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jueves, 16 de mayo de 2013

EL ESTADO NATURAL DEL SER HUMANO


La alegría interior, la felicidad, es el estado natural del hombre.
Pero son pocos los que viven esa alegría profunda y feliz, porque son contados los que viven desde su ser interior.


El estado anímico de la mayoría de las personas está dependiendo comúnmente de las cosas y situaciones externas. Hemos supeditado y esclavizado nuestro ánimo a las cosas y acontecimientos.
Te liberarás cuando vivas la alegría verdadera en ti desde ti mismo.


Darío Lostado
(Mensajes de alegría)

martes, 11 de septiembre de 2012

miércoles, 13 de junio de 2012

SIMPATÍA


No desprecies una sonrisa, venga de quien venga, ni fuerces artificiosamente la tuya.

Deja que la simpatía surja de ti naturalmente hacia tus hermanos los hombres, no por su formas de ser o su conducta sino por la afinidad de nuestra naturaleza esencial.


Todos tenemos la misma necesidad de sonreír y comprendernos.

Si sientes el Amor que eres, la simpatía, cordialidad y aceptación sincera brotarán en ti como una fuente alegre y luminosa.


Darío Lostado
(Mensajes De Alegría)

sábado, 2 de junio de 2012

CANTO DE ALEGRÍA


Cada día, cada mañana debería florecer en tus labios un canto de amor y alegría.
Cada mañana al abrir los ojos debes darte cuenta de que ése es un día más que La Vida te regala.
Desecha los temores que ensombrecen tu alma.
Desecha los recuerdos del ayer cercano o lejano con imágenes deprimentes, como intrusos visitantes no deseados.

Hoy puedes cantar.
Hoy puedes amar.
Hoy puedes vivir con renovada alegría.
La Vida es generosa contigo.
¿Por qué añorar y ansiar lo que no tienes?


Haz hoy tu trabajo. Evita el gesto quejumbroso.
Sólo tienes que hacer tu trabajo. No el de los demás.
Haciendo bien tu trabajo, estás haciendo lo mejor por los demás. La Vida te irá diciendo en su momento si tienes que hacer algo más.

Si haces lo que tienes que hacer, rebosarás de gozo. Y ese gozo será la mejor ayuda para los demás.
Haz lo que amas. Y sobre todo ama lo que haces.
Si el amor preside tu día desde que abres los ojos hasta que los cierras, estarás cumpliendo con La Vida.


Darío Lostado
(Somos Amor)


miércoles, 15 de febrero de 2012

SER

Es bello ser.
Ser es existir.
Existir es ser expresión del SER, de Dios.
Ser expresión de Dios es ser mensajero de Dios.
Ser mensajero de Dios es tener una misión encargada por Dios.
Ser es ser una carta en la baraja del Creador.
Ser es ser una ola del gran océano.
La ola es también océano.
¡Qué alegría ser océano!
Ser es ser un rayo de sol que llega sin preferencias
a cualquier parte y a cualquier lugar.
¡Qué alegría ser luz del sol!
Ser es ser rayo de luz
que lleva a todos vida, luminosidad, claridad, calor.
Ser es ser algo. No ser nada.
Ser es expresar, hablar, cantar.
Ser es ser el Ser.
¡Qué alegría ser!
Hoy al despertar veía el sol nacer, entre la bruma del mar.
Le he dicho:
¡No me grites! Ya sé que soy como tú.
Y las nubes le pusieron sordina a su canto.
Mientras el sol me hablaba.
el mar suavemente susurraba al oído de la playa.
Ola tras ola, como hermanos infinitos
llegaban a mis oídos y mi alma.
Me decían: Yo soy ola, tú eres ola, todos somos océano.
¡Qué alegría ser ola!
¡Qué alegría ser océano!
El sol se asomó entre las nubes
y se reflejó en el océano.
Una voz sin palabras repetía dentro de mí:
"Yo soy rayo, yo soy sol,
Yo soy ola, soy océano."
¡Qué alegría ser!
¡Qué alegría ser rayo, ola sol y Océano!


Darío Lostado
(Vivir Como Persona)


martes, 15 de noviembre de 2011

EFICIENCIA


Nuestro mundo moderno valora y premia a las personas eficientes.

Una persona es considerada eficiente y eficaz cuando hace muchas cosas exteriores. Si ellas son económicamente productivas, mucho mejor.

Pero el sabio sabe que no es nada valioso el que más se mueve o produce y hace más ruido con sus acciones sino el que calladamente cumple su deber sin alardes ni jactancia.

El éxito por la obra bien hecha es el mayor motivo de alegría, que está exenta de orgullo y vanidad.



Darío Lostado
(Mensajes De Alegría)

sábado, 7 de agosto de 2010

ALEGRÍAS FUGACES


Muchos son los que ponen toda la esperanza de su alegría en motivos triviales y baladíes. Muchos piensan que serán felices con la suerte en la lotería o juegos de azar.
Pero esa alegría es muy poco consistente y totalmente falible y fugaz.
Toda alegría que se base en los halagos del ego es tan falible, como falaz e inestable es su fundamento.


Todas las satisfacciones de los sentidos son buenas, como todo lo que la vida nos ofrece. Pero son fugaces y engañosas. El creerlas permanentes es causa de serias y probadas desilusiones.


Darío Lostado
(Mensajes De Alegría)


jueves, 5 de agosto de 2010

EL JUEGO DE LA VIDA


El discípulo se acercó al maestro y le dijo: "Me siento muy perplejo y confuso. Nos has dicho:

que amar es vivir...

que todo aquel que ama es feliz...

que donde hay amor hay alegría...

que el amor vence todas las dificultades...

que el amor es más fuerte que la muerte...

que quien ama jamás se siente solo...

que Dios es amor...

que a quien tiene a Dios nada le falta porque Dios está en él...

que el amor es la mayor riqueza humana...

Veo también que todo el mundo dice que ama, que todos cantan al amor, todos hablan de amor... Las películas, novelas y teatro versan casi siempre sobre el amor...

¿Por qué, maestro, si el amor es tan bello y todos aseguran amar y todo gira sobre el amor, hay tanta amargura, soledad, egoísmo, tristeza, infidelidad, engaño e infelicidad en el mundo y en el corazón de los hombres?"

Y el maestro respondió con estas palabras:

Hubo una vez un pueblo lejano en el que todos ocupaban gran parte de su tiempo en jugar juegos de azar y otros pasatiempos con monedas y billetes falsos o desvalorizados. Todos poseían gran cantidad de ellos. Todos parecían ricos. Muchos llegaron a creerse ricos de verdad. Pero ocupados en el engaño de sus juegos, cayeron en la más miserable pobreza. No podían adquirir ni lo más imprescindible para subsistir. Era paradójico. Todos se creían ricos, siendo en verdad paupérrimos indigentes. Y las enfermedades, calamidades y miserias se cebaron entre la población.

Hubo entre ellos alguna digna y honrosa excepción. Unas pocas personas, sencilla y calladamente, distinguieron el dinero verdadero del falso y adquiriendo el verdadero vivieron con salud, alegría y paz en medio de las miserias de su despreocupado e ignorante pueblo, siendo no obstante rechazados por la locura de la mayoría que los tachó de idealistas ilusos..."

El discípulo dijo al maestro: "¿Por qué no explicas el sentido de la parábola?"

Y el maestro le respondió:

"En el mundo en que vives hay valores verdaderos y falsos. La mayoría de los hombres están tan embebidos en el juego de los falsos valores convencionales, que se han olvidado de sus valores reales. Están tan absortos 'con sus juguetes'... con las falsas monedas del éxito... las apariencias frívolas y vanidosas... el orgulloso ardor por el poder... la obsesión por el placer momentáneo del sexo... que han llegado a desconocer y olvidar el verdadero camino de su felicidad.
Uno pocos comprenden que lo más meritorio e inapreciable no consiste en las conquistas frívolas externas sino al juego social. Son los que saben distinguir la moneda verdadera de la falsa. Son los que distinguen el placer de la felicidad, las apariencias, del fondo de las cosas, lo transitorio, de lo permanente, las posesiones y el dinero de la verdadera riqueza inferior, la ilusión, de la realidad; la engañosa mentida, de la verdad sana; las palabras huecas, del sentimiento puro; los formulismos veleidosos, de los principios básicos...

Todos ellos son tachados por la mayoría como ingenuos e ilusos, pero son los sabios auténticos".

Descubrir y entender el juego convencional del mundo es la sabiduría más útil y necesaria.

No todo lo que brilla es valioso. Mientras no se descubra el valor de lo simple y sencillo y se viva de la verdad y no de fantasías vanas, los errores del mundo serán la monedo falsa de la vida, y sus consecuencias, el vacío y la aflicción.

Se habla mucho del amor, pero no se vive de él.

El placer emocional es la cara falsa del amor.

Los deseos, pasiones y placeres egoístas son monedas falsas con nombre y apariencia de amor.

Los deseos, pasiones y placeres egoístas son monedas falsas con nombre y apariencia de amor, que no pueden comprar la paz y felicidad verdadera.

En la vida hay muchas clases de juegos falsos, frívolos y engañosos.

El juego auténtico de la vida es el juego de amor verdadero.

¿Cuál es tu juego?


Darío Lostado
(Atrévete A Ser Libre)



lunes, 28 de junio de 2010

TU ERES FELICIDAD



LA FELICIDAD ESTÁ DENTRO DE NOSOTROS

¿Por qué buscas esto o aquello, por aquí o por allá para ser feliz?
Aquel amigo mío se estaba volviendo loco, buscando sus lentes por toda la casa, cuando los tenía puestos ante sus propios ojos.
Es exactamente lo que nos ocurre cada día. Buscamos y buscamos lo que tenemos ante nosotros, dentro de nosotros.
Este es uno de esos graves errores en los que estamos metidos de lleno y del que son muy pocos los que se disponen a salir porque son muy pocos los que creen lo que estamos diciendo.
Si una persona tiene una gran fortuna en una cuenta de un banco, pero vive pobremente porque siempre ha creído que es pobre y así le han dicho durante toda su vida, le resulta difícil creer que es rico si alguien un buen día le dice que lo es.
Alguno me dirá: pero ¿cómo voy a creer que yo tengo o soy la felicidad si me siento tan infeliz tantas veces en mi vida?
Te respondo que no tienes que creerme a mí ni a nadie. Solamente es necesario que veas por ti mismo y examines por ti mismo lo que ocurre y lo que hay en ti.
Es un gravísimo error el creer que la felicidad nos llega de afuera, de algo exterior a nosotros mismos. Y este error está tan profundamente enraizado en nuestra mente y nuestro nodo de pensar que lo que estoy diciendo es difícilmente aceptable para muchos.
En nuestra vida vivimos muchos momentos de gozo, de alegría, de felicidad. Pues bien, todo ese gozo, toda esa alegría, toda esa felicidad la sentimos porque ya está en nosotros. Más todavía, nuestra naturaleza consiste o es esa plenitud, esa felicidad. Y cuando no sentimos la felicidad se debe exclusivamente a que estamos ausentes de lo que somos, no vivimos lo que ya somos. Cuando estás esperando que alguien o alguna cosa te dé felicidad te pareces a un millonario que está pidiendo limosna en la calle y está deseando que pongan unas monedas insignificantes en su mano para sentirse feliz.
En este error de base se originan casi todas nuestras desilusiones, frustraciones y depresiones. Al estar siempre pendientes ansiosamente de ser felices con algo que queremos conseguir o que alguien nos debe dar y esperamos que nos dé, sentimos tristeza y frustración cuando eso no llega o quizá nos llega del signo contrario al que esperábamos.
Aunque pueda parecer a algunos algo exagerado, es completamente cierto y evidente que hemos de cambiar la polarización de nuestra vida dando un giro de ciento ochenta grados si queremos ser felices. En lugar de mirar y buscar afuera, hay que mirar y buscar adentro. El recorrido de la felicidad no es de afuera hacia adentro sino de adentro hacia afuera.
Suele decirse que en esta vida no se puede ser plenamente feliz. Y eso es absolutamente falso.
Lo que ocurre es que como creemos que la felicidad es algo así como un recipiente que debe llenarse de cosas y no podemos en esta vida llenarlo completamente de esas cosas porque no podemos conseguir todas las que caben, llegamos a decir y pensar esa absurda y generalizada frase.



Basta que nos demos cuenta de lo que somos y veremos que no hemos de recibir nada, que ya somos todo, que ya tenemos más de lo que podemos desear.
Puede argüirse que son pocos los que llegan a darse cuenta de lo que son y se sienten felices. Pero afortunadamente no es una sola persona la que vive por lo que es. Son muchas.
Es curioso y paradójico advertir que en nuestra sociedad generalmente cristiana, al menos teóricamente, parezca una utopía lo que estamos diciendo, cuando el mismo Cristo dijo clarísimamente que el reino de los cielos está dentro de nosotros mismos.
El cielo no es por tanto, algo que hay que conseguir para después de muertos, sino algo que ya está en nosotros. Y no es ni consiste en nada que podamos conseguir de afuera sino que ya está en nosotros tengamos o no tengamos cosas de afuera.
Lo que ocurre es creer que la felicidad consiste en conseguir algo y al no poder conseguir ese algo con las cosas de esta vida nos hacemos la ilusión de que nos lo darán en la vida después de la muerte. Y entonces nadie nos dará nada. Lo que ocurrirá entonces es que desaparecerá la ignorancia de nuestra mente en la que estamos metidos ahora y al no existir los límites de los sentidos y la mente veremos a Dios cara y cara, que es lo mismo que ver al Dios que vive en nosotros.
El reino de los cielos que ahora existe en nosotros, lo veremos y disfrutaremos sin las limitaciones de nuestro cuerpo, las oscuridades de nuestra mente y las pequeñeces individuales de nuestro ego.
Entonces no seremos más, sino que desaparecerá la ignorancia, desaparecerán los velos que no impiden ahora ver, gozar y ser lo que somos. La muerte por tanto es la liberadora de nuestra ignorancia y de las limitaciones que nos impiden ver, gozar y ser. Por eso, los que se liberan ahora, en esta vida presente, de la ignorancia y las limitaciones que nos impone la mente y llegan a VER y comprender lo que somos, saben que ya somos plenitud y nada ni nadie puede darnos un ápice de felicidad, porque ya somos toda la felicidad que podemos llegar a soñar. Esa es la verdadera liberación. Esa es la verdadera realización humana: Liberarnos de la ignorancia sobre nosotros mismos y ver y vivir la Realidad que ya somos.
Mientras no nos convenzamos de que para ser y sentirnos felices no nos hace falta nada, absolutamente nada más que darnos cuenta de lo que somos, no sólo intelectual sino vivencialmente, jamás podremos gozar profundamente la verdadera felicidad.
Nuestra vida actual está basada en unos ciertos condicionamientos mentales. Pensamos que el día que se cumplan esos condicionamientos seremos felices. Si encuentro el trabajo que quiero y me gusta, si logro tal situación económica, si tal o cual persona me llegan a querer como yo deseo, si logro tener la fama y el prestigio que busco, si tengo la casa o las cosas que me gusta tener, si puedo comprar el auto que toda la vida he deseado, si tengo buena salud y mi familia esta unida alrededor de mí, si...
Infinitas condiciones que no se darán nunca juntas. Pero aunque se dieran quedaría siempre la espada de Damocles pendiente sobre nuestra cabeza de que todo eso puede perderse, puede quebrarse en cualquier momento. Siempre pendientes de algo que no depende enteramente de nosotros sino de infinitas circunstancias exteriores. Es penoso vernos a nosotros mismo mendigando constantemente de la vida las migajas que se caen de la mesa, siendo nosotros mismos los dueños del banquete.
Vivimos bajo unos condicionamientos mentales que desde niños se nos han ido imponiendo. Se nos ha enseñado una jerarquía de valores en cuya cúspide está el tener cosas, fama, prestigio... y hemos llegado a creer que arribar a esa meta es ser feliz.
En algunos pueblos orientales no era así, hasta que se les contagió la mentalidad occidental.
Recuerdo aquel santón, pobremente vestido, a la puerta de un templo. Su cara era el verdadero reflejo de la felicidad.
Estoy escuchando ya las objeciones de los que se creen muy progresistas y adelantados. Les oigo decir que esas personas o esos pueblos no han evolucionado y se han quedado sumidos en la miseria por esa actitud de falta de ambición y competencia. No es así. Pero aunque así fuera ¿no es acaso el fin del progreso técnico y material el dar al hombre más felicidad? Ellos la tienen sin ese endiosamiento del progreso.
Pero no se trata de contraponer felicidad a progreso. Se trata de ver y comprender que la felicidad no va a remolque del progreso técnico-material. Se trata de ver claro qué es fin y que es medio, relativamente útil, aunque no necesario y mucho menos imprescindible. Se trata de liberarse de la esclavitud de los condicionamientos absurdos y falsos para ver que eso es lo primero y que todo lo demás debe ir a remolque de lo que es primero, y no a la inversa. Se trata de ver que ahora en la condición actual nos sentimos felices o infelices dependiendo de unas ideas inestables cuando yo soy una realidad y las ideas no son ni siquiera esto. Son únicamente ideas, que lo mismo que son de felicidad pueden serlo de infelicidad.
Es lamentable que estemos constantemente dependiendo de las ideas que llegan u ocupan nuestra mente para ser felices o infelices. Nos dan una noticia buena y nos sentimos felices. Si la desmienten y nos dan la contraria, nos sentimos abatidos. Y así andamos de un lado a otro arrastrados por unas simples palabras o ideas cambiantes y volubles.
Es decir, que la felicidad está donde está, dentro de nosotros. Pero la puerta queda cerrada mientras existen los bloqueos mentales por los que se nos impide gozarla directamente. El día que nos liberemos de los condicionamientos mentales podremos contactar directamente con la realidad gozosa que somos.
Suele decirse frecuentemente como un extraordinario descubrimiento que como es nuestra mente, así es nuestra vida o también que somo lo que son nuestras ideas. Esto es lo que suele ocurrir. Pero no es de ningún modo lo que debería ser si fuéramos conscientes de lo que somos.
Casi todos los métodos mentales se dirigen a cambiar nuestro modo de pensar. Se pretende cambiar la mentalidad que llaman negativa en una mentalidad positiva. Y ciertamente se de un cambio en el modo de pensar y vivir. Es decir es un mejoramiento mental que acarrea un mejoramiento en el modo de sentirse. Pero aun suponiendo que esas ideas inestables duraran toda la vida, tenemos que convenir en que estamos viviendo sobre algo ideal, algo no real. Y por supuesto siempre expuestos a que esas ideas se las lleve cualquier leve viento y nos quedemos desmantelados en nuestro tinglado mental.
Mientras viva de ideas sobre mí mismo, en lugar de vivirme directamente lo que soy, estoy engañándome a mí mismo por bien intencionado, bello y agradable que sea el engaño.
Ninguna idea puede suplir ni remotamente a la realidad. Por eso ante este problema existen diversas posturas:
Unos no llegan a entender todo esto ni siquiera intelectualmente porque su mente está demasiado condicionada con otras ideas.
Otros lo entienden intelectualmente pero como una teoría simplemente.
Otros lo ven claro. Saben que esto es así y no puede ser de otra manera, pero la fuerza de la constumbre de vivir como todos y como siempre han vivido hace que se quede en puro conocimiento intelectual y teórico.
Otros no solamente lo ven y lo comprenden sino que lo van viviendo, aunque se vea de vez en cuando interrumpido por decaimientos o condicionamientos externos.
Y otros finalmente lo viven en toda su extensión y con todas las consecuencias. Son las personas realizadas. Son los auténticamente felices. Estas personas no son necesariamente personas cultas o insertas en ciertos movimientos espirituales. Son personas simples que han sabido abrirse a la sabiduría interior y ésta se ha hecho presente en ellas. Todos podemos ser una de esas personas. Solamente hace falta tener una aspiración sincera, profunda, verdadera, desinteresada, y libre de fines ruines y egoístas, para conocer la verdad de nosotros mismo, anteponiendo este deseo a cualquier otro por importante y sano que parezca.



Cuando llegamos a la verdad de nosotros mismos nos damos cuenta de que no necesitamos buscar nada afuera para ser felices porque ya lo somos todo.
Entonces nos damos cuanta de que todo lo que llamamos nuestro interior, como es nuestra mente consciente o inconsciente, no es sino un mecanismo más o menos útil, más o menos influyente pero no nuestro verdadero ser, no nuestra realidad central que es el Único Ser, la única Realidad, el mismo Dios como solemos llamarlo.
Así nos damos cuenta de que el problema de ser feliz o no, depende de saber dónde está la felicidad.
El estar más o menos satisfecho en la vida depende de tener más o menos cosas, quizá. Pero la felicidad no es eso.
Solamente cuando veamos claro que nadie ni nada nos va a dar lo que ya somos, podremos sentir la felicidad que somos.



Darío Lostado
(Hacia La Verdad De Ti Mismo)

miércoles, 28 de abril de 2010

¡ ALÉGRATE!


TIENES UN GRAN MOTIVO

Te encontré una tarde cualquiera. Estabas triste.
Te pregunté: ¿Por qué estas triste? ¿Por qué tus gestos, tus facciones, tus sentimientos, tus palabras son tristes?

¿Es que acaso crees, me contestaste, que puedo estar de otra manera? La vida es dura y difícil. La gente es egoísta, cruel, mala. Cada uno solamente va a lo suyo y piensa sólo en sí mismo. Uno se lleva cada día nuevas frustraciones. Estoy desilusionado.

Ya, fue mi única respuesta.
No quise afirmar ni negar nada de lo que decías porque a un corazón cerrado no se le puede razonar ni hacer ver nada claro.

Pasaron unas semanas. Te encontré de nuevo. Estabas alegre, eufórico.
¿Por qué estás tan alegre? te pregunté.
Y me contaste que en el trabajo te habían ascendido de puesto y te habían subido el sueldo.
Reconocí que tenías un pequeño motivo para estar contento. Pero tu cambio había sido demasiado radical por tan pequeña cosa.
Reprimiendo muy conscientemente el impulso automático reactivo de felicitarte, me callé.
No podía felicitar tu inconsciencia, ni tu injusticia con la Vida. Un simple reconocimiento externo de un jefe de trabajo y un aumento, más simbólico que efectivo en tu sueldo, hicieron en ti lo que la Vida con todos sus infinitos regalos de cada día no había logrado conseguir. ¡Qué pena!
¿Quién estaba fallando, la Vida o tú?
La Vida nos regala innumerables dones externos cada instante. Nos de la luz del día, los pocos o muchos bienes que tenemos en casa. Nos de el aire que respiramos, el sol que nos calienta, los amigos y familiares que nos acompañan, la energía del cuerpo y de la mente...

Tú que estás leyendo puedes pensar quizás, que nada de esto tienes o es insuficiente. Quizás no lo tengas en el grado que quisieras tenerlo. Pero lo más importante es que no sabes verlo y disfrutarlo.
Pero sea como sea, te diré algo importante. Por más que tengas todos los dones que La Vida nos da en abundancia, nada de ello por bueno y agradable que sea puede ser la causa de nuestra verdadera alegría.
La causa de tu verdadera alegría será algo que nunca te pueda fallar, que siempre puedas tener, que nadie te puede quitar, algo que está en ti y no depende de los demás.
La vida, la familia, la salud, los amigos, las comodidades... son buenas y agradables. Pero todo eso es transitorio e inestable.
Es necesario que la causa de nuestra verdadera alegría sea algo permanente, fijo, estable, seguro.
La verdadera causa de nuestra constante alegría sólo puede basarse en vivir conscientemente desde la realidad fecunda, desde la plenitud de gozo y amor que tú y todos somos. Podemos y debemos estar alegres por lo que somos. No por lo que tenemos.

¡Ah! me dijiste, eso no es posible.Eso nadie lo hace. Es muy difícil. Nadie lo consigue.

Te interrumpí y corté tus palabras. Eres injusto, te dije, con La Vida y ahora también eres injusto con la gente. No juzgues a los demás. Porque ciertamente hay personas que eso lo viven cada día. No extiendas tu inconsciencia y tu cobardía a los demás. Hay muchas personas que han decidido vivir por lo que ellos son y no por lo que tienen o por lo que les ocurre en la vida. Tienen conciencia clara de sí mismos y gozan de ser y vivir lo que son.
La verdadera alegría está siempre o casi siempre en proporción directa con la lucidez de conciencia.
Cuanto más amplia y lúcida es nuestra conciencia sobre nosotros mismos, más profunda, verdadera y duradera es nuestra alegría.
Vivimos casi siempre a impulsos de estímulos externos y bailamos al son que nos tocan. Si nos tocan una melodía agradable, con una alabanza, con un aprecio, un reconocimiento... nos sentimos felices. Pero basta que una simple palabra,, una simple noticia, un reproche, un desagradable comentario llegue a nuestros oídos para que caigamos de la euforia en una profunda tristeza.
Nuestro estado de ánimo es tan variable porque la causa y la base en la que se sustenta es inestable, cambiante y sin consistencia.
Nuestro ánimo está casi siempre a merced de lo de fuera. Nuestra alegría es tan inestable como los estímulos que la provocan.
¿Por qué esperar a que ciertas cosas nos vayan bien para estar alegres?
Hay algo que siempre está bien, está perfecto, completo.
Hay algo que siempre es y está como tiene que ser y estar.
Ese algo es nuestra verdadera realidad, lo que somos en lo más profundo de nosotros mismos. ¿Por qué no alegrarte por ello?

Me dirás como siempre que eso es difícil de conseguir, que son pocos los que viven así... etc...
Pero si tú no lo vives, es porque no te has propuesto hacerlo.
Basta que mires con atención una y otra vez y sentirás tu verdadera naturaleza consciente y amorosa que está palpitando dentro de ti, de mi, de cada uno.
Esto no sería cierto si la causa de nuestra alegría estuviera fuera de nosotros. Pero no es así. Está dentro. No fuera.
Ver, sentir y vivir desde ti mismo, sólo depende de ti.
Tú puedes sentir y vivir esa inmensa y gozosa realidad. Vívela. Siéntela. Entra dentro de ti mismo. Es más útil y provechoso que vivir derramado hacia fuera, hacia las cosas.
En ti está la única alegría verdadera y permanente.
No puede ser de otra manera porque es la misma naturaleza de Dios.

¿Por qué estás triste?
La felicidad que necesitas y buscas ya está en ti. ¿Para qué buscarla en otra parte?

Alégrate, hombre, alégrate. Tienes un gran motivo para éllo.


Darío Lostado
(Vivir Como Persona)


viernes, 26 de marzo de 2010

ESTA ENTREVISTA FUE REALIZADA POR GASPAR HERNÁNDEZ EL 22 DE JULIO DE 2009.

ENTREVISTA EN EL PERIÓDICO DE CATALUÑA.

Darío Lostado: «Si mañana llega la muerte, la recibiré con alegría»

Este teólogo y psicólogo afirma que no somos nuestro cuerpo ni nuestros pensamientos, sino energía, inteligencia y amor.

Darío Lostado. Foto: ANNA MAS
Darío Lostado. Foto: ANNA MAS
GASPAR HERNÀNDEZ

--¿Qué somos?
--Inteligencia y amor puros. Yo he logrado pasar del yo personal al yo profundo, al ser que somos en esencia.

--¿Cómo ha llegado a él?
--Con el silencio. Meditando. Silenciando la mente. Al silenciar la mente, te quedas frente a ti mismo. Frente a ese ser que no tiene forma, ni espacio ni tiempo. Es el único ser real.

--¿Y la realidad que nos rodea?
--¡No existe físicamente ni según los físicos! Con nosotros pasa lo mismo: lo real de nosotros es lo que no se ve.

-¿Y el ser que creemos que somos?
--Tan solo es una idea que tenemos. Y las ideas se evaporan. La única realidad tuya no tiene nada que ver con lo material. Es algo extratemporal, extraespacial y extramaterial.

--Por tanto, no teme a la muerte.
--No la temo. No quiero morir, pero si mañana llega la muerte, la recibiré con alegría. De verdad. En contra de lo que sentía cuando tenía fe religiosa. El infierno me atemorizaba.

--Que ahora no existe.
--No hay nada fuera del ser absoluto. Y el ser absoluto es gozo.

--¿Es usted feliz?
--Totalmente, excepto en cuanto pierdo la conciencia de mí, de lo que realmente soy. Somos tontos o estúpidos al perder la conciencia.

--¿Cuándo cambió su vida?
--A los 48 años. Conocí a Antoni Blay Fontcuberta, mi maestro y amigo. Me dio la vuelta. Me dijo: «¿No te das cuenta de que tú enseñas a dominar la mente, pero lo que importa es dominar al dueño de la mente?»

--¿Y qué hizo?
--Le di vueltas, dejé de ganar mucho dinero, porque tenía muchos alumnos. Me dije: ‘Date los cursos a ti’.

--¿Qué es la alegría de ser uno?
--El gozo de sentir que tú eres mucho más de ese ser que crees ser. Yo no soy lo que creo ser, sino mucho más.

--Pero vivimos con tristeza y preocupación.
--Por ignorancia. Se trata de pasar del yo mental al yo profundo.

-¿Qué es el verdadero yo profundo?
--No se puede expresar en palabras. Solo lo podemos sentir. Sentir ese yo es lo que te da la felicidad. Solo puedo expresar lo que no soy: no soy ni mi cuerpo, ni mis pensamientos, ni mis emociones.

--¿Qué soy?
--Lo que queda. Lo que hace que tú vivas. Se llega ahí por libros que has leído y, sobre todo, meditando.

--Dice usted: «Sé tú mismo. No seas un conjunto de espejos que reflejan lo que los demás quieren de ti».
--Nos movemos demasiado por el juicio de los demás. Estamos hipnotizados por el condicionamiento social. No pensamos por nosotros mismos, sino por lo que la sociedad nos ha metido en la cabeza.

--¿Y usted?
--A mí me trataron de hereje, de apóstata, y de todo. Porque me di cuenta de que casi todo lo que me habían enseñado sobre Dios era falso. Porque Dios es el innombrable, de él no se puede decir nada; está fuera de nuestros parámetros, más allá del espacio y del tiempo. A Dios solo lo podemos sentir.

--¿Y cómo reaccionaba usted ante las críticas?
--No rebajándome al nivel del que las hacía. Las críticas solo son pensamientos de los demás. Yo no puedo estar pendiente de un pensamiento que tenga otro. Ni me defiendo.

--¿Somos libres?
--Tenemos libre albedrío, pero no somos libres.

--¿Por qué?
--Por los condicionamientos físicos, morales y religiosos. Y por nuestros hábitos y miedos. ¿De quién son los miedos? Del ego. Yo tenía miedo cuando vivía desde mi ego.

--¿Y el miedo a no tener dinero?
--Si no tengo el dinero, yo sé que me vendrá. Porque tengo fe verdadera en que hay unas fuerzas del universo que me darán lo que yo necesite. Llamémosle fe en la providencia.

--¿Le ha funcionado en la vida?
--Totalmente. Si le contara, quedaría usted patidifuso. Cuando yo me di cuenta de que cuando la gente ama al dinero se apega a él, y eso supone una esclavitud tremenda, me dije: ‘Se acabó. No quiero ganar más dinero’. Y pedí a la vida, al ser infinito: ‘No quiero tener más dinero, pero quiero que no me falte lo necesario para vivir dignamente’. Se me fueron todos mis ahorros, y me vino todo lo necesario para vivir. Y eso que mis conferencias son gratuitas.

--La ley de la atracción.
--No está mal. Es demasiado americana, pero tiene un fondo de verdad.

--¿Pide y se te dará?
--Ese fue un consejo que dio el maestro hace 2.000 años para los poco desarrollados. Dijo: «¿Por qué os preocupáis, si vuestro padre os dará lo que necesitáis? Confiad».