenientes aunque sean agradables de momento.
Cuando nuestra vida está gobernada por ese pequeño y caprichoso yo, cumplimos sus exigencias con los efectos nefastos consiguientes.
Cuando nuestra vida está, por el contrario, gobernada por el verdadero, humano y luminoso yoprofundo, sabe imponerse sin violencias ni represiones absurdas.
Las violencias y represiones inconscientes no son del yo verdadero.
Todo ocurre entonces con orden. Pero es necesario que el verdadero y profundo yo nuestro tenga las riendas del mando de nuestra vida habitualmente, frecuentemente, y si fuera posible, siempre.
Entonces el pequeño, y egoísta yo pataleará y gritará estrepitosamente.
Si nos amamos a nosotros mismos con este verdadero y profundo yo, si nos amamos de verdad, fácilmente amaremos a nuestros prójimos como a nosotros mismos.
Si nos amamos con ese pequeño y caprichoso yo surgirán innumerables conflictos en nosotros mismos y en la relación con los demás.
Ámate bien. Y amarás a los demás bien.
Esto no es teoría.
Quizás el desconocimiento de estos mecanismos nuestros que parecen simple teoría, ha hecho que tengamos una relación errónea con nosotros mismos y con los demás.
Ama de verdad y haz lo que quieras.
Entonces no habrá problema del antes o el después, del más o el menos.
Al amar de verdad, amarás a los demás como a ti. Y a ti como a los demás.
No habrá conflicto entre ti y los demás, entre el amor a ti y a los demás.
El conflicto sólo existe cuando detrás de lo que llamamos amor al prójimo se esconden otros intereses.

Photo by Guillem


A veces no amamos a los demás sino que amamos la satisfacción que sentimos al amar.
O amamos el premio que se nos da o se nos dará por eso que llamamos amar.
Amar al prójimo es desear con toda el alma su bien, su mejor bien. Y ayudarle a que él realice su misión de persona.
Entonces también tú estarás realizando tu misión de persona que es en parte ayudar a que los otros se realicen.
Tu realización se complementa con la ayuda a la realización del otro.
El verdadero amor a ti será también el amor al otro.
El amor al otro será una extensión del verdadero amor a ti.
El que se ama de verdad, trabaja por su propia realización y ayuda a que los otros también se realicen. No los realizará él, ni los obligará a las buenas o a las malas sino que los ayudará a que se realicen, ejercitando su propia naturaleza libre.
Ama a los demás como a ti mismo.
Ni más ni menos. Ni antes ni después.


Darío Lostado
(La Alegría De Ser Tú Mismo)


jueves, 9 de diciembre de 2010

VERDADERA PERSONALIDAD


Parece una paradoja. Muchos piensan que hay que trabajar mucho para conseguir un gran carácter, una personalidad desarrollada...
Y es justamente lo contrario. Cuando me despreocupo de mi personalidad y me ocupo de ser auténticamente Yo, mi Yo verdadero y real -que no es el de mi personalidad-, mi carácter y mi personalidad son la expresión natural y espontánea de la sencilla fortaleza de mi verdadero ser, y sobrepasa todas mis expectativas de lo que deseaba conseguir para mejorar mi personalidad.
Cuanto más auténticamente soy Yo, en mi Yo verdadero, menos he de preocuparme por desarrollar mi personalidad. Ésta va apareciendo sola, alimentada de la plenitud de mi ser.
Es cierto que esa personalidad natural y auténtica choca con ciertas formas y convencionalismos sociales que sólo buscan quedar bien, someterse y acomodarse a las imposiciones de la colectividad.
Quien desee conseguir una fuerte y desarrollada personalidad debe identificarse plenamente con su Verdadero Ser, su Yo Real y profundo, del que se originará la personalidad más adecuada.




Darío Lostado
(Despertar A La Conciencia Día A Día)