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domingo, 24 de febrero de 2013

MÁS ALLÁ DE LOS SENTIDOS Y LA MENTE


Solemos vivir pendientes de realidades sensoriales e interpretaciones del pensamiento.

Tanto las sensaciones como los pensamientos aparecen en el espacio-tiempo, cambian en él y desaparecen también en esa variable de la existencia, creada por la mente que es el espacio-tiempo.


Una vida fundamentada en tales categorías variables e inestables no tiene muchos motivos para el enamoramiento. Pero La Vida, la auténtica Vida no está sometida a nada variable.

Más allá de los sentidos y la mente, está la Conciencia-Vida que da sostén y forma a todas las percepciones y pensamientos y que es la luz que da sentido a cuanto percibimos, pensamos y sentimos.


Darío Lostado
(Mensajes Para Elevar La Conciencia)


viernes, 27 de agosto de 2010

SILENCIO INTERIOR


Son muchos los que viven de sensaciones exteriores y ven como el objetivo de dicha y felicidad, una vida dedicada a satisfacer sus sentidos orgánicos o sus necesidades psíquicas afectivas.

Photo by Guillem.

El retiro silencioso de la vida del espíritu aparece, para tales personas, como una dolorosa renuncia y dura sacrificio, pues ignoran que en ese silencio interior reside la máxima felicidad, porque allí se contacta con la plenitud del Ser, La luminosidad de la Verdad y el Amor puro y sin sombras.

Mientras se vive en un nivel de sensaciones, ni siquiera se puede imaginar este mundo gozoso y feliz del espíritu.


Darío Lostado
(Mensajes De Verdad)

miércoles, 18 de agosto de 2010

¡POR QUE ESTAMOS AQUÍ?


Todos los problemas que existen en el mundo, están en el interior de cada uno.
El ser humano tal y como existe "aquí y ahora" en este planeta Tierra es un ser autodesarrollante.
No sabemos cómo ni por qué pero lo cierto es que el hombre no está completamente hecho, "perfecto". Su misión en la vida es "hacerse", perfeccionarse, realizarse o lo que es lo mismo, hacer efectivo, llevar al lo que es en potencia.
Al olvidar esta su misión, el hombre se lanza en la vida a una actividad frenética por "realizar" una idea que tiene de sí mismo, que consiste en satisfacer ciertas exigencias físico-materiales de los sentidos y en sobreponer la idea de sí a la idea de los demás o lo que es lo mismo hacer que su ego o "yo" interior esté siempre por encima del ego o yo inferior de los demás.
Y aquí surgen los problemas.
Los problemas los crea cada uno cuando en lugar de dedicarse a "realizar" su misión, su propia naturaleza verdadera, se lanza a defender y fortalecer ese fantasma imaginario que se ha creado de sí mismo.
Todas las guerras, todas las injusticias sociales, todos los conflictos humanos internacionales tienen su origen en los desajustes y conflictos internos del hombre. Y no del hombre abstracto sino bien concreto, en tí, en mí y en cada uno de los que caminan por la calle. Es cierto que los conflictos internos de los hombres que dirigen y gobiernan los pueblos y los Estados tienen más influencia e importancia que los de un simple ciudadano sin poder alguno en la sociedad. Pero cada una de nosotros cooperamos a nuestro modo en ese estado de cosas.
Las ciencias psicológicas han creado e ideado terapias diversas para cambiar o mejorar la conducta humana. Las más avanzadas tratan de cambiar la actitud mental del hombre. Se dice que la mente con un determinado tipo de ideas conduce a un determinado tipo de conducta. Por tanto basta cambiar los contenidos mentales que son las ideas para que la conducta también cambie.
Hasta ahí todo eso es correcto.
Pero hay que resolver el problema base que es la base de todos los problemas.
Entre todas las ideas que albergamos en la mente hay una que la máxima relevancia e importancia en nuestra vida. Es la idea que tenemos sobre nosotros mismos.
Es evidente que siempre hemos de tener una idea sobre nosotros como la tenemos sobre todas las demás cosas. Pero lo grave y nefasto es que constituyamos y hagamos de esa idea el eje y centro de nuestra existencia y nuestras preocupaciones.
Eso es exactamente lo que se intenta cuando se propone como un gran método terapéutico el cambiar y mejorar la propia imagen. Es cambiar la idea que tenemos de nosotros mismos por otra más elevada y positiva. Así estamos constantemente dando vueltas alrededor de un mundo de ideas, planeando sobre un mundo irreal en lugar de aterrizar, posarnos y afianzarnos en la realidad de nosotros mismos.
Se trata de descubrir por vivenciación y experimentación al sujeto de todas esas ideas. Quién es el que vive en este cuerpo, quién es el sujeto y actor de estos pensamientos, quién es el que percibe más allá de todas las sensaciones y percepciones.
Cuando nos demos cuenta de que el origen de las ideas que tenemos de las cosas y de nosotros mismos no es otra idea ni el cerebro sino una energía-realidad consciente y amorosa, directa de ello, eliminando y anulando todas las ideas preconcebidas por bellas y sanas que parezcan, entonces nuestra vida dará un giro radical y no necesitaremos de psicoterapias para cambiar de ideas o de imagen.


Nos han enseñado muchas cosas en el colegio y en la Universidad, pero no nos han enseñado a vivir. Es que son muy escasos los maestros de vida. A vivir sólo se enseña viviendo, como a amar sólo se enseña amando. De poco sirven las teorías, en esas dos asignaturas, que en realidad ambas son una sola. Lo importante es vivir consciente y amorosamente. No nos han ensañado qué significa estar completamente vivos.
Nos enseñan cómo mantener vivo y robusto nuestro cuerpo. Pero no cómo estar completamente vivo y despiertos.
Las preocupaciones de nuestros padres y educadores se han reducido a que nuestro cuerpo funcione lo mejor posible y que nuestra conducta se acomode lo más perfectamente posible a la sociedad en que vivimos.
Vivimos alejados de nosotros mismos. Es necesario volver al re-conocimiento de nuestra verdadera identidad real.
No sabemos con exactitud qué somos porque no nos lo hemos propuesto como problema básico y fundamental.
Creemos que somos lo que en realidad no somos.
No sabemos vivir porque no sabemos quién y qué es el que vive en esto que llamamos nuestro cuerpo, quién es el que vive esta vida que llamamos nuestra.
Las guerras, las crueldades, las injusticias... no son producto de unos cuantos señores más o menos locos, déspotas o ambiciosos. Somos todos, los que producimos y creamos ambiente de guerra. Vivimos permanentemente en pie de guerra porque vemos por todas partes actuales o potenciales rivales y enemigos.
La causa de las guerras y de las injusticias está en el corazón de cada uno de nosotros.
Hay guerra, desunión y desintegración dentro de nosotros. Desintegración o lucha entre el consciente y el inconsciente, contradicción entre lo que pensamos, decimos y hacemos y sobre todo desintegración entre lo que realmente somos y lo que vivimos.
No somos lo que vivimos. No vivimos lo que somos. Vivimos lo que no somos.
Somos todos un cielo. Pero la vida de muchos suele ser un infierno o por lo menos un purgatorio.
Cada uno de nosotros somos una maravilla potencial. Esa potencialidad puede actualizarse, puede realizarse cuando lo decidamos nosotros mismos. Pero únicamente lo decidiremos cuando lo veamos con toda claridad, cuando nos convenzamos de que esto no es una mera frase sino una auténtica realidad vivenciable y experimentable.
Vivimos dormidos. Mientras no despertemos, seguiremos viviendo este ensueño en el que estamos metidos creyendo que somos esto o aquello, que somos así y debemos ser asá. Todo son imaginaciones, sueños falsos, ideas e ideales. Muchas veces cuando vemos que no somos como deberíamos ser nos abandonamos al sueño de imaginar que algún día llegaremos a ser lo que imaginamos como nuestro ideal.
Todo esto es real. Aunque es posible que algunos de mis lectores lleguen a pensar que son unos simples remotas y bellas ideas.
Está muy lejos de mí la intención de acaramelar las mentes con un optimismo barato. No hablo de esperanzas de futuro sino de realidades presentes. Lo que digo no es válido para una vida posterior a esta. Sólo hay una vida. Cuando el cuerpo muere casi todo sigue igual. Solamente desaparecen las limitaciones del cuerpo material. Tu yo , tu ser, sigue vivo.
Lo que yo digo es válido para todos y para este mismo momento. Está destinado a todos y no sólo a unos cuantos privilegiados. Aunque sí es cierto que solamente lo ven lo viven y lo disfrutan los que se deciden con toda su alma y lo toman como el asunto más importante de su vida.


Lo más dura en el trabajo sobre la búsqueda de nosotros mismos radica en la dificultad de reconocer nuestros errores y falsedades. No nos gusta reconocer que vivimos engañando y engañándonos y que los seres más queridos también nos han engañado. Todo esto es muy duro y preferimos seguir en nuestro sueño antes que reconocer la verdad lisa y llana, que nos abriría la puerta de nuestra feliz y verdadera realidad.
Lo que yo propongo es un trabajo de investigación.
La investigación en las ciencias sociales se basa en buscar la naturaleza de la realidad fuera de uno mismo, en las cosas, en la materia, analizándola a través del cerebro, los sentidos externos y algunos sofisticados instrumentos que aumentan la capacidad de los sentidos orgánicos. Se investiga lo que se ve, lo que se oye, lo que se palpa, lo que se percibe por los sentidos y es medible, manejable y constatable.
El mundo occidental ha desarrollado esta clase de investigación en la medicina, física, química, biología, cibernética... Ha llegado a manejar hasta unos ciertos grados la materia, tanto la llamada viva de los organismos como la materia inerte.
La investigación interior no consiste en creencias ni en ideologías. Consiste en una visión clara interior de la propia realidad, de La Realidad.
Cuando esa visión se da, el que la tiene, siente el gozo de Ser la realidad siempre idéntica a sí misma. Entonces sabe quién y qué es él mismo.
Este estado de conciencia es posterior y superior al estadio de desarrollo que T. de Chardin llama la noósfera.
Cuando el ser humano llega a este estado de conciencia está preparado para contactar con otros niveles superiores del Ser.
La razón, la mente, los sentidos externos y los instrumentos sofisticados modernos nos proporcionan un tipo de investigación de la materia limitada. Pero no pueden darnos ningún conocimiento sobre la infinitud de La Vida y del mundo invisible que es el origen del mundo visible.
Los sistemas filosóficos empíricos solamente daban validez de realidad a todo y solo aquello que nos llegaba por los sentidos. Luego los racionalistas con su endiosamiento de La Razón, a la que levantaron incluso altares y estatuas, creyeron que el único medio fiable era la razón o la mente o el intelecto. Pero tanto la razón o la mente como el instrumento orgánico de que se sirve, el cerebro, son limitados. Con tales medios no se puede explorar lo más fino, lo más perfecto, lo más sutil. Lo más perfecto es siempre lo más simple, lo menos complejo.
Ahí se encuentra la dificultad de la investigación espiritual. Estamos acostumbrados a vivir de ideas y con ideas, siempre pendientes de la mente. Y la mente sólo sirve para lo complejo. No para lo simple. Lo simple solamente puede percibirse en la simplicidad del silencio mental con la luz de la inteligencia intuitiva y el sentir profundo más allá de los sentidos y las emociones.
Ver esto claro es una señal de demanda interior. Es señal de estar llamado a esta trabajo de un nivel superior. Cada uno vive en su nivel. Cuando se siente la demanda de "algo" más, hay que trabajar o disponerse a "ese algo más". Entonces uno supera su nivel anterior y poco a poco va viendo que lo que antes le llenaba y satisfacía, ahora le deja indiferente. Y también a la inversa: las cosas que antes le molestaban y le hacían sufrir, ahora no le hacen mella alguna.
A medida que va subiendo el nivel de conciencia, la perspectiva y los valores cambian.
Antes teníamos quizá muchos proyectos de cosas y muchas metas. Ahora aquellos proyectos y metas han perdido fuerza. Y entonces uno se pregunta: ¿Cómo es posible que eso que antes me parecía la antesala de la felicidad, ahora se vea como una tontería sin sentido?
A medida que se van descubriendo aspectos del mundo interior, los valores que daba a las cosas exteriores cambian.
Cada día vemos, que el mundo no es precisamente un paraíso. Uno tras otra van cayendo y fracasando las teorías políticas, económicas, sociales...


Las ideologías y hasta las religiones no logran que nuestro mundo sea más humano y más feliz.
¿Qué hacer?
Si queremos que el mundo sea un poco mejor y más feliz solamente hay un camino que nosotros podamos y tengamos que recorrer. Cada uno puede hacer que su pequeño mundo, el mundo de su vida com parte de su entorno cambie de signo. Nadie puede impedirnos el vivir desde nuestro mundo interior. Es éxito seguro. Cada uno puede transformar su vida. Todos podemos ser hombres nuevos.
No hay que hacer muchas cosas. Solamente hay que hacer una sola: ser auténticamente en cada momento de nuestra vida expresión clara y directa de lo que somos en nuestra realidad profundo.
Muchos queriendo cambiar el mundo, olvidan lo más importante: cambiarse ellos.
Un joven le dijo a Ramana Maharshi si en lugar de trabajar en conocerse a sí mismos, no sería más importante ocuparse de la justicia social. A lo que el maestro respondió: Desde luego, si ello es realmente importante y necesario para tu equilibrio interior.
Poco podemos hacer realmente efectivo por el mundo si no tenemos equilibrio interior, si no hay justicia dentro de nosotros.
Cada uno está donde está, para ser realmente lo que es, para cumplir la justicia consigo mismo y con La Vida, con la naturaleza que ha recibido. ¿Conoces tu naturaleza? Ocúpate de conocerla a fondo para que cumplas LO QUE ERES.

Darío Lostado
(Hacia La Verdad De Ti Mismo)


sábado, 19 de junio de 2010

AMOR-SEXO


El ambiente del mundo moderno está invadido por el sexo.
Después de un largo tiempo de tabúes sexuales ha explosionado la llamada libertad sexual que se ha constituido en una bandera símbolo de los que pretenden aparecer como revolucionarios y progresistas liberales.
Pero como siempre suele ocurrir en estos casos, se ha caído en el paradójico contrasentido de que aquello de lo que dicen estar liberados se ha constituido en las cadenas y barrotes de su prisión.
Bajo el slogan de la libertad sexual como señal de progreso en el pensamiento y en la vida, miles y millones de personas quedan atrapadas en la cárcel de la pulsión del sexo, reducidas a marionetas sin voluntad y dominadas por el instinto ciego.
La energía sexual, como toda energía del Universo es en sí misma, buena.
A veces esa energía o pulsión sexual es reprimida. Esa represión se convierte en patológica cuando no se quiere reconocer y la tensión aumenta en la medida que se va reprimiendo inconscientemente, como aumenta la presión del agua de un fuerte caudal retenida en un dique artificial.
Toda represión de cualquier energía natural en una persona constituye una cierta mutilación de la misma.
Toda energía de la Naturaleza es en sí misma positiva y buena. Y la energía sexual es igualmente buena. Y positiva.
Nos acostumbraron en el pasado, a considerar las tendencias sexuales como obscenas, impuras o pecaminosas.



Recuerdo aquella señorita un tanto mayor. Era muy religiosa. De esas personas a quienes suelen llamar beatas. Tenía el espíritu puritano de aquellos años, de la década de los 40 o 50. Decía con cierto aire de pietismo puritano. ¡Qué bonito sería el matrimonio si no fuera por "eso"! Naturalmente el "eso" para ella era la relación sexual. Después de mucho trabajo y diversos intentos logró casarse. Y en su matrimonio tuvo varios hijos, como resultado naturalmente de "eso".

Hubo en años pasados y aun subsiste en ciertos ambientes de nuestro tiempo un pseudo-moralismo centrado en la represión de todo lo que se refiriera al sexo.
No podemos caer en un angelismo desvaído que no acepte a la persona en su totalidad.

Somos una energía inteligente, amorosa, divina que está expresándose y manifestándose a través de este cuerpo físico que todos tenemos, con todas sus legítimas tendencias naturales. Querer desconocer dichas necesidades y tendencias es ignorar dónde estamos y con qué nos manejamos en nuestra existencia. Y la ignorancia de cualquier aspecto de nuestro ser es siempre nefasta.
El principio de la sabiduría es conocer lo que somos como entidad profunda esencial. Pero es necesario conocer igualmente el vehículo o medio físico a través del que nuestro ser más íntimo se expresa al exterior.
La sabiduría nos va mostrando, si sabemos entenderla, cómo debemos jerarquizar todas las tendencias y necesidades físicas como también las demandas internas del espíritu.
Ese difícil equilibrio y madurez hacen que la persona viva con moderación, templanza y sobriedad adecuada.
Cuando el acto sexual es la expresión física del amor profundo entre dos personas, implica al ser completo en el acto amoroso.
El amor verdadero es necesario para una estable y satisfactoria relación sexual.
La sexualidad en cambio no es necesaria para una sana durable y profunda relación de amor.
El amor verdadero es interno, consciente y perdurable y brota de lo profundo del ser.
La sexualidad es epidérmica, cortical y se origina en el movimiento hormonal de los sentido físicos.


La sociedad nos ha impuesto una serie de esquemas mentales sobre las costumbres y quehaceres humanos. Y nos hemos acostumbrado también a ciertos tópicos que son tan falsos como absurdos.
Uno de los tópicos convencionales que suelen usarse con más frecuencia es el referirse al acto sexual como "hacer el amor".
El amor no puede hacerse. El amor ES. El amor lo somos cada uno de nosotros. Se hace el sexo. ¿Por qué profanar la palabra más sagrada que existe en todas las lenguas?
No es precisamente el sexo la manera más adecuada y efusiva de expresar el amor. Porque aunque es posible y se da realmente, aunque excepcionalmente, suele pervertirse por centrarse la pareja en su propia e individual satisfacción sensual.
Es conveniente, por tanto, no caer en extremismos que conducen a una mayor confusión.
El acto sexual puede ser una perfecta expresión del amor más auténtico y profundo y puede conducir incluso al éxtasis amoroso, en que ambos se sienten no sólo física sino íntimamente UNO.
Pero es necesario dejar bien claro que para que se dé este éxtasis amoroso es fundamental que la pareja acceda al acto sexual con un sentimiento auténticamente amoroso y no por deseo de satisfacción sensual.
Muchas personas se engañan fácilmente tratando de convencerse de que su amor es auténtico y verdadero, siendo fundamentalmente sensual y egoísta. Podrán comprobar su autoengaño si habitualmente sienten un vacío interior y de un modo especial después del orgasmo sexual. Puede darse en un momento determinado una cierta satisfacción física y al mismo tiempo un vacío interior. Conviene no confundirse.


Darío Lostado
(Somos Amor)


domingo, 9 de mayo de 2010

APRENDER A VIVIR


VIVIR HACIA FUERA
VIVIR HACIA DENTRO

Es muy frecuente encontrar personas que no pueden estar solas Necesitan tener sus sentidos ocupados con impresiones externas.
Cuando los estímulos externos no son suficientes, se sienten aburridos, hastiados...
Es como si su vida se alimentase sólo de estímulos externos. Y cuando estos estímulos disminuyen o faltan, su vida queda sin sentido.
Se forma un círculo vicioso: al vivir sólo hacia fuera, dependiendo de esos estímulos externos, se crean un hábito de buscar constantemente impresiones externas. Y al vivir así se hacen más superficiales y más dificultad tienen de entrar dentro de sí mismos.
Son los que viven hacia fuera.
No podemos prescindir de vivir hacia fuera. Porque nuestra unidad psicosomática necesita conectar con la realidad física a través de los sentidos físicos.
Pero vivir sólo hacia fuera es vivir a medias.
Nuestra vida más luminosa, más intensa, más valiosa, más profundo, más duradera, más gozosa, más creadora se desarrolla dentro, en la actividad interior de los pensamientos y afectos, de las ilusiones, de la imaginación creadora, de la conciencia.
Necesitamos vivir mucho más hacia dentro.
Vivir hacia dentro no excluye el vivir hacia fuera.
No vive bien hacia dentro quien no tiene presente esta realidad de los sentidos externos, del mundo sensible.
Pero tampoco vive bien hacia fuera el que prescinde de su vida de dentro, de sus actividades más específicamente humanas, las actividades que nos desarrollan más como personas y se quedan en la periferia de sí mismos.
La gente se aburriría menos si viviese más su realidad interior, si viviese más hacia dentro.
Algunos tienen miedo de entrar dentro de sí mismos. Tienen miedo de enfrentarse con sus propios pensamientos, efectos, deseos, miedos, aversiones, temores...


Ese es el efecto trágico del desconocimiento de sí mismos.
Nuestro interior es mucho más bello de lo que pensamos. A pesar de nuestros defectos y deficiencias.
Esos defectos y actitudes negativas no son, ni mucho menos, nuestra realidad.
Nuestra realidad es buena y luminosa, creadora y gozosa. Cuando no vivimos desde dentro nuestra realidad verdadera es cuando aparecen los defectos.
Viven con gozo hacia dentro los que han descubierto su riqueza interior. Y al vivir hacia dentro, más aumentan su riqueza.
Muchas personas caen y viven en esa vorágine de la espiral viciosa que les arrastra a vivir fuera de sí mismos. Siempre hacia fuera, hacia las cosas, huyendo de sí mismos.
Sólo podemos hacer algo verdaderamente humano desde dentro de nosotros mismos.


Darío Lostado.
(La Alegría De Ser Tú Mismo)


domingo, 4 de abril de 2010

SABER AMAR


AMA Y HAZ LO QUE QUIERAS


Ama y haz lo que quieras.
No es mía la frase.
La dijo hace mucho tiempo un hombre que amó mucho falsamente, envuelto en sombras e inquietudes y después de desearlo y buscarlo con sinceridad y constancia, llegó por fin a amar mucho de verdad La VERDAD. Fue Agustín de Hipona.

Ama y haz lo que quieras.
Porque si amas bien, si tu vida está empañada de amor, si tu vida es toda ella expresión de amor, es seguro que cuanto hagas será fruto del amor.
Y lo que es fruto del amor verdadero, es lo más humano, lo más auténtico, lo más perfecto.
El peligro está en los equívocos del amor.
Los sucedáneos del café no son café.
Los sucedáneos del amor no son amor.

Cuando un día les dije el título de este libro a unas personas, alguna de ellas se sonrió y dijo con cierto tono de liberación: O sea, que si amo a alguien ¿puedo hacer lo que quiera?
Si amas, si tu vida es expresión de amor, todo lo que hagas como expresión de ese amor estará bien. No es amor todo lo que suele llamarse amor.
Cuando amas de verdad a una persona todo lo que hagas a esa persona será fruto y efecto de tu amor. Y el fruto del amor nunca puede ser malo.
El amor a alguien es el sentimiento profundo y la actitud verdadera hacia esa persona para darle y hacer lo que es mejor para ella. Amor es el sentimiento subjetivo de ser de Unidad con la persona amada. Dios es Amor porque es uno en todo y con todas.
Hacer lo mejor para una persona no es siempre hacer lo que es más agradable para ella.
Lo mejor no es siempre lo más agradable.
Lo más agradable no es siempre lo mejor.
Lo mejor no es lo que a esa persona momentáneamente le resulte lo más agradable.
El amor no es ciego. Los instintos sí son ciegos. Y aunque hay que amar con el corazón, si el sentimiento amoroso es verdadero, los ojos del corazón verán lo que es mejor para la persona amada que no siempre coincide con lo más gustoso y agradable
Y cuando se ama de verdad a alguien no se puede excluir de amar a nada ni a nadie.

El amor para ser completo y verdadero, fruto de nuestra esencia humana y no solamente fruto de un interés egoísta o gusto aparente o momentáneo, debe ser universal.
Cuando el amor es verdadero, por el amor a alguien no se menosprecia u odia a nadie, aunque aparezca o sea enemigo de la persona amada.
El amor verdadero es incluyente. No excluyente.
El amor universal no es etéreo o vago, desdibujado, abstracto. No.
El amor universal es amor a todo y a todos. Pero concretado en cada momento en aquellas situaciones y personas con las que vivimos en ese momento.
Es frecuente ver a personas que se extasían hablando del amor universal y desprecian y calumnian a las personas que viven con ellas. Es la trampa del sentimentalismo del amor. Amar a todo el mundo es amar primero y ante todo a los que en cada momento están viviendo junto a mí.
El amor universal no es un recurso retórico para quedarse en meras frases sensibleras y bellas palabras.
El amor universal es y debe ser vida en cada instante, con todo, y con todos. Incluso con los que resultan antipáticos y odiosos.
Amar a los que llamamos "malos", no es simplemente respetar su modo de ser u obrar. Es aceptarlos y comprenderlos con el verdadero sentimiento amoroso por el que deseo para esa persona lo que es mejor para ella y estoy dispuesto a hacer por ella lo que realmente pueda en cada momento.
El amor universal es amar a los que parecen buenos como a los que parecen malos. (¿Quien es bueno y quien malo?)



Amor universal es amar a los que me hacen un favor como a los que me roban y calumnian.
Amor universal es amar a los que me sonríen y a los que me esquivan.
Amor universal es sentirse una nota musical en una sinfonía. Lo mismo se usa para una marcha triunfal que para una marcha fúnebre.
La sinfonía de la vida humana no es armoniosa, porque cada uno de nosotros, por no amar, somos una nota que desentona. No sonamos lo mismo en los momentos tristes que en los momentos alegres, con las cosas que nos desagradan y con las cosas que nos gustan. Debiéramos ser siempre una nota armoniosa, clara, sin desentonaciones. Una nota con la que se cuenta siempre.
Una sola nota repetida sin cesar tampoco es una sinfonía. Son necesarias muchas notas distintas, afinadas por el amor, para que suene la sinfonía de la Vida. Mi amor debe animar y generar el amor en los demás. Lo mejor para ellos es que empiecen a amar.
El amor universal es tanto más verdadero, cuando por muy concreto que sea hacia una persona, no excluye a los demás.
Es un amor a la vida en todo y en todos.
El amor universal no queda limitado, cerrado en una persona. Esa persona debe ser el punto de concreción de mi amor universal a la Vida.

Cuando algunas personas por creer o querer amar más una persona excluyen a los demás de su radia de amor aunque parezca lo contrario, están disminuyendo y empequeñaciendo el amor a su persona amada. Más aún, están minando y poniendo en peligro el amor a la persona que creen amar.
La posesividad y la exclusividad del amor es el gran fraude a la Vida.
Sólo cuando amamos desde el fondo de nuestro ser el amor nos da libertad para hacer lo que queramos.
El amor superficial de los sentidos, instintos ciegos o intereses rastreros y raquíticos, no es amor verdadero.
El amor superficial no nos hace libres sino esclavos.
El único amor que nos da libertad de hacer y obrar es el que nos impulsa a buscar la felicidad verdadera y completa del ser amado. El que nos hace sentirnos UNO con el ser amado. El que es irradiación del Ser y felicidad que somos en nuestro ser profundo.
Sólo el que busca la realización integral del ser amado, como ser humano, ama de verdad.


Sólo así el amor libera.
Sólo así el amor crea.
Sólo así el amor llena.
Sólo así el amor eterniza.
Sólo así el amor vence.
Sólo así el amor basta.
Sólo amando así podrás hacer lo que quieras.

Darío Lostado (Ama y Haz lo que Quieras)