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lunes, 28 de mayo de 2012

LIBÉRATE DE LAS DEPENDENCIAS


Puedes poseer el mundo entero, pero no dependas de nada.

En los años de tu formación has recibido muchas ideas sobre muchas cosas. A veces, en tu ingenuidad, has llegado a pensar que esas ideas eran tuyas, que habían nacido en el centro de tu ser o al menos en tu mente. Pero eran aprendidas, recibidas de tu educación y entorno social.

Si quieres respirar el aire fresco de la libertad, no te ates a ninguna cosa, a ninguna idea, por bella y útil que te parezca.

Tu ser, tu espíritu, no necesita de las muletas de la ideas y de las cosas.


A tu intelecto temporal y limitado pueden serle útiles en esta corta existencia, mientras no se quede aprisionado en ellas.

Para volar, necesitas soltar el lastre, el apego a tus cosas, creencias, ideologías.

Las cosas que la vida te da son la oportunidad que te ofrece para que conozcas y llegues a lo Inmanifestado de ti, detrás de esas apariencias manifestadas.

Las cosas, ideas, imágenes son manifestación de la luz de tu Ser Inmanifestado.


Darío Lostado
(Despertar A La Conciencia Día A Día)


miércoles, 4 de enero de 2012

EL ETERNO JUEGO


Estar apegado a algo es sentirse identificado con el objeto del apego o pensar que el objeto de apego es algo de nosotros mismos.
No hay tantos seres como objetos. En realidad, solamente hay un Ser y todo lo existente es participación de ese único Ser.
Comúnmente hablamos de seres distintos, porque los identificamos por sus formas externas, pero dichas formas no son el constitutivo esencial del ser.


Yo, como ser, no soy distinto de ti como ser.
Mi forma (que no ES) es una apariencia, distinta de tu forma y de las de los demás.
La existencia de mi forma y las infinitas formas visibles es el eterno juego de las expresiones de La Vida, del SER.


Darío Lostado
(Mensajes De Amor)

viernes, 16 de diciembre de 2011

LIBÉRATE DE LO INNECESARIO


Estábamos en un gran aeropuerto. Mirábamos aquellas tiendas repletas de preciosos y tentadores objetos para ser comprados. Yo me reía con gran satisfacción, mientras recorríamos aquellas tiendas y escaparates deslumbrantes y atractivos. Un accidental compañero de viaje me dijo: "¿Por qué te ríes?"
Yo le contesté: "Por lo mismo que el sabio Diógenes mientras visitaba la feria de Atenas. Veo todo esto y pienso qué bien me siento no necesitando ninguna de estas cosas en absoluto".


El mundo de la publicidad está montado para hacer que se compren cosas innecesarias. Lo parcialmente útil lo convierten en necesario. Y el incauto comprador cae en sus redes engañosas.
El consumismo es la moderna modalidad de una esclavitud disimulada.
Quien no sabe prescindir de lo superfluo se convierte en prisionero de sus caprichos.

Muchos claman por su libertad, mientras son víctimas fáciles de esas pequeñas esclavitudes sin fin, de deseos y dependencias inútiles e innecesarias.

Son muy pocos los hombres y mujeres libres de deseos inútiles y absurdos.


Darío Lostado
(Atrevete A Ser Libre)

lunes, 24 de octubre de 2011

¡BIENVENIDO SUFRIMIENTO!


El sufrimiento es una bendición. Aunque para la mayoría suele resultar y parecer una maldición.
Es una bendición para todos aquellos que saben aprender la lección que el sufrimiento conlleva.
Es una maldición para quienes tienen como meta y objetivo único en su vida gozar y no sufrir y consideran la vida y el mundo como el escenario y la morada del placer inmediato y sensible.
Pero la vida no es eso.
Cualquier clase y grado de sufrimiento lleva consigo una enseñanza apropiada a cada momento y situación. Cualquier dolor, cualquier prueba, cualquier contratiempo, cualquier pena y sufrimiento nos quiere decir y enseñar algo. Y una enseñanza de vida es una gran bendición.
Pero no es suficiente para que cualquier sufrimiento tenga un sentido didáctico. Es necesario saber sacar la lección. Una frase escrita puede tener una gran enseñanza. Pero no sirve de nada si no se sabe o no se quiere leer.
Cualquier prueba, dolor o sufrimiento es la lección clara de que eso es a lo que estamos apegados y hemos perdido total o parcialmente, no debe ser objeto de nuestro apego posesivo y obsesivo. Cualquier clase de sufrimiento nos enseña a soltar, a dejar, a desapegarse, a no depender de algo que está ahí, quizá para nuestro uso o para otros infinitos fines y motivos pero no para que nos quedemos apegados y dependientes de ello.
Sufre el que quiere.
Sufre el que quiere mantenerse apegado a algo.
Cuando este algo, objeto de su apego le falta o teme que puede faltarle surge el sufrimiento.
Por más que una persona ate, reate y trate de asegurar aquello a lo que está apegada, tarde o temprano le ha de faltar y vivirá siempre bajo el temor de que puede faltarle. Este temor es ya en sí mismo un constante sufrimiento.
Solamente logra no sufrir el que no está apegado a nada ni a nadie.
Cuando una persona es afectada por el sufrimiento de algo que ha perdido o cree haber perdido y sabe sacar la lección de que su vida, su ser verdadero es mucho más grande, más rico, más fecundo y más feliz que ese apego que ha perdido o teme haber perdido, su sufrimiento se convierte en el mayor de los bienes, en la mayor de las bendiciones.
Para quien no sabe aprender de la vida, el sufrimiento va multiplicándose en cada situación de fracaso o temor.
Son muchos los que tratan y se esfuerzan para que su vida sea una constante suma de placeres, satisfacciones y éxitos. Ese parece ser el objetivo más codiciado por la mayoría. Pero en la vida de todos y también de estas personas hay momentos en que la conciencia surge de su letargo y aparece con toda su lucidez mostrando la futilidad de tanto trabajo y empeño por correr permanentemente tras el brillo vano del placer y el éxito. Entonces se ve y se comprende la transitoriedad y vacuidad de todos los objetos de nuestro apego o surge amenazante el temor de perder todo aquello en lo que se apoyaba nuestra dicha.
Solamente el que aprende la lección que la Vida le da con cada prueba, pasa entre los sufrimientos y placeres con la serena y segura certeza de que su felicidad está más allá de los unos y de los otros. Ni los placeres le deslumbran y enloquecen de alegría ni los sufrimientos le deprimen o entristecen. Él vive ajeno a unos y otros porque sabe que no está ahí para huir del dolor ni correr tras el placer. Sabe que vive únicamente para ser expresión viva de Lo Que Es. Y eso es mucho más que todo lo transitorio que pueda desear temer, sea placentero o doloroso.

Es afortunado aquel a quien La Vida sacude y golpea en algún momento con alguna decepción o desgracia y lo lleva a buscar el verdadero sentido estable de sí mismo más allá de todo lo temporal y contingente, en lugar de seguir adormecido y engañado en las momentáneas y ficticias alegrías pasajeras.
Quien prefiere la inmediatez aparente y momentánea del placer transitorio seguirá adormecido e impedido para la búsqueda de algo mejor, de lo único que es permanente y la auténtica causa de nuestra felicidad.
Entender esto que estamos diciendo es ,al menos estar en el camino de la búsqueda. Y progresar en este camino significa no correr constantemente persiguiendo el placer como el burro tras la zanahoria.
Quien quiere sincera y honradamente vivir la libertad verdadera con un sentido claro de su existencia sabe que placer y dolor, pena y alegría son dos caras de la misma moneda. Son dos aspectos aparentemente opuestos de la existencia limitada, tras la que se esconde el Ser Absoluto y a través de la que se expresa en sus infinitas formas El que es la base de todo y dirige todo con sabiduría perfecta. El está presente, gobierna y dirige todo cuanto existe tanto lo que nos resulta agradable, placentero y positivo como en lo desagradable, penoso y aparentemente negativo. Este Ser que es la Conciencia Pura y Absoluta se manifiesta de un modo especial en la conciencia humana de cada hombre y mujer. Pero el nacimiento del "ego" individual en el ser humano (pecado original) hace que la mente egoísta acepte y califique de bueno lo que le es placentero y de malo lo que le resulta desagradable. La conciencia interna con su luz interior todo lo ve proveniendo de la misma mano, con la misma sabiduría y la misma infinita bondad.
Por todo ello, la persona iluminada y conducida por la voz interior de su conciencia profunda se siente siempre libre de temores y deseos porque sabe que la moneda es siempre la misma tanto caiga de cara como de cruz.
Por eso es libre el que está liberado de la pulsión hacia el placer y del miedo y aversión al dolor. Y considera tanto el placer como al dolor como dos extraños impostores que quieren adueñarse de la dirección de su existencia.
Cuando los psicólogos hablan de las fuerzas que arrastran y zarandean a los seres humanos de aquí para allá suelen referirse a la tendencia innata, ciega e irrefrenable hacia el placer y la natural aversión al dolor.
Esa tendencia suele ser calificada como natural y normal en el ser humano. Pero es tendencia natural solamente de la materia sensible, de la parte biológica, del cuerpo del ser humano como lo es de cualquier materia viva sin conciencia de sí misma, sin conciencia de su propia naturaleza.
Pero esa tendencia no resulta ni natural ni normal en la persona que ha despertado en su conciencia interior, en lo que es más específicamente humana. Entonces, la comprensión de que placer y dolor, blanco y negro, positivo y negativo son aspectos diversos pero propios, naturales y normales de todas las infinitas formas de manifestación del SER (Dios) hace que unos y otros sean igualmente bienvenidos sin rechazar lo que aparece como desagradable ni desear con apego lo agradable.
No hay tendencia más verdaderamente humana que la de querer ser, vivir y realizar lo que en el fondo SOMOS, lo que siempre fuimos en origen y lo que jamás dejaremos de ser.
Es la tendencia a vivir el SER, el Absoluto que somos en el fondo. Es la tendencia al paraíso de la felicidad que somos y del que salimos y lejos del cual hemos vivido exiliados en el desierto repleto de falsos espejismos que se nos aparecen como si fueran la Realidad.
Es evidente que la causa de nuestros sufrimientos suele residir en los muchos deseos que alberga nuestro "ego" y en los temores consiguientes.
Pero como en tantas otras cosas, caemos en el absurdo de querer eliminar los efectos sin quitar las causas.


Mientras vivamos encarnados en un cuerpo tendremos un "ego" que regule nuestra vida existencial. Pero el desarrollo de la madurez humana, es decir, el desarrollo y evolución de la conciencia de sSí mismo, de lo que somos en nuestra naturaleza profunda, hace que el ego quede reducido a su lugar, a su propio objetivo que no es otro que el mantenimiento del cuerpo y la personalidad. Solamente eso.
Cuando por el contrario no hay el suficiente desarrollo de la conciencia en una persona, el "ego" asume la dirección total y absoluta de la persona y queda atrapada por los infinitos deseos absurdos sin orden ni medida. La vida entonces se convierte en una carrera alocada de deseos y más deseos y por ende, de temores sin fin. El "ego" es entonces el dueño de esa vida.
Así puede establecerse esta sucesión de causas y efectos: A mayor "ego" más deseos y temores. A más deseos y temores, más sufrimiento.
Dicho de otra forma: Si quieres eliminar tus sufrimientos, elimina los deseos y temores. Para eliminar los deseos y temores, controla el "ego" y redúcelo a su función propia y exclusiva. Y para controlar el "ego", toma conciencia de ti mismo, de tu realidad central, de tu yo Superior.
Pero ante la realidad actual del sufrimiento ¿qué hacer?
Ante todo ACEPTARLO.
Aceptarlo no quiere decir simplemente resignarse porque no hay más remedio.
Aceptarlo quiere decir tomar conciencia de que ese dolor está ahí porque tiene que estar.
Aceptarlo quiere decir que estamos convencidos de que ese sufrimiento es justo, que es la consecuencia lógica y normal de ciertas causas, aunque de momento sean oscuras o desconocidas para nosotros.
Aceptarlo es decirlo SI sin quejas ni lamentos inútiles.
Aceptarlo quiere decir que sabemos que Dios está con nosotros y preside tanto los momentos de alegrías profundas como los de amargo sufrimiento.
Dios no es sólo el Dios del radiante amanecer sino también el de la noche oscura. Dios de las flores y del cieno, Dios de las tormentas devastadores y de los días primaverales de calma, Dios de las profundidades osucras de monstruos marinos y de los pajarillos juguetones en la enramada, Dios en el rostro candoroso e inocente del niño y en el instinto oscuro del violador y asesino, Dios en el inocente cordero devorado y en el león feroz su devorador.
La ventaja de aceptar el sufrimiento es doble. En primer lugar al aceptarlo, el sufrimiento disminuye y hasta desaparece. En segundo lugar nos señala el camino para nuestra propia evolución y madurez.
La vida toda hasta en sus más nimios detalles tiene un sentido didáctico. Aprender de ella es entender su sentido.


Darío Lostado
(Hacia La Verdad De Ti Mismo)


jueves, 1 de septiembre de 2011

MANOS ABIERTAS


Es un buen punto de reflexión la bella poesía que me ha enviado mi amigo poeta Henry Whitechurch.


Quien quiere poseer cierra su mano

oprimiendo al objeto deseado,

pensando así que al aferrarse

es más dueño del bien tan codiciado.

¡Triste ilusión y trágica quimera!

pues en su afán de poseer

no cae en la cuenta

que cabe mucho más en mano abierta.

Quien quiera, pues, tener alguna cosa

sin ser por ella misma poseído,

ha de ser libre cual pájaro feliz

que nunca se aferra al mismo nido.

No quien cierra su mano tiene más

ni quien tiene más, por ello es más dichoso.

la mano abierta, las alas desplegadas

darán gozo a tu vida y a tu corazón, reposo.





Darío Lostado
(Mensajes De Alegría)


sábado, 19 de febrero de 2011

AMOR A LAS COSAS



Aunque normalmente cuando hablamos del amor nos referimos al amor entre personas, hemos de aceptar que nuestra existencia está llena de otros muchos amores, el amor a muchas cosas.

Hemos dicho que el concepto del amor más corriente y aceptado es o consiste en la atracción o inclinación hacia algo que aparece como apetecible y deseable.

Todos conocemos personas que sacrifican hasta su propia salud o la vida misma por conseguir o mantener ciertas cosas que aman, apetecen o desean.

Recuerdo aquella señora que cada mañana del dura invierno yo veía, cuando marchaba a mis clases, lavando su sencillo y utilitario coche que tenía siempre aparcado delante de su casa. Aquella señora amaba su coche.

Conocí una señora ya anciana, con achaques serios de salud a quien el médico le había recetado unas píldoras que debía tomar diariamente. Cada día tomaba en la mano una de aquellas pildoritas mirando a sus hijos con cara de pena al mismo tiempo que a la píldora que tenía en sus manos y les decía con tono de lástima: ¡Ay, qué ruina!, mirad, ¡quince pesetas! (unos quince centavos de dólar).

Aquellas píldoras con seguridad le hacían más daño que provecho, por el dolor y tristeza que le causaba el gastar quince pesetas en cada una. Ella amaba el dinero más que su propia salud.

Todos conocemos algunas personas que exponen su salud por ganar más y más dinero. O personas que están tan apegadas a sus cosas que son capaces de sacrificar hasta lo más valioso por ellas.

Ese deseo, esa atracción o dependencia de las cosas suele llamarse amor.

Digamos ya desde ahora, que hasta esa clase de amor es en sí mismo positiva. Sí. Incluso el amor del avaro a su dinero es en sí mismo positivo y bueno en cuanto expresión de una energía hacia algo.

Todo acto de voluntad o energía es positiva. Aunque sea incorrecta la actitud o dirección de quien dirige esa energía hacia unos fines no correctos o inadecuados.

La energía en sí misma es buena.


Lo que la puede convertir y de hecho la convierte en negativa o destructiva es la dirección o intencionalidad del deseo y la ignorancia o falta de conciencia en la jerarquización de los valores, puesto que muchas veces un valor inferior se absolutiza y de ello se siguen más efectos negativos que positivos.

Oímos a veces hablar con demasiada frivolidad y ligereza que el amor al dinero o tal o cual cosa es malo.

En realidad no hay amor malo, sino actitudes malas, erróneas o incorrectas.

Hay que repetir una y otra vez que las cosas, los objetos, el mundo no es malo.

Puede haber y de hecho lo hay, un mal uso de las cosas o del mundo. Pero todo cuanto existe es en sí mismo bueno.

Podemos aclararlo con un simple ejemplo. Sabemos que el rayo láser sirve para infinidades de usos positivos y hasta para sanar enfermedades y salvar vidas. Ese mismo rayo láser dirigido para matar se convierte en malo o destructivo. No es él malo sino la dirección que se le da.

Lo mismo podríamos decir de la energía atómica y tantas otras cosas más.

Las cosas son buenas. Por tanto, amarlas también lo será.

Pero el amar las cosas como si fueran el objetivo último de tus acciones y tu vida, en lugar de usarlas como medio e instrumento para un fin superior es lo que constituye el deseo de ellas en incorrecto o malo.

Dios puede y debe ser amado en todo lo existente y visible.

Pero amar el medio, las cosas, y quedarse encadenado en ellas impidiéndote conseguir llegar al fín para el que están destinadas puede convertir su uso, apego o amor en incorrecto o mal porque lo que era un medio se ha convertido en fin.

Todas las cosas son buenas cuando se usan para lo que han sido hechas y tú las posees sin que ellas te posean a ti.

Quien vive apegado y encadenado a las cosas, se inutiliza para amar.


Darío Lostado
(Somos Amor)