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jueves, 2 de mayo de 2013

YO TENGO LA RAZÓN


Esgrimiendo la frase yo tengo la razón:
Los matrimonios se separan.
Los amigos se pierden.
Los padres y los hijos se alejan.
Los pueblos van a la guerra.
Las discusiones se agrían y se extienden
Los diálogos se destruyen.
Los hombres se matan.

Pero ¿quién tiene la razón?
La razón es una virtud que la posee quien cree no tenerla. Porque si cree lo contrario, ya no la tiene.
Porque nadie tiene toda la razón.
Todos tienen algo de la razón (con tal que se hable medianamente razonablemente).
En las discusiones nadie tiene toda la razón en exclusividad.
Porque nadie conoce la verdad completa bajo todos los aspectos, de todas las cosas. O mejor de ninguna cosa.
Sólo Uno, el que conoce todo y es La Verdad tiene Toda la Razón.
Y justamente el que tiene toda la razón nos permite a los demás, tener nuestra pequeña y parcial razón.
Lo importante es respetar la parte de razón que tiene el otro. Sin reticencias. Con sinceridad.
Hay que reconocer que el otro puede ver aspectos que yo no vea.
Porque las cosas y los problemas tienen diversos ángulos y yo desde mi perspectiva no puedo ver todos esos ángulos.
Nadie tiene toda la razón.


Más o menos. Pero algo.
El que concede y comprende la razón que tiene el otro está aumentando su grado de razón.
el que se cierra en su única razón empequeñece su razón. Se limita. Tiene menos razón.
A la hora de dialogar es necesario usar del diálogo comprensivo.
El diálogo comprensivo es el de aquellos que tratan de comprender la posición contraria, no desde su propia perspectiva sino desde la del contrario.
Las cosas desde la perspectiva del otro, se verán de distinta manera.
Y se verá otro ángulo que no se veía.
Los fanáticos de alguna ideología determinada sólo ven una perspectiva sin querer ver otra distinta.
Cuanto más fanáticos son, más se obcecan en su propia postura y menos quieren hablar de otro distinta...
Los fanáticos se empequeñecen más cuanto mayor es su fanatismo.
Más se ciegan. Menos razón tienen.
Los fanatismos pueden ser políticos, científicos, artísticos, deportivos, filosóficos, religiosos, nacionalistas, racistas, sociales... personales.
Los fanatismos son una clase de ceguera del espíritu.
Y la única manera de crecer como persona y vivir más intensamente es crecer en amplitud de conciencia y comprensión del mundo.
La gente disfruta de vivir con etiquetas. Y en muchos casos las defienden con posturas ciegamente fanáticas.
Parece que el fanatismo es una de las maneras de pregonar la inseguridad con que viven tales personas.
Necesitan mantener sus posturas con terquedad y cerrazón a las posturas de los demás porque interiormente saben la poca consistencia que tienen sus ideas.
Se convierten en pequeños o grandes ciegos. En pequeños o grandes sin razón.
Como el filósofo antiguo, sé amigo de Catón, pero más amigo de la Verdad.
La razón de la inmensa, infinita verdad la tendrás, la irás teniendo en la medida que reconozcas que no tienes, toda la razón.


Darío Lostado
(La Alegría De Ser Tú Mismo)


domingo, 13 de enero de 2013

¿HAY QUE TENER UNA IDEOLOGÍA?


Parece que en nuestro mundo moderno, muchas personas no pueden vivir sin etiquetas.
Como se pertenece a un club donde encuentran la compañía de amigos, parece que necesitan también afiliarse a ideologías de otros para sentirse arropados, protegidos por los que piensan igual. Parece como si tuvieran miedo a pensar por sí mismos. Les da miedo sentirse solos. Les de miedo equivocarse. Por eso se afilian a una ideología y tratan de aferrarse a ella, aún a costa de perder su propia identidad, de no ser fieles a sí mismos, de estar atados y esclavizados a los postulados de esas ideologías.
Se defienden las ideologías como el mismo ardor con que se defiende la propia seguridad.
Pero en el fondo el aferramiento enfático y casi fanático de algunos a una cierta ideología es la señal evidente de su propia inseguridad.
Hay mucho afán de llevar insignias, camisetas con letreros, distintivos llamativos...
Todo eso que en sí mismo es indiferente y sin importancia se convierte a veces en signos limitantes de la persona y expresión de una personalidad estrecha y pobre.
Yo soy socialista, yo conservador, yo soy de este club, yo del otro, yo soy freudiano, yo conductista...
¡Nos hace tanta falta ser humanos!
Es lo primero que debemos ser. Y a veces lo relegamos a último plano.
Las etiquetas suelen enfrentar a unos contra otros.
No siempre, afortunadamente. Pero sí con frecuencia.
Deberíamos pertenecer todos con entusiasmo, primordialmente, ante todo y con todo nuestra alma al gran club, a la gran familia de la Humanidad.
Dentro de la familia existirán las diferencias, gustos preferencias y rasgos. Eso es normal.
Pero no suele ser así.
En aras y en nombre de nuestras ideologías, de nuestras etiquetas pisoteamos los derechos de la humanidad, de la persona humana.
y la gran família desaparece en la práctica.


Las etiquetas nos han dividido. Nos han enfrentado.
La persona humana progresa y crece cuando crece en amplitud de conciencia y profundidad de amor y comprensión.
Las etiquetas nos anquilosan, nos esclavizan en un raquitismo ciego y frío.
La gente se pone etiquetas en todos los aspectos de la vida: en lo político, deportivo, social, religioso...
No tendrían importancia las etiquetas si no llevaran consigo la intransigencia, la falta de comprensión, la estrechez de pensamiento y criterios y el fanatismo.
¡Ah, el fanatismo! ¡Raquitismo mental, destructivo y orgulloso!
No sólo son fanáticos los que matan.
Hay mucho fanatismo por la calle, en la vida diaria.
Son los que creen poseedores exclusivos de la verdad.
Nadie tiene toda la verdad y todo el bien.
Sólo el que es la verdad y el bien.
Los demás debemos estar abiertos, a la conquista de la verdad y del bien.
Sin regateos.
Sin limitaciones.
Sin etiquetas.
Es la tarea del progreso humano en lo más humano.
Aferrarse a una ideología esclavizándose a ella, por buena que ella sea, puede impedir el desarrollo de tu conciencia.
Tu ideología será tanto más buena cuanto más tuya sea, cuanto más brote del fondo luminoso de ti mismo.
Cree más en la luz, en la fuerza y el amor que hay en el fondo de ti mismo.
Ahí tomarás contacto con las ideologías fascinantes de otros que también han ahondado en sí mismos de verdad.
¿Cuántas ideas tienes que son verdaderamente tuyas y cuántas tienes sólo porque te las han dado o impuesto?


Darío Lostado
(La Alegría De Ser Tú Mismo)