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martes, 23 de julio de 2013

NO HUYAS NI TE QUEJES


Sariputra era un discípula de Buda. Estaba junto a un lago haciendo sazen, o sea, meditando. Los peces del lago saltaban y al verlo no podía concentrarse para meditar. Entonces se retiró un poco y se puso debajo de unos árboles. Allí el canto de los pájaros le impedían también meditar. Por fín cansado y enojado con los peces y pájaros pescó los peces y cazó los pájaros y los comió. Pero se indigestó con la comida y enfermó. Entonces tampoco podía meditar.


La agitación y la distracción están más dentro que fuera. Es la mente la que salta con sus pensamientos y deseos más que los peces. Siempre encontramos excusas para dejar de hacer lo que tenemos que hacer.

Huimos, huimos de todo lo que nos molesta y desagrada de fuera. Pero jamás podremos huir de lo más molesto, de los deseos caprichosos que anidan dentro.


Darío Lostado
(Vivir Como Persona)

viernes, 29 de marzo de 2013

SILENCIO Y AMOR


La escena puede resultar familiar para casi todos.

Un atardecer.

Enfrente, el mar infinito, espejo quieto del cielo azul.

Una pareja sentada frente a él. Sólo presencia de silencio y unidad. No hay emoción neurótica. No hay pasión. No hay compulsión.

Está reinando entre ellos el sentimiento vivo de reciproca identidad del corazón y del espíritu.

¿Nació el amor del silencio o brotó el silencio del amor?

Poco importa. Lo único que importa es que amor y silencio son compañeros inseparables de un sentimiento de unidad, paz y serenidad y por el contrario la pasión, el parloteo, las interjecciones y los gritos neuróticos y compulsivos van emparejados con el desequilibrio, la desarmonía y la histeria.

Es prácticamente imposible que exista amor verdadero duradero y profundo donde no hay un gran espacio para el silencio interior.

El mundo moderno tiende qa aturdirse con ruidos, músicas estridentes, conversaciones, alborotos, saltos, histerias...

Se dirá que todo eso es propio de la juventud. Pero eso no es cierto. Eso quizás es propio de una juventud neurótica.

Pero hay otra juventud. La que ama la música y el baile, el juego y la aventura y hasta el riesgo. Pero sin neurosis ni histerias extravagantes.

No se puede ni debe pretender que la juventud tenga la cordura, sosiego, serenidad y prudencia de la edad madura. Pero eso tampoco puede justificar la locura irritante de ruidos, modas y costumbres.

Una persona me decía que en cuanto despierta, necesita el ruido de la radio. Se acostaba con la TV prendida. Y cuando llegaba a casa de la calle tenía que poner la radio, para no caer en un estado depresivo.


No resulta difícil adivinar que aquella persona sufría de neurosis y miedos constantes. Vivía llena de temores siempre con la espada de Damocles real o imaginaria sobre su cabeza.

El círculo vicioso se repetía sin cesar: Ruidos - aturdimiento - neurosis - ruidos y conversaciones - temores - neurosis - ruidos...

Tales personas suelen decir que desean la paz. Pero no ponen los medios para lograrla.

Quien vive por lo que recibe de fuera, tiene su vida hipotecada.

Únicamente tiene un pensar, sentir y vivir auténticamente propios quien vive cada instante en el silencio amoroso del centro de sí mismo.

Quien siente, piensa y ama a merced de los estímulos de fuera no es de fiar. En cualquier momento los estímulos cambiarán y con ellos también las promesas de aquel «amor eterno» (¿?).

La triste historia de muchos matrimonios es ésta. Basta con echar una mirada a nuestro derredor. Los que supuestamente se quisieron tanto, se separan, se divorcian o viven un amorfo y aburrido soportarse, Dios sabe por qué diversas razones y motivos.

Cuando el amor se instaló en la profundidad del silencio del corazón y del alma, permanece siempre íntegro, a pesar de las nubes y tormentas que aparezcan en el horizonte de la vida.

Quien desea un amor con garantías de verdad y permanencia, tendrá que darle un espacio y un tiempo al silencio interior del corazón y la mente.

Cuando haya silencio en el corazón y la mente, cuando se aquieten los deseos y se acalle la chicharrería y parlanchinaría de la mente, con toda seguridad aparecerá lo único que eres en el interior de ti mismo: el Amor. Te sentirás uno con la Vida y uno con todo lo viviente. Y amarás.

Quien pretende amar sin sentirse él mismo amor en el fondo de sí mismo, es muy difícil, si no imposible, que ame con profundidad.

Quien, por el contrario, sienta el amor que es en el fondo, no necesitará proponerse amar ni que le impongan la obligación o necesidad de hacerlo.


Darío Lostado
(Somos Amor)


viernes, 26 de marzo de 2010

ESTA ENTREVISTA FUE REALIZADA POR GASPAR HERNÁNDEZ EL 22 DE JULIO DE 2009.

ENTREVISTA EN EL PERIÓDICO DE CATALUÑA.

Darío Lostado: «Si mañana llega la muerte, la recibiré con alegría»

Este teólogo y psicólogo afirma que no somos nuestro cuerpo ni nuestros pensamientos, sino energía, inteligencia y amor.

Darío Lostado. Foto: ANNA MAS
Darío Lostado. Foto: ANNA MAS
GASPAR HERNÀNDEZ

--¿Qué somos?
--Inteligencia y amor puros. Yo he logrado pasar del yo personal al yo profundo, al ser que somos en esencia.

--¿Cómo ha llegado a él?
--Con el silencio. Meditando. Silenciando la mente. Al silenciar la mente, te quedas frente a ti mismo. Frente a ese ser que no tiene forma, ni espacio ni tiempo. Es el único ser real.

--¿Y la realidad que nos rodea?
--¡No existe físicamente ni según los físicos! Con nosotros pasa lo mismo: lo real de nosotros es lo que no se ve.

-¿Y el ser que creemos que somos?
--Tan solo es una idea que tenemos. Y las ideas se evaporan. La única realidad tuya no tiene nada que ver con lo material. Es algo extratemporal, extraespacial y extramaterial.

--Por tanto, no teme a la muerte.
--No la temo. No quiero morir, pero si mañana llega la muerte, la recibiré con alegría. De verdad. En contra de lo que sentía cuando tenía fe religiosa. El infierno me atemorizaba.

--Que ahora no existe.
--No hay nada fuera del ser absoluto. Y el ser absoluto es gozo.

--¿Es usted feliz?
--Totalmente, excepto en cuanto pierdo la conciencia de mí, de lo que realmente soy. Somos tontos o estúpidos al perder la conciencia.

--¿Cuándo cambió su vida?
--A los 48 años. Conocí a Antoni Blay Fontcuberta, mi maestro y amigo. Me dio la vuelta. Me dijo: «¿No te das cuenta de que tú enseñas a dominar la mente, pero lo que importa es dominar al dueño de la mente?»

--¿Y qué hizo?
--Le di vueltas, dejé de ganar mucho dinero, porque tenía muchos alumnos. Me dije: ‘Date los cursos a ti’.

--¿Qué es la alegría de ser uno?
--El gozo de sentir que tú eres mucho más de ese ser que crees ser. Yo no soy lo que creo ser, sino mucho más.

--Pero vivimos con tristeza y preocupación.
--Por ignorancia. Se trata de pasar del yo mental al yo profundo.

-¿Qué es el verdadero yo profundo?
--No se puede expresar en palabras. Solo lo podemos sentir. Sentir ese yo es lo que te da la felicidad. Solo puedo expresar lo que no soy: no soy ni mi cuerpo, ni mis pensamientos, ni mis emociones.

--¿Qué soy?
--Lo que queda. Lo que hace que tú vivas. Se llega ahí por libros que has leído y, sobre todo, meditando.

--Dice usted: «Sé tú mismo. No seas un conjunto de espejos que reflejan lo que los demás quieren de ti».
--Nos movemos demasiado por el juicio de los demás. Estamos hipnotizados por el condicionamiento social. No pensamos por nosotros mismos, sino por lo que la sociedad nos ha metido en la cabeza.

--¿Y usted?
--A mí me trataron de hereje, de apóstata, y de todo. Porque me di cuenta de que casi todo lo que me habían enseñado sobre Dios era falso. Porque Dios es el innombrable, de él no se puede decir nada; está fuera de nuestros parámetros, más allá del espacio y del tiempo. A Dios solo lo podemos sentir.

--¿Y cómo reaccionaba usted ante las críticas?
--No rebajándome al nivel del que las hacía. Las críticas solo son pensamientos de los demás. Yo no puedo estar pendiente de un pensamiento que tenga otro. Ni me defiendo.

--¿Somos libres?
--Tenemos libre albedrío, pero no somos libres.

--¿Por qué?
--Por los condicionamientos físicos, morales y religiosos. Y por nuestros hábitos y miedos. ¿De quién son los miedos? Del ego. Yo tenía miedo cuando vivía desde mi ego.

--¿Y el miedo a no tener dinero?
--Si no tengo el dinero, yo sé que me vendrá. Porque tengo fe verdadera en que hay unas fuerzas del universo que me darán lo que yo necesite. Llamémosle fe en la providencia.

--¿Le ha funcionado en la vida?
--Totalmente. Si le contara, quedaría usted patidifuso. Cuando yo me di cuenta de que cuando la gente ama al dinero se apega a él, y eso supone una esclavitud tremenda, me dije: ‘Se acabó. No quiero ganar más dinero’. Y pedí a la vida, al ser infinito: ‘No quiero tener más dinero, pero quiero que no me falte lo necesario para vivir dignamente’. Se me fueron todos mis ahorros, y me vino todo lo necesario para vivir. Y eso que mis conferencias son gratuitas.

--La ley de la atracción.
--No está mal. Es demasiado americana, pero tiene un fondo de verdad.

--¿Pide y se te dará?
--Ese fue un consejo que dio el maestro hace 2.000 años para los poco desarrollados. Dijo: «¿Por qué os preocupáis, si vuestro padre os dará lo que necesitáis? Confiad».